Por fin vacaciones...

Escribir es un proceso interesante, no bastan cien anécdotas para hacer una novela, se requiere una estructura, una historia que la vertebre

Ya había olvidado lo de medir los años por ciclos académicos; así lo hice en toda mi infancia. Últimamente, como hasta no hace mucho los coreanos, para mí los años empezaban en enero y mis planes, sueños y compromisos partían de ahí o, a lo mucho, en el día de mi cumpleaños. Pues no; a la vejez, viruelas. Ahora el año empieza en octubre y termina en julio, así es mi maestría y así la estoy viviendo. Se acabó el primer año, no voy a presumirles la nota, bueno, un poquito, porque diré que jamás en mi historial de estudiante me fue tan divinamente. La sarna con gusto no pica, diría mi mamá. Estudio como un desgraciado y cumplo con mis trabajos con una disciplina espartana. Resultado, muy buena calificación. Ahí queda, aunque sólo sirva para presumirme a mí mismo.

Estoy en este máster rodeado de gente muy valiosa, tanto, que la competencia es sana, divertida, pero especialmente exigente. Apunten estos nombres, algún día muy cercano Paula Lozano, Matías Wasmuht, Jaime Fuster, Carmen Zuloaga o Ricardo Barrera serán archiconocidos y seguramente dueños de premios de literatura en todo el mundo, no me ciega el cariño, escriben precioso. Son los cinco más jóvenes que yo y es un privilegio leerlos y una suerte compartirles mis textos y disfrutar de sus correcciones y opiniones. Un lujo. Soy un suertudo y un convenenciero, de mis veintiocho compañeros en el máster, mis mejores amigos son estos cinco y son, a su vez, los mejor puntuados. Se acaban las clases hasta octubre y este new nerd, el nuevo niño aplicado y barbero de los profes, no sólo extrañará las lecciones, las tareas, los trabajos en equipo, especialmente añoraré a mis amigos. Tanto, que en el verano iré a visitar a más de uno.

Escribir es un proceso interesante, no bastan cien anécdotas para hacer una novela, se requiere una estructura, una historia que la vertebre, no basta un buen narrador, se precisa ritmo, emoción, capacidad de sembrar tensión dramática, crear complicidad con el lector, sostener la verosimilitud. Hacer un giro argumental en el momento preciso para incrementar el interés, enganchar al lector, hacerlo cautivo de tu prosa, en fin, ir sembrando nuevas preguntas mientras vas respondiendo otras, es un juego de inteligencias con tu lector y empieza siempre contigo mismo, con tu propio disfrute y, también, con tu sufrimiento. Ya desde la antigüedad se sabía y se aplicaba el conocimiento y la técnica en la narrativa. Por más siglos que hayan pasado, lo cierto es que la mayoría de los relatos que cautivan y enamoran, aún hoy en día, están creados con la base de la estructura aristotélica, simple y fácil de comprender, que no de ejecutar, “planteamiento, nudo y desenlace”. Escribir genera una emoción y te permite separarte, a ratos, de ti mismo para vaciar tus sensaciones y sentimientos en tus personajes, pero es mucho menos romántico de lo que uno imagina desde afuera, se requiere disciplina, horas, más horas, dedicación y esfuerzo, mucha lucha interna y una honestidad brutal, ya que la ficción no es más que una mentira totalmente verdadera. Nuestro coordinador de estudios afirma que el enfoque es importante y que el primer crítico de un escritor es él mismo. Si escribes de horror, debes pasar miedo; si tu novela es una narración erótica, tiene que excitarte; si es un drama, tiene que golpear tus emociones y hacerte sufrir, y si es un trabajo de humor, tú debes ser el primero en reírte, por eso este género es de los más complicados.

Mientras ustedes leen estas líneas, yo estaré volando con rumbo a mi descanso estival y llevo tres o cuatro premisas básicas, escribir un poquito cada día, leer sólo por placer, comer y beber como dios, dormir, pasear y tomar sol, todo esto bajo la supervisión de un adulto, por eso me acompaña la Unagi divina, que, sin perder sensaciones de aventura, le pone a nuestro viaje ese puntito de cordura que también se agradece. Feliz domingo y, si se van, que deberían, felices vacaciones.

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