Los placeres cotidianos / 28 de agosto de 2024

Desde muy pequeños, mi mamá nos daba vino con la comida; hoy hablaré de vinos españoles y mexicanos.¿QUE DE DÓNDE AMIGO VENGO? Hablarles del vino significa contar una historia que entrelaza mis dos mundos, dos culturas que coexisten en mí. Como mexicano hijo de ...

  •  Desde muy pequeños, mi mamá nos daba vino con la comida; hoy hablaré de vinos españoles y mexicanos.

¿QUE DE DÓNDE AMIGO VENGO?

Hablarles del vino significa contar una historia que entrelaza mis dos mundos, dos culturas que coexisten en mí. Como mexicano hijo de españoles, en lo que a vinos se refiere, me muevo entre la tradición y la innovación, el respeto por lo antiguo y la pasión por lo nuevo. Desde muy pequeños mi mamá nos daba vino con la comida, ella tenía especial ojeriza por la Coca-Cola. Esta dualidad se refleja perfectamente en los vinos que nos representan. Hoy les contaré algo de los robustos tintos de Ribera del Duero y también de los vibrantes vinos del Valle de Guadalupe, así como de una original competencia desde Galicia y Baja California. Comparando estos vinos me divierto mucho, me entra el doble orgullo de pertenencia y procedencia y acaba por resultar un ejercicio de identidad.

Ribera del Duero, con su larga historia y su tempranillo característico, es una región que simboliza la profundidad de mis raíces españolas. Aquí, donde el tiempo parece haberse detenido entre las viñas que han dado fruto durante siglos, los vinos son una expresión del rigor y la constancia. Crecer en una cultura donde el vino es parte integral de la mesa familiar es entender que en cada copa de Ribera del Duero se encapsulan generaciones de tradición. Los tintos de esta región son testimonios de la tierra castellana, con su clima extremo y su suelo calizo, terruños que producen vinos densos, con cuerpo, llenos de notas de frutos negros y especias, y un toque de madera que les otorga una estructura poderosa.

Pero soy mexicano, y el Valle de Guadalupe me conecta con esa parte mía que busca lo nuevo, lo inesperado. En esta región de Baja California, joven en comparación con las grandes zonas vinícolas del mundo, se respira creatividad y atrevimiento.

Los vinos del Valle de Guadalupe, con sus mezclas innovadoras y su frescura, representan la chispa y la pasión que caracteriza a México. Aquí, los tintos son más ligeros, con una acidez vibrante que les da vida y un perfil aromático que recuerda frutos rojos y un toque herbáceo.

Si Ribera del Duero es la seguridad de lo conocido, el Valle de Guadalupe es la emoción de lo por descubrir. Comparar estos vinos es revisar dos partes de mi sangre. Ribera del Duero es la solidez de mis raíces españolas, la conexión con una historia que me ha sido transmitida con la leche materna. Valle de Guadalupe es la energía y la vitalidad de mi México, un lugar donde las reglas se reinventan y la tradición se mezcla con la innovación.

En el mundo de los blancos, el gallego As Sortes y un Monte Xanic 2014 simbolizan otro aspecto de esta dupla.

As Sortes me lleva a esos paisajes verdes y montañosos, donde el clima fresco y la influencia atlántica producen vinos que son verdaderas obras de arte. Elaborado con uva Godello, As Sortes es un vino elegante y complejo. En nariz, ofrece un abanico de aromas que van desde frutas blancas hasta minerales, con una sutileza que refleja la tradición gallega de hacer las cosas bien, pero sin estridencias.

El Monte Xanic 2014 es una prueba de la capacidad de México para sorprender y deleitar. Hecho con chardonnay, es un ejemplo de la calidad que el terruño mexicano puede alcanzar. Con un perfil aromático que podría incluir frutas tropicales y un sutil toque de roble, este blanco tiene una textura cremosa que llena la boca, dejando un largo posgusto. Aquí, la frescura y la audacia son la norma, reflejando el espíritu innovador de los viticultores mexicanos.

La serenidad del viejo mundo con la energía del nuevo. As Sortes es Galicia en su máxima expresión: refinada, equilibrada, con una profundidad que se revela lentamente.

Este Monte Xanic es el impulso de un país que está descubriendo su lugar en el mundo del vino, con una energía que no se puede contener y una calidad que empieza a rivalizar con los mejores del mundo.

Es miércoles, vivir bien pasa por unos chiles en nogada en Polanco, me late el restaurante Raíz, maridados con un fino de Jerez.

Salud, amigos: vida sólo hay una. Disfrutemos.

Temas:

    X