Los placeres cotidianos
La bandera es un símbolo patrio y por tanto es de todos, no es propiedad del gobierno ni de ninguna autoridad.
Mientras mis cuatro lectores se chutan este texto medio desabrido, yo andaré paseando por Reforma, bien acompañado, con mi playera rosa y mi pantalón azul. No me marea ese tono, me refiero al rosa, ni lo asocio con femeninas cualidades. No soy ingenuo para pensar que los que marchamos hace tiempo defendiendo al INE o dando la cara por la SCJN o los que alguna vez respaldamos valores feministas en manifestaciones parecidas, si bien somos ciudadanos con los mismos derechos que los otros, en franca mayoría los de ese grupo no somos morenistas. Si le llevan a Xóchitl mil o un millón de puntos en las encuestas, si Brugada con el inconmensurable apoyo de Marcelo arrasará dejando a Taboada en el arcén de la carrera, ¿por qué entonces les jode tanto esta marea? A mí me gusta el paseo, iré muy tempranito y así, entre un cafecito y una concha de chocolate le voy metiendo a mi cuerpecito mal acostumbrado unos 15 kilómetros de caminata. Algo bueno deberá venir de ese esfuerzo.
Lo de la bandera fue motivo de jaloneos, acabó don Andrés por vendernos el favor de prestarnos la presencia del lábaro, cual si tuviese otra posible decisión. Es un símbolo patrio y por tanto es de todos, no es propiedad del gobierno ni de ninguna autoridad. Me dará gusto verla ondeando al viento, placer que me quitaron en las anteriores ocasiones. Bueno, si los rijosos de la CNTE no nos dan un mal día, todo promete que será una jornada cívica, una muestra del músculo que tiene la oposición apoyada por los que estamos un poquito hartos de las incongruencias de la autodenominada cuarta transformación. Y ya en la noche, el tercer debate. A mí ya me tienen saturado, como lo están de pendones las calles de mi colonia, así estoy yo de tanta política, tanto grito y tanta gresca con muy poquita chicha valiosa.
Comeremos por allá por el centro que hay mil lugares preciosos, esta vez no iremos a ninguno con estrellas Michelin, que, por cierto, a mi parecer no tenían manera de hacer una peor entrada en nuestro país. Si bien es una guía y tiene un claro enfoque turístico, aquí ni son todos los que están ni están todos los que son… El Califa de San Cosme, háganme al favor, por más buenos que estén los tacos, ni es la mejor taquería ni sus salsas son las más ricas ni su limpieza es un arte, vaya, que es un premio muy discutible, pareciera que alguien lo pudo comprar, no me consta, sólo especulo porque soy muy especulador.
El domingo pinta para ser un día divertido, tendré mucho que contar. Por cierto, sigo sin ver Civil War, si todo va bien iremos al cine y la veremos en la tarde. Luego llegaremos a casa y con otra dosis de palomitas al más puro estilo de Chertorivski nos pondremos a ver el debate. No prometo nada, si nos empiezan a aburrir o se sigue congelando la sonrisa del esquirol lo cortaremos y nos pondremos a jugar a las cartas o a ver un documental en Netflix: le traigo ganas a uno de sólo tres capítulos Ashley Madisosn, sexo, mentiras y escándalo, me lo han recomendado mucho y el tema se me hizo muy interesante, se trata de un caso real, seguro será entretenido ver como una filtración en una página de citas desvela la identidad de los participantes y le descuajaringa la vida a muchas personas.
Bueno, es domingo, mi día favorito para recomendar un libro, lo editó Sexto Piso en 2022 y me lo acabo de zumbar en la playa, es la última novela del sonorense Franco Félix, se llama Lengua dormida me costó un poquito entrar en la trama, diez páginas difíciles al principio, de repente se abre y fluye, es una historia sobre su madre, contada de una forma rara y muy original, sin darme cuenta me enganchó y ya no pude soltarlo. Me gusta mucho leer a nuevos escritores mexicanos hay muchísimo talento. Con este calor se antoja una jarra de agua de fruta, cuidemos que provenga de una botella que no tenga la información resguardada por tres años.
Feliz día.
