Los placeres cotidianos / 3 de septiembre de 2023

El deseo es una conspiración de dos. El plan es ofrecer al otro un respiro ante el dolor del mundo.

LOS PECADOS DE LA CARNE… 

Más allá de los abusos que mi glotonería me lleva a cometer en la ingesta de costillas braseadas, chuletones, barbacoas, cochinillos y otros cárnicos culposos, pecado que lleva su penitencia en la necesidad de desquitar tanta caloría en rudas caminatas y, la obligación de compensar esas comilonas con ayunos monásticos o con cenas frugales de lechugas y apios; más allá, digo, no hay nada. Ni siquiera entiendo en ello un pecado como tal y, mucho menos en el sentido bíblico; donde, lo relacionado a la carne y sus peripecias, por más fuerte y sucio que pretendan que suene, no es otra cosa que una manifestación de la muy recomendada práctica del amor. No la única, cierto, pero sí una muy importante. La sexualidad, tan íntima como cada uno quiera mantenerla y disfrutarla tiene en sí misma dos o tres componentes que la definen. Puede ser juego carnal en la procura de placeres físicos; ejercicio válido y respetable o puede escalar otras latitudes emocionales mucho más elevadas que lo puramente sensorial y convertirse en comunión, fusión de cuerpos y almas con alcance sentimental y, sin lugar a duda, hasta espiritual.

Leyendo un ensayo de John Berger, Esa belleza, encontré un texto que se paladea como un ejercicio de reflexión, fuerte, tan profundo como atrevido, que vale la pena saborear despacio… Les comparto aquí un fragmento que trata con maestría el tema del deseo, esa emoción tan natural, hermosa y que, sin embargo, las tres principales religiones monoteístas han tratado siempre de emparentar con la bajeza, lo lascivo y pernicioso. A mi juicio, el deseo es algo que nos separa del resto de los animales, porque pone en ello mucho más que instinto de reproducción, coloca ahí, sentimiento, sensibilidad e inteligencia.

“El deseo sexual, si es recíproco, origina un complot de dos personas que hace frente al resto de los complots que hay en el mundo. Es una conspiración de dos. El plan es ofrecer al otro un respiro ante el dolor del mundo. No la felicidad, sino un descanso físico ante la enorme responsabilidad de los cuerpos hacia el dolor. En todo deseo hay tanta compasión como apetito. Sea cual sea la proporción, las dos cosas se ensartan juntas. El deseo es inconcebible sin una herida. Si hubiera alguien sin heridas en este mundo, viviría sin deseo. El deseo anhela proteger al cuerpo deseado de la tragedia que encarna y, lo que es más, se cree capaz. La conspiración consiste en crear juntos un espacio, un lugar, necesariamente temporal, para eximirse de la herida incurable de la carne. Ese lugar es el interior del otro cuerpo. La conspiración consiste en deslizarse al interior del otro, allí donde no se les pueda encontrar. El deseo es un intercambio de escondites”: John Berger.

Tengamos presente el poder curativo de una caricia o la maravilla de un abrazo apretado; en estas expresiones, los humanos liberamos oxitocina, la hormona del amor, esa droga autoproducida que nos lleva a sentirnos felices. ¿Qué pecado puede haber en ello? Mi tía Deolinda, hermana mayor de mi padre, decía siempre que, a ella, de los placeres de la cama lo que más le gustaba eran los jueguitos del principio, los mimitos iniciales, los prolegómenos. Coincido tanto con ella, que he llegado a pensar en que se trata de un rasgo genético. Para mí en el sexo, la importancia y la felicidad radican en el intercambio de ternuras. Respeto todas las experiencias que se puedan practicar en este campo, de hecho, creo firmemente en que todo es permitido si existe el consenso de los dos, no me asustan las más feroces manifestaciones de juego duro, con o sin las más locas fantasías, pero siempre con ese resguardo, que sea consensuado; las dos partes de acuerdo, siendo así, hagamos de nuestros cuerpos, papalotes. Hoy es domingo, un día excelente para pasárselo bien y, en mi texto, recordé con cariño al eximio Germán Dehesa, especialmente, cuando los viernes decía de manera coloquial aquello de… “hoy toca”. Disfrutemos, feliz domingo.

Temas:

    X