Los placeres cotidianos / 6 de agosto de 2023

Hablamos del paisaje, de nuestro origen; recordamos un par de travesuras de infancia y nos despedimos con otro abrazo apretado.

CAMINANDO ENTRE AMIGOS:

Por aquí ando, nunca más exacto, vengo de caminar, de darme un larguísimo paseo de montaña, justo aquí en las tierras donde hace cien años nació mi padre. Aún me queda familia en estos pueblos, mucha, pero lo que más encuentro por aquí son raíces, un dulce sentido de procedencia arraigado en el ADN y, también mi sentido de pertenencia, ésa que se despierta con cada vecino que saludo. Hoy me encontré a un amigo que hacía siglos no veía, al abrazarlo y antes de soltar su espalda le pregunté con emoción no disimulada, un “¿cómo estás?”. Sincero. Profundo.

“Regular, Miguel”, me contestó también afectado. Y casi sin preámbulo se lanzó a contarme su realidad sin respiro. Me dijo que está enamorado, quise interrumpirlo para apuntar mi coincidencia en ese punto, pero su discurso no tenía pausas y se siguió de largo diciendo: “Ella me quiere, pero menos y, me jode. Me jode porque siento que se me escapa entre los dedos y, creo que puedo perderla, esta vez, no soy culpable, al menos desde mi perspectiva, porque me he entregado con todo, sin reservas, sin apartaditos, sin estrategias, con lo que soy, lo que siento y lo que tengo, poco de todo, cierto, pero todo, al fin. Si no le basta esto, la cosa se me pone muy cuesta arriba, porque no tengo secretitos guardados, ni ases en la manga, lo que soy es lo que hay y eso, ya se lo puse a la mano”.

No sé de dónde, pero me dio por sacar de adentro mis dotes de psicólogo y asesor, un doctorcito corazón, poco ducho en temas tan complejos, pero al menos, sin cobrar honorarios y diciendo exactamente lo que pienso, lo que creo y lo que me parece que le ayudará, obviamente no estoy seguro de acertar, en temas de pareja, ya se sabe… nunca nadie sabe nada. Hay mujeres muégano, le dije, dulces, garapiñadas que se pegan a ti y se amoldan a tu vida en absoluta sintonía sin darte apenas espacios para respirar; hay otras más libres, más independientes y, que por su historial, porque alguna vez ya fueron lastimadas en otra relación, ahora, buscan zonas reservadas, espacios muy personales sin encuentros con la pareja, para no agobiarse, para no saturarse, para estar bien, éstas son incapaces de darte nada bueno si ellas no están bien. Quizá tu chica sea de este estilo, un espíritu libre que se siente abrumada con tus atenciones y no sabe cómo decirte que le des aire. A veces, es tan simple como eso, dale tiempo y lugar.

Se quedó pensando y me desvió el tema, me contó de sus negocios, de su trabajo, me habló de sus hijos y de su primer matrimonio, no quise insistir en sus males de amor, porque al igual que a su chica, a mi amigo le viene bien el espacio y, no iba a ser yo quien le cortara terreno. Hablamos del paisaje, de nuestro origen; recordamos un par de travesuras de infancia y nos despedimos con otro abrazo apretado y la promesa de vernos en la noche en la fiesta del pueblo. Ahí, en ese último abrazo, me dijo un “gracias”, seco y honesto. Fue eso lo que me hizo albergar la esperanza de haber acertado, quizá sí le ayudé. Los amigos de tanto tiempo, ya no me son tan cercanos, su vida y la mía corren por distintos derroteros y al frecuentarnos menos, sabemos también menos el uno del otro, queda una nostalgia del cariño que hubo y esa reminiscencia puede despertarse, pero los amigos uña, los que están conmigo, son los de hoy, los que me aguantan dos sandeces si me tomo tres copas, los que me prestan atención cuando se me baja la pila, los que me ayudan y se dejan ayudar, los que comparten mi presente y se ilusionan con mis sueños. Aun así, haber encontrado hoy a M.A. me hizo saber que aquel niño que fui debió haber sido un buen chamaco, porque me saludaron con cariño verdadero, añejado en un corazón por casi 50 años. Por los amigos, los de hoy, los de siempre, por ellos brindo hoy en las fiestas del pueblo. Bonito domingo.

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