Los placeres de la vida

Nunca el mundo estuvo mejor, nunca tuvimos la esperanza de vida que promedia hoy la humanidad y nunca hubo menos pobreza que hoy.

¿VIENE NOA!

Este martes 20-02 fecha ¡capicúa! Será un día especial para los míos. ¡Vamos! que aparecerá en escena mi esperada nieta, Noa. Una nueva mexicana que viene a nacer en medio de este desmadre. Llega más que arropada, acompañada y deseada; una troupe de fanáticos la estamos esperando para llenarla de mimos. Ahí radica la esperanza, en estas nuevas sangres que llegan a aportar valor al mundo. Mi nuera, la dulce Violeta, ha modelado y moldeado en su vientre a esta bendición de la vida. Una vez más, en casa renace la emoción del milagro, a partir del martes seremos uno más; eso enchina los cueros y alegra los corazones. Recibir a un nuevo miembro de la familia es lo más cercano que uno puede estar del concepto de dios. Mike, que será un padrazo, rezuma felicidad y no esconde un poquito de acojone. Es normal. El primer hijo resulta una suerte de experimento vital, en él depositamos nuestras inexperiencias, nuestras dudas y nuestros miedos, ese coctel se hace magia porque va barnizado del amor más absoluto y, ese que descubrimos como el más desinteresado. Amenazo a mi hijo cuando le digo: “el martes que la tengas en tus brazos vas a entender, por fin, lo que yo te amo”. Bajo mi perspectiva, se quiere muchísimo más hacia abajo, es decir, los padres queremos más a nuestros hijos y les damos mucho más de lo que recibimos, y no nos afecta, no duele, precisamente porque no aspiramos a recibir nada.

No es buen momento para nacer, me dijo un compadre muy pesimista. Pues no debo considerarlo un pesimista, más me parece ya un tonto. Nunca el mundo estuvo mejor, nunca tuvimos la esperanza de vida que promedia hoy la humanidad, nunca hubo menos pobreza que hoy y nunca se alcanzaron los niveles de bienestar que hoy se dan en mucho más de la mitad de la población mundial. La velocidad con la que la tecnología mejora nuestro nivel y estilo de vida nos obliga a estar muy atentos, alertas, en definitiva, a estar vivos. El arte, la belleza, el amor, la medicina, la cuasi desaparición del dolor físico, todas son ventajas. Que sí, que tenemos políticos impresentables, sí, vale; que amenazan el mundo una panda de populistas con un raro afán de destrucción, vale; que lo hacen únicamente por su necedad de aferrarse a poder, venga te la compro. Que por ahí andan Putin, Maduro, Trump, que nuestro tlatoani compite en estulticia, que Milei da miedo, que Sánchez no quema bien, que Bukele espanta, que sí, son muchos los locos con poder, pero, aun así, son menos que nunca.

Una niña como la nuestra llega rodeada de beneficios, tendrá acceso a una salud de lujo desde el primer día, a esta sí, como la de Dinamarca. Podrá prepararse y gozar de los más altos niveles de educación; tendrá una alimentación sin limitaciones, estará abrazada y calientita, llena de besos, acunada con dulces nanas cantadas, ya sean tampiqueñas, chilangas o gallegas; que tendrá la suerte de atiborrarse de las barbaridades de malcriada que este abuelo le concederá como parte de mi fórmula de consentir y echar a perder. Noa, sólo necesita un poquito de suerte para tener la risa de cara y la felicidad a la mano. La tendrá. Todo eso tiene un precio, a mi juicio un precio accesible, sólo la obligación moral que deberá adoptar en su corazón, para devolverle al mundo parte de sus privilegios, ser buena y generosa, prepararse para aportar bienestar a su entorno, cuidar el planeta, amar a sus habitantes, a los humanos, a los perros y a las demás criaturas. Todo eso es más fácil con el estómago lleno y el corazón contento. Valorar su suerte y actuar en consecuencia, eso es lo que significa ser bien nacido. Hoy domingo andaré buscando alguna bobada más para regalarle a mi chiquita. Traigo el corazón contento. Mi familia es maravillosa y con el fichaje de la Unagi y su bloque de incondicionales ya acabé por redondear el mejor equipo del mundo. Feliz domingo. Me estoy divirtiendo con una novela sencillita, la última de Eduardo Mendoza, de vez en cuando hay que reír y descansar leyendo.

Feliz domingo.

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