De rosas a violetas

Hoy, feministas de todo el mundo nos enlazamos para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Recuerdo el famoso lema coreado en la huelga textil de 1912 buscando el reconocimiento del voto. “Queremos pan y también rosas” o “Pan y rosas”. Margaret Robins, ...

Hoy, feministas de todo el mundo nos enlazamos para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Recuerdo el famoso lema coreado en la huelga textil de 1912 buscando el reconocimiento del voto. “Queremos pan y también rosas" o “Pan y rosas". Margaret Robins, presidenta de la Liga de Sindicatos de Mujeres, lo decía desde entonces: “Se lucha por las rosas de la vida"; entendiéndolo como la lucha por los derechos humanos que cualquier mujer añora disfrutar.

Resulta curioso que este lema reivindicativo utilizara precisamente el “rosa”, que muchas personas lo asimilan al arquetipo de los estereotipos de género que buscamos deconstruir. Curioso también que innumerables políticas públicas, no del siglo pasado, sino del actual, sigan anunciando campañas que buscan garantizar los derechos de las mujeres acompañadas del tenue color rosado. Esto, aunado a las experiencias recientes de una gran mujer y amiga mía, me trae a la siguiente reflexión.

Les propongo dirigir sigilosamente nuestra mirada, no a la evidente violencia física que se comete contra las mujeres a diario —feminicidio, violencia obstétrica, entre otras—, sino a otras formas más sutiles de vulneración de nuestros derechos. Hoy pongo el dedo sobre una llaga que transgrede nuestro derecho a la salud. Me refiero a las mujeres que han sufrido debido a la principal causa de mortalidad en el mundo: el cáncer de mama.

Siendo fieles a las estadísticas, supongo que todas tenemos casos cercanos. Paraliza el diagnóstico y resquebrajan sus tratamientos. He vivido sus luchas como propias. Tenemos una agenda pendiente.

La detección precoz del cáncer de mama está respaldada por el telón de fondo de una campaña, claro, en rosa. El famoso mes rosa. Octubre rosa. Sin duda, un esfuerzo loable que busca concientizar sobre la prevención a través de la auscultación, de estudios preventivos que debemos practicarnos con periodicidad. Sin embargo, cuestiono “la falta de entonación” y la eficacia de “anunciar sin garantizar”. ¿De qué sirve tararear una tonada sin la letra de la canción? ¿Qué número de mujeres pueden realmente acceder a estos estudios de forma eficaz, gratuita y oportuna? El sector público de salud, ¿realmente garantiza esta prevención y diagnóstico oportuno a todas las mujeres?

Miremos al sector privilegiado del ámbito privado. ¿Las aseguradoras cubren los estudios anuales preventivos del cáncer de mama? ¿O al considerarse “preventivos” dejan de cubrir las mastografías y ultrasonidos? ¿Cómo se concreta integralmente una política pública a la que se destina una gran inversión —en el mes rosa, tan bonito el rosa— si no vincula a las empresas privadas involucradas en garantizar el derecho a la salud de las mujeres?

Avancemos más, sin salir del ámbito privado, y detengámonos en el caso de una mujer con diagnóstico de cáncer de mama en uno de los senos con el riesgo de presentar mutaciones genéticas. El médico tratante prescribe una mastectomía bilateral. Ante la posibilidad de que el cáncer se expanda, la mujer “privilegiada” toma la difícil decisión de operarse también el otro seno, atendiendo a la recomendación del médico especialista. La respuesta del seguro es increíble: “No lo cubre, porque se considera una operación estética”. ¿Qué sistema podría considerar que cuando los senos de las mujeres enferman, se enferma sólo uno y que, si requiere atenderse la totalidad de sus glándulas mamarias, lo hace por estética y no por salud? La respuesta es evidente.

Y ello también resulta curioso, porque la masculinidad hegemónica que gusta de compartir fotografías de mujeres desnudas en diversos formatos, lo hace de cuerpo completo (incluyendo ambos senos), sin embargo, cuando enfermamos de cáncer de mama, se restringe al seno enfermo su atención. Recordando a Rita Segato, ¿hasta cuándo el cuerpo femenino seguirá bajo la dominación del sistema patriarcal?

El orden social de género que no vemos, pero continúa violando cotidianamente nuestros derechos, nos recuerda, especialmente en un día como hoy, que debemos seguir luchando. ¡Urge avanzar hacia la igualdad sustantiva que traspase los tenues rosas! ¡Urge transversalizar el violeta, símbolo del movimiento feminista, que conmine a todos los sectores involucrados para alcanzar la protección eficaz de los derechos de las mujeres! ¡No pararemos hasta transformarnos de rosas a violetas!

           *Ministra de la SCJN

Temas: