Los placeres cotidianos / 27 de diciembre de 2023
En nuestro país no se hizo prácticamente nada bien y el mundo está deschavetado
ANNUS NATALICUS…
Hubo de todo en 2023. Nos llenó de miedo; pero, al final, salimos cantando en grupo al son del Annus Natalicus. A mi edad, ir celebrando cada 12 meses la noche vieja e ir entrando con salud a un nuevo año es ya reconfortante per se. A cuatro días de cerrar éste, se me agolpan las mil cosas para agradecer y, no todo es jauja, algún reproche de lo que pudo no haber pasado, o haber sido distinto.
Ante todo, mi 2023 lo señala el linfoma de mi sobrina que, con final feliz, marcó más de medio año de tensión, miedo e incertidumbre; y yo, precisamente con el cáncer no me llevo bien. Me despertó una nueva y mayor admiración por Natalia, por su madre y su hermana, el primer círculo de contención, que afrontaron la pelea con una entereza de guerreras; muy especialmente la interesada, que es mi preciosa heroína de 22 añitos.
Luego, el clan de la Unagi y sus hermanas; por eso la quiero tanto, percibimos las cosas importantes con la misma claridad, su mundo se parece muchísimo al mío y por eso entré en él y ella en el mío con tal naturalidad. Son como muéganos, entregadas, generosas y generosos. Se pliegan ante la que lo está pasando peor y son un muro de aguante y un nido de mimos, todo en uno. Película pinche que venturosamente terminó bien y, ese desenlace, nos hizo olvidar la mala trama.
El cáncer es una desgraciada enfermedad maldita que se llevó a don Abel, maestro y amigo, un peleón de esos irrepetibles. Hace una semana, tomando un whisky con su hijo, le hicimos juntos un homenaje íntimo y recordamos algunas de sus grandezas. Q.E.P.D.
El año pasó muy rápido. Alguna vez, un profesor me decía que la vida se va como el girar de un disco de vinilo, cada vuelta de la canción es más cortita conforme te vas acercando al centro. Coño, esa reflexión asusta un poco. Tuvimos de todo, enormes alegrías, viajes, fiestas, abrazos, bienvenidas a nuevos miembros de la familia: llegó Micaela, guapa y sana como sus padres. Tuve trabajo, salud, muchísimo amor en la consolidación de nuestros planes de vida y futuro. Mis nietos creciendo divinos, mis hijos felices, progresando, y Violeta segura con Noa en camino, que ya la esperamos para febrero y nos comemos las ansias de llenarla de arrumacos, mimos y besos.
Mi maestría va genial. Aprendo y me divierto, mejoro la escritura y leo como un cosaco. Siempre he hecho zaping literario leyendo dos o tres libros a la vez, para irlos entreverando. Ahora ya, en el frenesí lector, traigo seis y hasta siete a la vez y 30 en capilla a la espera de tiempos quietos e insomnios. La nueva novela muy encaminada, saldrá en 2024 y, además de ese propósito primario, 40 o 50 más que me dan razones para vivir… cuidar el peso, hacer ejercicio, hacer lo que me gusta, viajar con la Unagi. Traigo una idea entre las cejas que va a darle jiribilla al 24: quiero hacer un par de amigos nuevos y reencontrarme con algunos de los viejos que tengo un poquito desterrados. Traigo también la ilusión de hacer un par de obras buenas, de esas que reconfortan y sirven de salvoconducto interior contra los propios egoísmos. Parece que, si haces algo por alguien, obtienes unos gramos de perdón por las otras estupideces que cometes con mayor o menor intención. Es muy elegante hacer el bien y no decirlo, pero, aún pecando de mundano, hacer el bien es bueno, aunque por bocazas acabes promulgándolo a los cuatro vientos. Me encantan las fundaciones que hacen bien las cosas y las presumen; porque, con eso, captan y animan a más gente buena dispuesta a ayudar.
En otras penas, me despedí de mi Gandalf, el perro más espectacular que he tenido. Un cariñoso bicho de 80 kilos llenos de amor, un lobero campeón del mundo que se durmió en mis brazos con un cáncer criminal que lo consumió en sólo tres semanas.
Políticamente fue un año horroroso, un annus horribilis, diría mi tía, la difunta reina de Inglaterra. En nuestro país no se hizo prácticamente nada bien y el mundo está deschavetado, pero de esto les hablaré en mi balance del domingo 31. Apuremos las últimas fiestas de 2023. Pidamos perdón para hacer las paces con todos, hasta con Dios y con la vida y, con mi cariño… muy feliz 2024.
