Los placeres cotidianos

Cuando dos personas comparten su vida, es inevitable que surjan desacuerdos.

¡Pelearse para disfrutar la reconciliación!

Mi madre dedicó la mitad de nuestra infancia a prohibirnos a mi hermano Roberto y a mí que nos peleáramos. Cabe decir que éramos un poquito salvajes y no faltaron sangrientos resultados en alguna ocasión. Nos hemos querido siempre y nos seguimos peleando, aunque ya no recurrimos a las manos y acabamos con reconciliaciones etílicas de alto grado amoroso y alcohólico.

Las peleas de pareja también suelen verse con malos ojos. Los conflictos se consideran signos de relaciones frágiles o disfuncionales, y muchas veces se recomienda evitarlos a toda costa. Sin embargo, pelearse con la pareja puede ser algo muy sano y beneficioso si se maneja bien. Valgan aquí muchísimas acotaciones, la pelea de pareja que acaricia la violencia representa el más bajo nivel de conexión, es un delito y, a mi gusto, pone fin a la relación automáticamente. Es importante entender que las peleas no son más que una forma de comunicación intensa. Cuando dos personas comparten su vida, es inevitable que surjan desacuerdos. La clave está en cómo los enfrentamos y resolvemos.

Toda discusión de pareja presenta como mínimo tres beneficios: Expresión de necesidades y deseos. Resolución de problemas. Crecimiento personal y mutuo. 1. Las peleas son una oportunidad para expresar lo que queremos y deseamos. En el fragor del conflicto salen a la luz sentimientos que quizá no se habían manifestado. Esto ayuda a que ambos comprendan mejor sus perspectivas. 2. A través de las peleas aprendemos a resolver problemas juntos. Cada conflicto superado se convierte en un logro compartido, lo cual refuerza el vínculo y la confianza mutua. 3- Las discusiones nos obligan a reflexionar sobre nuestros comportamientos y actitudes. Nos desafían a mejorar como individuos y a crecer juntos como pareja.

Ahora viene la parte donde me pongo el turbante de la sabiduría, sujeto el báculo del conocimiento y me lanzo a dar consejos a quien no me los pidió y no los necesita. Ojalá lograse, al menos, aplicarlos a mí mismo.

¿Cómo manejar las peleas de manera constructiva? …  El Oráculo responde: Empecemos por ser respetuosos, hay que evitar los insultos y las descalificaciones, sin esta premisa todo son gritos y mala leche, de ahí nada bueno se obtendrá. Centrarse en el problema y no en atacar al otro. Escucha activa: a menudo estamos tan enfocados en expresar nuestro punto de vista que olvidamos escuchar a la otra parte. Escuchar interesado implica realmente prestar atención y tratar de entender la perspectiva del otro, con empatía y buena voluntad. Muchísimas veces se nos olvida lo mucho que nos queremos y, como nos conocemos tanto, sacar de quicio a la pareja es sencillo porque sabemos lo que más le duele. Es cobarde recurrir a esas maliciosas afirmaciones. Tiempo fuera: si la discusión se torna demasiado intensa, es válido tomar un descanso. Un tiempo fuera permite que ambos se calmen y piensen con claridad. Mi padre recomendaba no dormir con el encabronamiento en la cabeza, a veces es imposible, pero intentarlo ya es un principio positivo. El objetivo no es ganar la discusión, esto se nos olvida en la calentura y nos empeñamos en vencer aun a costa de destruir, se nos pasa que la verdadera meta es encontrar una solución que beneficie a ambos. Llegar a acuerdos: esto implica ser flexible y estar dispuesto a ceder en algunos puntos. Reconciliación: después de una pelea, es esencial hacer las paces. Esto puede ser a través de una disculpa sincera, un gesto de cariño o simplemente retomando la conversación en un tono más calmado. La reconciliación puede llevarse a los extremos y convertirla en un compendio de agasajos mutuos. Los mimos, los detalles dulces y la buena vibra nunca son excesivos y jamás estorban. Bueno, sin pasarse, ya que ser empalagoso es también motivo de pelea.

Es miércoles, como terapia reconciliatoria de pareja es recomendable hacer actividades juntos, la Unagi y yo nos iremos a caminar, mínimo, diez kilómetros, regresamos tan cansados que, al menos a mí, no me quedan ganas de peleas. Bonito día.

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