Los placeres cotidianos / 8 de mayo de 2024
Este viernes es Día de las Madres. La mía me falta desde hace 33 años. ¡Qué pronto se fue!¡Que no nos falten los mimos! Nada sube más la autoestima que recibir una demostración de amor. Tan tajante afirmación pareciera que deja poco margen al debate, bajaré de ...
- Este viernes es Día de las Madres. La mía me falta desde hace 33 años. ¡Qué pronto se fue!
¡Que no nos falten los mimos!
Nada sube más la autoestima que recibir una demostración de amor. Tan tajante afirmación pareciera que deja poco margen al debate, bajaré de mi nube tan alta y le pondré remedio con la subjetividad que le aportaría anticiparle dos palabritas: “Para mí”. O tres: “En mi opinión”. Con eso lograré que nadie se caliente si no piensa igual y que pueda acomodar mis palabras entre las suyas con mayor o menor rigor. Finalmente, no es una afirmación académica, ni mucho menos científica, es el sentir de un mimoso empedernido que necesita los mimos para respirar y, también, hasta donde le da su fuelle sensorial, trata de irlos repartiendo por la vida entre aquellos que quiere, entre los que procura y elige. Disfruto hacer declaraciones de cariño, me gusta decirlo, cuando quiero, lo suelto y lo grito… “te quiero”. Este viernes es el Día de las Madres, la mía me falta desde hace 33 años; ¡qué pronto se me fue la jefecita! Era doña Sara, una mujer de mimos ralos y consonantes, poco dada a las manifestaciones edulcoradas; ni corazoncito ni mi hijito y ni siquiera un dulce Miguelito. Mamá me decía pocas veces que me quería, pero sus actos no dejaban la más mínima duda. Tengo presente en mi niñez sus recurrentes regaños, su zapatilla voladora y su bofetada pronta, tantas veces, que ya no dolían, aunque ahora me joda que pesen en mi memoria, quizá más que las caricias en su regazo. Sin embargo, se zumbó tres meses enteros conmigo sin salir del hospital cuando tuve la maldita hepatitis. Tengo que trabajar en moldear mi recuerdo, éste del que me refiero es poco agradecido, poco vestido de inteligencia emocional, un pelín burdo, inexplicablemente inmaduro. Cateto que es uno. No sé si esta evocación me sirva de homenaje, pero hoy anda conmigo mi brava señora y me congratula. ¡Feliz día, jefa! Felicidades, Sarita. Donde te encuentres, en la dimensión imposible o en la caja mental que te acoja. Cada uno que te invoca te trae a la vida de nuevo y yo, me emociono al saludarte.
Puesto que en el Día de las Madres, hay varias que ocupan espacios singulares en mis sentimientos: mi hija y mi nuera, que me prestan a mis nietos y con ellos me tintinean campanitas en el corazón. Mi hermana, a la que tanto me quiero parecer; mis cuñadas, las dos de un lado y las tres del otro. También la mamá de mis hijos, a quien le reconoceré siempre, entre tantas cosas buenas, su altura de miras y su entereza. Vienen mis sobrinas, mis tías, mis primas, mis comadres y muchas de mis amigas. Es en este punto que me nace confesarles mi envidia, soy un papá orgulloso, pero creo que la maternidad tiene otra fuerza y yo, por biológicas razones me quedo tan sólo en el deseo de equipararlo y me conformo de malas maneras con admirarlas muchísimo. Ser mujer tiene que ser lo máximo.
No quiero caer en el humor tontorrón. Camina a mi lado la Unagi y, quiero abrazarla y colmarla de mimos, porque esta señora en muchísimos momentos tiene chispazos maternales conmigo y, más allá de ser mi mamacita (no me aguanté sin el chiste facilón) es un sol que ilumina la ruta, una suerte y un privilegio. Abnegada en su justa medida, es poco encimosa, porque es dura y muy libre. Es un caramelo que nunca vende cara su presencia. Está si la necesito, lo ha estado desde que decidimos lo nuestro. A estas alturas de la vida, para uno que ya trae mucho recorrido, una novia, una pareja, la mujer cuando es brillante y, mi nena lo es en demasía, adopta papeles disímbolos, es compañera, confidente, cómplice, amante, amiga, alumna, maestra y, en su sabia magnificencia, es muchas veces también, madre.
Bueno, me voy unos días a la playa, digo me voy, porque nos vamos. Ahí les encargamos el changarro, les dejo a Taboada con mejores números que Brugada, y a Xóchitl dando pelea acercándose rabiosamente. Me encanta creer en este sueño, porque honestamente pienso que le vendrá bien a nuestro país. Seis años más con estos y nos van a romper toda la que celebramos el viernes. Bonito día a todas las mamás del mundo, que las mimen y las lleven a comer a un lugar muy rico. Además de un respetuoso pensamiento a las que ya nada más están en nuestro recuerdo. ¡Feliz diez de mayo!
