Los placeres cotidianos
Cuando uno se enamora, el corazón palpita rápido. Los niveles de cortisol aumentan de inicio.
- Cuando uno se enamora, el corazón palpita rápido. Los niveles de cortisol aumentan de inicio.
¡Nadando en oxitocina!
Cuando te bajan del romanticismo con explicaciones científicas sobre el funcionamiento del amor en nuestros cerebros, cuando del poema enamorado, los paseos bajo la luna llena y las rosas, el vino y las serenatas te aterrizan de un sopapo a la realidad de que es la oxitocina la que produce esos sentimientos en la chirimoya, se le pierde un poquito la fe al ser humano dulce que uno aspira a ser y se tiene que entrar forzosamente en la realidad rampante… ¡somos unos animales!
Yo que lloro con las películas de amor, que prefiero una caricia tierna y que encuentro sonrisas en las miradas y los ojitos de amor. Que me recreo en las conversaciones suaves donde un “te quiero” me lleva a las estrellas y me hace volar hacia adentro y se me eriza cada centímetro cuadrado de piel en el viaje. Yo que creo ciegamente en el amor y le concedo propiedades curativas y razones suficientes para empujar en el acarreo de la felicidad, de repente me enfrío al saber que todo tiene una explicación neuronal y que, incluso, el sexo, que siempre he barnizado con ternuras y sutilezas enredadas en la complicidad amorosa y no en la fría y salvaje convergencia sólo carnal. Pues no, que no es tan idílico, que resulta que hay truco y todo descansa en
el cerebelo.
Cuando uno se enamora, el corazón palpita rápido, las palmas sudan, las mejillas se sonrojan y se producen sentimientos de pasión y ansiedad. Los niveles de cortisol aumentan de inicio, por lo que se pueden experimentar situaciones de estrés. A medida que aumentan los niveles de cortisol, los de serotonina se agotan, lo que precipita sentimientos o pensamientos de preocupación, los típicos terrores del amor temprano.
En el proceso de enamoramiento se liberan altas dosis de dopamina, un químico que activa el circuito de recompensa, lo cual ayuda a hacer del amor una experiencia placentera similar a la euforia asociada con el consumo de algunas drogas. La oxitocina, conocida como la hormona del amor, aumenta, lo cual provoca sentimientos de satisfacción, calma y seguridad que, a menudo, se asocian con la unión de pareja.
La vasopresina, otra hormona que se produce, está
vinculada al comportamiento que puede generar relaciones a largo plazo. El amor desactiva la vía neuronal responsable de las emociones negativas, como el miedo y el juicio social. Por este motivo, cuando nos dedicamos al amor romántico, la maquinaria neuronal responsable de realizar evaluaciones críticas de otras personas, incluidas aquellas con las que estamos involucrados sentimentalmente, se cierra. De ahí viene aquello de que “el amor es ciego”.
Por más académico que se quiera ver, no todos los amores son tan cerebrales, y cuando lo son, los involucrados pierden la oportunidad de nadar en besos y suspiros, en mimos azucarados pensando que flotan en oxitocina. Puede que el fondo sea el mismo, no voy a pelearme con la ciencia, pero el sentimiento, aun engañado, tiene propiedades de liberación en las que quiero creer y en las que quiero colgarme. Nos pasa lo mismo con la Navidad, vibra en el aire un sentimiento de paz y concordia, cada mazapán, cada turrón, cada cena y cada abrazo son producto de un constructo, cierto, pero si nos empeñamos en quitarle la magia nos perdemos los sueños de Rodolfo el reno y de Santaclós y entramos en la modalidad comercial triste y ramplona de mirarlo como una época especialmente creada para el consumo. Qué hueva verlo así, qué grinch. El sexo, como intercambio de fluidos y búsqueda del placer carnal, por más placentero que resulte, se pierde de la profundidad de la ternura, se le escapa la abnegación del dar lo mejor de nosotros en favor de la pareja, cambiar egoísmo de búsqueda de satisfacción por la máxima generosidad de llegar a disfrutar la capacidad de provocar placer.
Hoy es miércoles, buen día para partir la semana con mimos o con oxitocina, cada uno que se moje donde le guste, pero seamos felices.
