Los placeres cotidianos
Sólo el silencio más oscuro huye de la tentaciónde refrescarte en el juicio de los que te rodean.
- Sólo el silencio más oscuro huye de la tentación de refrescarte en el juicio de los que te rodean.
La felicidad culposa...
Apenas ayer, mi amiga Chemetin publicaba en su muro un texto de Hermann Hesse, confieso que ya lo conocía, pero también reconozco que no había profundizado en su significado. Para que estemos todos en el mismo canal, se los comparto aquí, es un fragmento de la obra El caminante:
“Ni siquiera ha crecido la hierba/ No se puede ser vagabundo y artista y al mismo tiempo/ un burgués sano y cuerdo./ Si quieres embriaguez, ¡acepta también la resaca!/ Si quieres sol y bellas fantasías, ¡acepta también la suciedad y el hastío!/ Todo está dentro de ti,/ el oro y el barro, el deleite y la pena,/ la risa infantil y la angustia moral./ ¡Acéptalo todo, no te aflijas por nada/ no intentes rehuir nada! /No eres un burgués/ tampoco eres un griego/ no eres armónico y dueño de ti mismo/ eres un pájaro en plena tormenta./ ¡Déjala rugir! ¡Déjate llevar!/ ¡Cuánto has mentido! ¡Cuántas miles de veces/ incluso en tus libros y poesías/ has fingido ser el armonioso y sabio/ el feliz, el iluminado!/ ¡Lo mismo han fingido ser los héroes/ al atacar en la guerra, mientras las entrañas temblaban!/¡Dios mío, qué simiesco y fanfarrón es el hombre/ sobre todo el artista/ sobre todo el poeta/ sobre todo yo!”.
La pieza tiene aromas de autobiografía, escrito hace cien años como parte de un libro pequeñito, pero de enorme contenido, donde vemos que el autor se define errante, enemigo de las patrias y las fronteras, un hombre que se negaba a depositar su amor en una franja de tierra, porque sentía el peligro de anteponer procedencia y clasificarla, dado que esa manipulación de la realidad acababa siempre por crear competencia y desigualdad. Veo, no sin asombro, la rabiosa actualidad del mensaje, especialmente para mí, que presumo semana a semana de las maravillas de mi vida holgada, enamorada y relajada. Pues bien, hay en ello una leve mentira, una verdad a medias y una presunción incalificable que, aun no buscando el aplauso, sí pretende la aprobación e incluso, en algunas parcelas muy puntuales, no esconde la intención del disfrute de levantar unas pequeñas envidias. Mi mundo dorado, mi novia perfecta, mis hijos divinos, mis nietos primorosos, mis maravillosos hermanos, mis modélicos amigos, mis geniales colaboradores, mi vida admirable, mis viajes, mis perros, mis sueños; todo, mientras escondo las legañas, los sinsabores y los malos momentos.
Las redes sociales, el mundo abierto en el que hoy vivimos, los zapatos nuevos y el pantalón de marca, el reloj, el vino, el restaurante y la fama, todo es un alarde de mediocridad inconforme, me siento sucio, me duelen los ojos cuando me miro sin filtros. No dejaré, sin embargo, que me empuje la basura y me meta en el lodo pretendiendo humildad o realidades creíbles para parecer honesto, para venderme humano, sencillo, si al final, el solo hecho de publicar, el de escribir, el de contar una historia, lleva siempre en su espuma la clara intención de notoriedad, sólo el silencio más oscuro huye de la tentación de refrescarte en el juicio de los que te rodean.
El universo se cae a pedazos, bombas en Ucrania y en Gaza, atentados en Europa, más de cien muertos al día en nuestra tierra, robos y asaltos, mentiras y abusos, secuestros, un mundo de mierda edulcorado con el rosa de Barbie, distorsionado por un sushi en el Suntory, por un whisky de malta o por unos tenis de Balenciaga. Dentro de mi camioneta no se oyen los gritos, ni se siente el bochorno de los calores sofocantes y bajo el edredón de plumones de oca no entran los fríos del invierno que acecha y, todo, casi todo, hay que presumirlo, pareciera obligado abrirse de capa y marcarle a los vientos que eres distinto, un triunfador, exitoso, riquillo, saludable, gozador, que los años no te dejan sus surcos porque eres feliz y mucho más, sólo porque quieres que esto se sepa.
Es miércoles, disfrutemos, humildemente o no, ¡qué caray! Hay que dar gracias y vivir, que son tres días, y llevamos dos. Lean La tierra desacostumbrada, de Jhumpa Lahiri, ocho relatos maravillosos. Finalmente, lo bonito siempre es bonito.
