Los placeres cotidianos
Las bebidas alcohólicas fueron cercanas a mí y no representaron nunca el más mínimo tabú de pecado.
¡Cómo se bebe en diciembre!
Mi madre que era un dulce, aunque con envoltorio corajudo, tenía sus convicciones, y no sólo las respetaba e imponía en casa, influía allá donde podía con sus determinaciones de tradición y costumbre. Su cómplice y socio, pediatra de sus hijos y amigo de la familia, el doctor Fernando Elizundia, le dijo un día que la Coca-Cola era un veneno y nunca más la tomamos con su permiso.
En cambio, nos pusieron en la boca algodoncitos empapados en orujo para el dolor cuando salieron nuestros primeros dientes, se nos daba un sorbito de ginebra para un malestar de estómago, se nos permitía un brindis pequeñito con rompope o con vino generoso y bebíamos habitualmente vino tinto con gaseosa dulce en las comidas.
Las bebidas alcohólicas fueron cercanas a mí desde muy chico y no representaron nunca para nuestra familia el más mínimo tabú de pecado, ni tan siquiera vicio y jamás la mínima connotación negativa. Es cierto que el viejo tomaba su copa de vino con la comida y con la cena y no se pasaba de un Cointreau con el café, nunca lo vimos pasado de copas.
Para nosotros el vino, el tequila, el whisky y, en general, el alcohol está relacionado con la alegría, con la fiesta y con la celebración, pero forma también parte de nuestra vida diaria, mis hermanos y yo presumimos de saber beber; hoy este tipo de argumentos ya no tienen tan buena prensa y no son políticamente correctos, honestamente me importa poco, es cierto también que, a diferencia de mi padre, nosotros sí hemos sentido los efectos y efluvios de una guarapeta de vez en cuando, mentiría si le pongo cifras, pero al menos unas diez veces al año, andamos en las garras de Baco, más contentos que asustados.
Cuando llega diciembre, se incrementa el consumo, simplemente porque se presentan infinidad de oportunidades festivas y nosotros asociamos las celebraciones siempre a un par de copas.
Me gusta mucho el tequila, ya me acostumbré a estos cristalinos un pelín perfumados, que me bajan bien y ponen el espíritu alegre y dicharachero.
El whisky, especialmente los de pura malta que tanto me gustan, me llevan a estados más profundos y suelen derivar en conversaciones filosóficas que cuando se exceden de pasión se vuelven ininteligibles.
Con las burbujas se me prende el alma y solemos acabar cantando. Nunca me emborraché con cerveza, pero un par de cañas refrescan la media mañana y bajan amargas, felices y espumosas por mi garganta.
Pero lo mío, lo que en verdad me pone, es el vino. Soy más de tinto que de blanco, aunque no desprecio un buen Godello, un verdejo de Rueda y algunos franceses más o menos mamilas.
En el tinto, que, además de beberlos los he leído y hasta estudiado, puedo regodearme con un recorrido por zonas o por uvas y me seduce tanto un buen Malbec de Rosario, un Carmenere de Chile y, desde luego, he desarrollado gran afición por los vinos mexicanos, muy especialmente los de Valle de Guadalupe, donde algunos tempranillos desafían y hasta superan a vinos muy buenos de Ribera del Duero o de La Rioja.
Hay joyas mexicanas que sólo tienen un defecto, a mi gusto, se escapan en precio y son todo menos económicos. Un Gran Ricardo, Un Vino de Piedra, o este Cabernet Sauvignon de Monte Xanic que se llevó medalla de oro en Bruselas.
No soy antifranchute, tanto no lo soy que le aplaudo a los galos muchas de sus maravillas, desde la moda, el croissant o los patés, la sopa de cebolla y también muchos de sus vinos, aunque si ha de ser francés, que sea champagne.
En Italia y en Portugal encuentro también buenas referencias, pero la verdad es que 90 por ciento de las veces bebo vinos de México o de España y en este último viaje le quité el castigo a los riojas y me tomé dos o tres maravillosos.
Nada con exceso, todo con medida, me valgo de la frase trillada, para recomendar mesura, pero la vida es más hermosa con un buen vino en la mesa…
In vino veritas. feliz miércoles, hoy le pegaré a un Priorat, pequeño homenaje al Barcelona que juega en Europa. Salud y buenas fiestas.
