Los placeres cotidianos

No pienso callarme nunca, me caen muy mal las elegías, me sobran los obituarios

¡AMIGOS COMO HERMANOS!

Este año viviremos hartos de política, yo ya lo estoy y apenas andamos rozando la primera quincena. Se viene la elección más grande de todos los tiempos en nuestro país y entre propuestas, mentiras, promesas más falsas que verdaderas, mítines, discursos, trampas, grilla bananera, entrevistas, destapes, escándalos y más basura en general, nos pondrán locos y, si cabe, más divididos y encabronados. No puedo prometerlo, algún día no resistiré la tentación y acabaré hablando de Claudia o de Xóchitl, será muy a mi pesar, pero seguro pasará. Los que me conocen ya saben que esta vez no votaré por el oficialismo y líbreme satán de hacerlo por MC. Tampoco me enamora la alianza opositora, pero de los males, es el menos malo. Dicho esto, ya terminé mi labor política de este 2024. Trataré de no aburrirlos y no cargarlos con más contenido denso, ya sea concienzudo y analítico o zalamero y burlón; en vez de eso, voy a enfocarme en placeres y cosas bellas. Afortunadamente me sobrarán temas. 

Ayer cumplieron años dos hombres que admiro, que respeto y quiero muchísimo. Obvio, Mario, mi hermano mayor, maestro, consejero y, a veces, hasta se da el lujo de ser un poquito mi alumno; siempre entrañable, adorable y, para mí, uno de los hombres más buenos que hayan nacido jamás. Los homenajes se deben de hacer en vida y a Mario le queda mucha por delante, me sobrarán ocasiones para seguirlo presumiendo a él y a su súper vieja, mi cuñada Maricarmen. Es un visionario, un hombre de familia con un corazón sublime, muy, muy fácil de querer. Un empresario exitoso, porque trabaja tres veces más de lo que yo le deseo y de lo que creo que necesita; pero le gusta su chamba y es un profesional inmenso. Te amo, Mario, te quiero, carnal. Quiso la casualidad que sea del mismo día otro personaje inmenso, mi cuñado Víctor, otro que aprendí a querer en quince minutos y me descubrí admirándolo el mismo día que me lo presentaron. Gente buena, seguramente el mejor abogado de este país, reconocido por su trabajo aquí y en el mundo entero. Lástima que le vaya al América y al Madrid, no podríamos ser más rivales. Un chingón con buena entraña. Padrazo de sus tres chinicuiles y el suertudísimo marido de mi carnalita Bea. Qué afortunado soy de poder rodearme de personas que me enseñan y me quieren tanto. Feliz cumpleaños a los dos. Recuerden que edades tan avanzadas deben celebrarse en sesiones largas que incluyan de seis a siete fiestas, lo demás sería tacañería y ninguno de los dos juega en esa liga y tiene ese defecto.

Después de este párrafo, que lo motivó sólo el amor y la admiración, me viene a la mente la belleza de expresar afecto, a estas alturas ya no me sirven las intenciones silenciosas, hoy me gusta oírlo, por eso lo digo siempre que se impone la ocasión. El amor, el de pareja más que ningún otro, pero todos los cariños en general deben ventilarse, airearse y dejar que les pegue el sol y les dore la piel un te quiero sincero. Decir te quiero o sublimarlo en un te amo, honra, compromete y suaviza el alma, es bálsamo, es lubricante, es divino. No pienso callarme nunca, me caen muy mal las elegías, me sobran los obituarios. Si me quieres dímelo ahora, hoy me alegrarás el día, me darás razones de sonrisa, me ayudarás a valorarme, pero, serán menos que vientos alisios escucharlo cuando esté muerto. Por mi parte, prometo que no andaré de falso querendón ofreciendo besos y abrazos a diestra y siniestra, prometiendo amores que no siento o cariños no verdaderos; a cambio, para evitar ese bochorno, abrazaré más que nunca a los míos, le abrumaré los oídos a la Unagi, la llenaré de mimos, me comeré a besitos tiernos a mis nietos, felicitaré los caminos de mis hijos y aplaudiré sus éxitos con la emoción de disfrutar que me superen. Todo barnizado con miles de frases de amor.

Así, enamorado de la vida y del amor, enfrento el domingo y, además de ver al Barça contra el Madrid, me zumbaré si puedo toda una novela que promete… El Sur, de Adelaida García Morales, es una novela corta que promete infinitas dimensiones. Lean, quieran mucho y, por favor, díganlo.

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