Los placeres cotidianos / 9 de junio de 2024

Se vive más rápido, se escurren entre los dedos los días, las semanas y los meses.

¡DESPACITO!

Siempre me ha dado por adelantar acontecimientos; caliente que es uno. He cantado victorias de mis equipos antes de jugar los partidos y he llorado después amargas derrotas nunca previstas. El mismo domingo pasado; sabía que no ganaría Xóchitl, pero no imaginé tanta diferencia. “No se debe vender la piel antes de cazar el oso”, esta vieja paremia rivaliza con otro refrán gallego, “no cuezas el pan antes de calentar el horno”. Hace una semana, aún era mayo y ya me apremiaban con las aburridas ofertas de Julio Regalado, entre 3x2 y 2x1, qué mal debe andar la cosa para adelantarse, incluso a las elecciones y arrancar la promoción dos meses antes. En junio vendrá la independencia y al grito de ¡Viva México!, habrá descuentos en banderitas, chiles, salsas, vinos y licores. El pan de muerto ya estará en julio, en agosto Halloween y, desde septiembre todo será Navidad. Con eso se vive más rápido, se escurren entre los dedos los días, las semanas y los meses, se contagia la ansiedad y con esas prerrogativas, también nos morimos antes.

El pasado día 6 hubiera cumplido mi padre ciento un años; otro que se adelantó y se peló hace 34, qué ansioso fue mi jefe. Que el Universo me lo mantenga en la memoria y lo guarde donde no se moleste. Ese mismo día, seguro que por eso me cae tan bien, cumplió menos de la mitad mi cuñada, la más chiquita, Paula, ella más acertada que ansiosa, organizó su pachanga para el sábado; inteligentemente se olvidó y, también nos hizo olvidar que arrasó Claudia. Las penas con pan son menos, y con tequila mucho menos, y que quede claro que hablo de pan de comer y no del PAN de votar, que ésos ahora sí que dan pena, pobrecitos. Con la complicidad de su marido y las porras de su nena preciosa nos regaló una fiestota fifí. El día 2 nos quitaron la Presidencia, el Senado y muchas alcaldías, pero de momento, no nos quitan el baile ni las ganas de divertirnos.

La niña ya era alegre y le dan maracas. Felicidades otra vez, mi querida Paula. Puestos a celebrar y para no caer en los tópicos y no empezar a chocar las copas por estar vivos o por la suerte de conocernos o la hermandad; ya melancólicos, acabar evocando cualquiera de esos conceptos tan abstractos como flojitos para enfrentarse a una botella de Dobel Diamante. Con la consigna de hacer fiesta y de divertirse más o menos sanamente, de no anticipar otra vez vísperas y no ponerse a llorar por los malos tiempos que vendrán, cuando por lo pronto y afortunadamente, todavía no se aparecen. Se impone subir el volumen y colgarse de la estridencia del Mariachi loco. Se debe brindar por la felicidad sincera que brota de un par de copas, mi compadre Federico asevera cada mañana que toda dicha, que toda felicidad que no proviene del alcohol… es ficticia. Esa desinhibida euforia de abrazarse y de quererse, de recurrir al folclórico momento y cantar las más vernáculas para después cortarnos las venas o si apetece dejárnoslas largas y abrazarnos a El triste a la Almohada y rematar con La nave del olvido. José José no ha muerto. Ver a la Unagi y a sus hermanas acaparando la pista y vaciarnos bailando desde Timbiriche a Abba y desde el Buki hasta Bosé o Mecano, Emmanuel o lo que venga. Enfundarse en hispanidad y zapatear por bulerías o por sevillanas. Todo menos reguetón; a diosito gracias.

Dice mi psiquiatra, que por tanto roce ya es mi amigo más entrañable, que sufrir por el ayer es depre y se cura con terapia y con algún chocho, pero anticipar sufrimientos y futurizar tragedias es la más deschavetada zozobra y hay que combatirla con ansiolíticos y, diré con respeto a los verdaderamente afectados que, para mí, la ansiedad se cura con presentes bonitos. Si eres feliz hoy, el mañana preocupa menos.

Bonito domingo, la tarde se presta para ver en Netflix Los colores del mal: Rojo, una chulada polaca dirigida por Adrián Panel, intriga que viaja de giro en giro, suspenso brillante que te atrapa y te pone agitado en un poquito menos de dos horas. Disfrutemos. Con resaca como la mía, toda precaución es poca. Barbacoa, micheladas, consomé y nuevos tequilas. Si no se me cura, me engancho de vuelta. Feliz día.

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