Memorias de un periodismo innovador
El mensaje del rector de la UNAM puso énfasis en la tradición democrática de Excélsior. A continuación, su discurso íntegro:
por Enrique Graue Wiechers*
Yo fui un lector temprano. De hecho no recuerdo cuando comencé.
Pero es posible que haya sido con el Excélsior porque tengo presente aquel grueso periódico en el antecomedor de mi casa y me recuerdo extrayendo el suplemento de los monitos que iba inserto los fines de semana.
Recuerdo a Mandrake, a Pancho y Ramona, a Dick Tracy a Mutt y Jeff y al Príncipe Valiente. Yo crecí con el Excélsior en mi casa y en él me fui gradualmente envolviendo.
De la página de monitos, pasé a las caricaturas de Abel Quezada y disfrutaba a don Gastón billetes, que tenía la incómoda e insana costumbre de lucir un anillo de brillantes en su siempre orgullosa nariz.
Esos cartones de Quezada estaban inmersos en las páginas editoriales del Excélsior: Pasar de ellos a la opinión escrita, fue sólo un brinco visual.
En esas páginas editoriales comencé a fraguar mi opinión y mi conciencia social.
Con toda seguridad, a lo largo de 100 años, a millones de mexicanos les ha ocurrido algo similar. Sí, Excélsior, con libertad, veracidad y responsabilidad es un periódico que ha formado opinión.
La exposición que estamos por recorrer cuenta las memorias de un periódico que, a lo largo de un siglo, se caracterizó por experimentar, por cambiar las formas y los modos del periodismo nacional y abrir los nuevos derroteros de la comunicación escrita.
El 18 de marzo de 1917, en la cabeza de la primera plana de su primer tiraje se leía: “Vientos republicanos soplan sobre el imperio Moscovita”. Con ello se anunciaba la abdicación del zar Nicolás II y se abría una época de cambios que sacudirían el mundo en las siguientes décadas.
Años después, bajo la coordinación de Rafael Alducin, Excélsior se convirtió en El Periódico de la Vida Nacional y recogió los textos de los intelectuales más prestigiados de la época; con ellos llegaron más lectores y mejor financiamiento. Innovó estrategias publicitarias, e incluso se dio el lujo de inventarnos, en 1922, la celebración del Día de las Madres en México.
Con Rodrigo del Llano aparecieron, en 1936, las Últimas noticias de Excélsior, lo que representó un nuevo esfuerzo editorial que revolucionó el modo en el que nos informamos, acercándonos, cada vez más, a la inmediatez de la información que caracteriza al periodismo de nuestras épocas.
Porque sí, el periodismo se podría definir como la historia de lo inmediato y gracias a la inmediatez de un cúmulo de relatos, interpretamos nuestro entorno y labramos nuestra historia como nación.
Excélsior también, a través de sus suplementos culturales tales como: Revista de Revistas, El Búho, y por supuesto, la revista Plural, dirigida por Octavio Paz, colaboró eficazmente en consolidar nuestra identidad cultural.
Ahí está la prosa de Carlos Fuentes, de Juan García Ponce, de Salvador Elizondo, Ramón Xirau y Gabriel Zaid, sólo por nombrar algunos de ellos.
Las columnas de Jorge Ibargüengoitia y Carlos Monsiváis encontraron el espacio para desarrollar la crónica mexicana como género literario, e hicieron sonreír a una generación al encontrar, en la descripción crítica de perfiles y retratos, las idiosincrasias de nuestra nación.
A ellos hay que sumar a los distintos caricaturistas que con su incisiva crítica iconográfica fueron construyendo la nueva conciencia social. Abel Quezada o Vicente Villa y Fernando Mota, son sólo algunos de estos nombres.
Baste recordar, en la mañana del 3 de octubre de 1968, aquel cartón de Abel Quezada pintado en negro y titulado “¿Por qué?” con el cual la dirección del diario le daba un pésame a la nación y a nuestra entonces naciente democracia.
La historia del periodismo mexicano, que bien ejemplifica Excélsior, es la historia de los esfuerzos por hacer a una nación informada, libre, y democrática.
Y no es, por supuesto, una historia carente de dificultades y de permanentes retos.
En una época en la que el periodismo se ve amenazado por la banalidad de la posverdad, es pertinente aprovechar la ocasión para reafirmar la importancia de la libertad de prensa comprometida con aquella verdad-verdadera, la que requiere valor, seriedad y compromiso.
Porque cuando los vientos del populismo soplan sobre las democracias, con verdades maniqueas, y los autócratas se erigen como defensores de las necesidades de una nación, culpando a propios y extraños de sus carencias, el periodismo serio nos debe ayudar a reflexionar.
A recapacitar que las decisiones no se lleven a cabo en plazas o asambleas y a fortalecer y apuntalar nuestras instituciones, el Estado de derecho y la división de poderes.
Porque el populismo no está reconociendo latitudes, es cierto para los países europeos, latinoamericanos, —el caso reciente de Venezuela—, o con las actitudes irascibles y plutócratas del presidente de los Estados Unidos.
Y decir la verdad e informar de ella no es una tarea sencilla ni exenta de riesgos. México es uno de los cinco países que en el 2016 la Federación Internacional de Periodistas consideró de riesgo para el ejercicio del periodismo. Por encima de México, sólo Irak y Afganistán registraron mayor índice en homicidios.
Y este inicio de 2017 ha experimentado uno de los inicios más violentos: hubo tres periodistas asesinados en menos de un mes.
Sirva este momento y este foro para solidarizarnos con el gremio periodístico y exigir el alto a la impunidad y el castigo ejemplar para los responsables.
La actividad periodística no sólo es una profesión de riesgo, es también, la actividad editorial, una aventura incierta. En un país que lee poco, los distintos diarios compiten por un público que no crece significativamente y periódicamente se ven sujetos a grandes presiones económicas para subsistir.
Este momento es también muy oportuno para reconocer, en Excélsior, a todo el periodismo, serio, y comprometido con la libertad de expresión y con el derecho a la información.
Le agradezco al maestro Dalmacio Rodríguez, coordinador de la Hemeroteca Nacional, y al doctor Pablo Mora Pérez-Tejada, director del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, por hacer posible esta exposición y los coloquios alrededor de estos magníficos 100 años de existencia.
Quisiera felicitar muy afectuosamente a don Olegario Vázquez Raña y Pascal Beltrán del Río, de quienes depende la conducción actual del periódico Excélsior.
Bajo su dirección, continúa en la búsqueda cotidiana de la verdad, con independencia, con fidelidad indeclinable a la libertad de expresión, con oportunidad y pertinencia de información, y con un compromiso por hacer de México una mejor nación. Que sean otros cien años de éxitos y de verdad escrita. Continúen, por favor, haciendo historia.
*Rector de la UNAM
