Los placeres cotidianos / 3 de abril de 2024
Me niego a la maduración excesiva, pero me resisto mucho más al envejecimiento obligado.¡EN ABRIL, BENDICIONES MIL! Vengo del mar; me escapé unos días y aunque descansé más el alma que el cuerpo, todo fue una recarga de energías. Reafirmar planes, anhelos y, ...
- Me niego a la maduración excesiva, pero me resisto mucho más al envejecimiento obligado.
¡EN ABRIL, BENDICIONES MIL!
Vengo del mar; me escapé unos días y aunque descansé más el alma que el cuerpo, todo fue una recarga de energías. Reafirmar planes, anhelos y, también, un encuentro con nuevos sueños. Entre esos paseos oníricos está la firme convicción oceánica, por eso, porque amo el mar y las marinas condiciones, a él quiero volver.
En abril es mi cumpleaños, seguramente por eso es mi mes favorito. Casi a la mitad del sexto piso, algo debe andar deschavetado en mi chirimoya, alguna tuerca que no ajusta o quizá un par de engranes sueltos; el caso es que me siento joven, muy joven. Si mi admirado Armando
Fuentes Aguirre Catón se presume millonario, yo comparto su concepto de riqueza; a mí me pasa lo mismo con la edad, simplemente me niego a la maduración excesiva, pero me resisto mucho más al envejecimiento obligado. Tengo salud, punto clave, si puedo levantarme y caminar cada mañana, si puedo comer de todo, beber más o menos moderadamente y las crudas no me matan, si me la paso mejor soñando con mañanas y amaneceres distintos que recordando éxitos trasnochados y emociones de ayer, mi diagnóstico es fácil, seguro se parecerá al tuyo… padecemos juventud crónica. Y a esa malatía hay que aferrarse.
Mi padre, a la edad que yo tengo hoy, ya era un hombre mayor, esa comparación me hace pensar que algo habrá cambiado en esas cuatro décadas que separan sus años de los míos, para que, en aparente igualdad de circunstancias, él estuviera jodido y cascado y yo me sienta un muchachito imberbe; estoy exagerando con lo de imberbe, pero trato de ubicarme en mi realidad y, en verdad, me siento joven, vivo y joven. Nos cuidamos más, sí, es cierto. La medicina ha avanzado y los controles y medicamentos favorecen esas atenciones con nuestros cuerpos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) las personas de 60 a 74 años somos consideradas de edad avanzada, de 75 a 90 años son viejas o ancianas y los de más de 90 son longevos. Me parece muy pobre esta clasificación de la OMS, no me convence y la considero cuasi ofensiva. Se han hecho infinidad de estudios al respecto y hay conclusiones muy variadas, desde los que dicen que los 60 son los nuevos 40 hasta quienes adelantan que los avances son tan rápidos que es probable que muy pronto nos instalemos en una imposible clasificación etaria y la resistencia al envejecimiento nos coloque rondando los 40 indeterminadamente. A esto apunta el nuevo concepto de envejecimiento activo, ya no se trata de cumplir años, sino de vivirlos activamente.
La mayor esperanza de vida está muy directamente relacionada con la economía, no es el único factor que influye, pero sí tiene un peso elevado en la ecuación, es de absoluta lógica: a mayor riqueza, mejores cuidados, mejor y más sana alimentación, servicios, atención médica, etcétera. Más allá del deseo de vivir más sólo por el instinto de conservación, hoy nos preocupamos por vivir mejor, por estar cada día más cerca de la felicidad, y todo indica que esa dicha está muy relacionada con la actividad, la física y, quizá más aún, con la intelectual.
Nunca es tarde para aprender. Mantener el cerebro activo implica seguirlo retando, estudiar, leer, documentarse, actualizarse, intentar estar al día y sacarle jugo a los buenos momentos. Contagiarse de juventud frecuentando amigos más jóvenes y compartiendo alegrías y visiones diferentes.
José Saramago, a quien hay que releer con la máxima frecuencia posible, dice que Pilar apareció en su vida justo cuando le era necesaria: “cuando me era necesaria a mí, tengo muchas razones para pensar que haberla conocido fue el gran acontecimiento de mi vida”.
Seguramente yo no sepa nunca expresarle algo tan lindo a mi Unagi; pero ése es otro factor, el más determinante… el amor. Para vivir feliz es obligatorio estar enamorado. Es el primer miércoles de abril, elijan: Ensayo sobre la ceguera, Las intermitencias de la muerte, El memorial del convento y muchos más, hay que leer y Saramago es garantía, siempre. Bonito día.
