IAWJ

Somos capaces de adaptarnos a esta nueva realidad, pero para lograrlo, tenemos que recobrar el sentido de pertenencia, volver a confiar en las instituciones

Redacto estas líneas sintiéndome absolutamente honrada —y de la misma manera responsable— de haber sido designada delegada para América Latina de la Asociación Internacional de Mujeres Juezas (International Association of Women Judges, IAWJ). Creo en el proyecto de la IAWJ, he sido testigo de sus resultados. Ejemplo reciente de ello es el reconocimiento del 10 de marzo como Día Internacional de las Juzgadoras. ¿Simbólico? Sí. Necesario, también. Desgraciadamente, todavía requerimos de este tipo de reconocimientos para fortalecer la legitimidad de las juzgadoras del mundo.

Desde 1991, la IAWJ ha construido una amplia red de juzgadoras de más de 90 países con el objetivo fundamental de apoyar a las mujeres juezas en su compleja labor, no sólo de juzgar con perspectiva de género, sino también de construir una cultura de igualdad y no discriminación a través de sus sentencias. La IAWJ parte de que los poderes judiciales —con integraciones paritarias de género— tienen el poder de construir sociedades más justas y equitativas. Lo suscribo absolutamente, pero lo relevante lo afirma Naciones Unidas (A/RES/66/130).

No hay discusión, necesitamos más mujeres en los poderes judiciales —federales claro, pero también en los locales— la aproximación a la justicia de las mujeres, derivada de nuestra experiencia diversa a la de los varones, es un factor importante para impartir la justicia que exige nuestra sociedad democrática, pero indispensable para desterrar la discriminación contra las mujeres y atender la violencia de género.

Sabemos que los efectos de la pandemia en el ejercicio de los derechos de las mujeres son devastadores. En América Latina se habla de la década perdida, Naciones Unidas anuncia una reducción de un tercio del progreso hacia el fin de la violencia de género en 2030. Frente a este escenario, la actuación de la sociedad civil cobra particular relevancia, sin embargo, este sector no está exento de la crisis. Según el colectivo Causas Ciudadanas, en México, 7 de cada 10 asociaciones se vieron afectadgacias en sus donativos y aportaciones ante la pandemia.

Frente a este preocupante escenario, no me cabe duda de que el trabajo de la IAWJ adquiere un valor excepcional. Las juzgadoras del mundo tenemos que colaborar más. Es cierto que cada país vivió una pandemia distinta, sin embargo, la reconstrucción parte de problemas comunes que requieren soluciones compartidas. La propuesta de trabajo que hice a mis colegas parte de la justicia de la reconstrucción, como aquella que surge de esta emergencia y que atiende, de manera prioritaria, el aumento de las desigualdades, recuperando, como mínimo, lo que ya habíamos logrado.

La justicia de la reconstrucción se basa en la resiliencia y en la cohesión social. Somos capaces de adaptarnos a esta nueva realidad, pero, para lograrlo, tenemos que recobrar el sentido de pertenencia, volver a confiar en las instituciones. Las mujeres somos las principales proveedoras de cohesión social, sin embargo, seguimos sin poder ejercer nuestros derechos en condiciones de igualdad, peor aún, hemos retrocedido. Concentrémonos en recuperar la autonomía física, económica y política de las mujeres y, a partir de ahí, mejorar la cohesión social, pieza clave de la transición que vivimos.

*Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

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