Los placeres cotidianos / 26 de julio de 2023
No he sabido de ninguna universidad donde enseñen la importancia del buen humor
- RÍETE, AUNQUE TE DUELA
Las mejores noches de mi vida han tenido altísimas dosis de risa, tanta, que me he levantado con cruda risueña y hasta dolor en las costillas de tanto reír. Pero no he sabido de ninguna universidad donde enseñen la importancia del buen humor, por más que debiesen mostrar los secretos y vericuetos de la felicidad y abordar desde esa mirada el complejo universo humano, por eso se llaman Universidades. En la familia, parecemos empeñados en transmitir a las nuevas generaciones la importancia de tomarse la vida en serio. Créanme, eso es una patraña. El buen humor, aprendido o absorbido de la experiencia diaria, es una manera distendida y relajada de percibir la vida, que quita hierro al sufrimiento y explota la mayor diferencia que tenemos con el resto de los animales. Ninguna otra especie tiene sentido del humor, nadie más se ríe en el mundo, ya sea con conciencia, con dulzura o con muy mala leche; pero sólo nosotros nos reímos y, por desgracia, nos reímos poco. Y al decir poco, incluyo los cuatro tipos de risa posibles: la natural o espontanea, la física, la inducida e, incluso, la patológica.
Podríamos llegar a la risa en un proceso de tres escalones. Primero, se requiere una situación rara, que haga parecer incongruente lo que sucede, incluso si genera miedo o desconcierto. Después, la preocupación, el estrés que ha provocado la situación debe arreglarse, superarse o quedar resuelta. La liberación real de la risa actúa como una alarma clara para avisar del alivio. La risa podría ser una señal que usamos desde hace milenios para mostrarle a los demás que no se requiere ninguna de las dos respuestas básicas, lucha o huida y que la amenaza antes percibida ha pasado, el peligro da paso a la risa. Por eso, suele ser contagiosa: nos une, nos hace más sociables, marca el fin del miedo. La risa es la confirmación de que nos sentimos en ese momento
a salvo.
No quisiera entrar en los beneficios físicos de la risa, en la liberación de hormonas, en que mejora la postura, que caminas más erguido, que miras con mejor talante, eso, lo daré por sobreentendido y me enfocaré en el ámbito mental, en la parte lúdica y en la vitamina que la risa representa para la felicidad. Nos reímos para ser felices, aunque pensemos que es al revés: no te ríes porque eres feliz, eres feliz porque te ríes. La Unagi, tiene una vena cómica muy mordaz, sabe que su risa me cautiva porque el brillo de sus ojos es luz, porque me contagia su alegría y me llena de ternura; a veces, me despierta un sentimiento más de hermano mayor que de pareja. Mi psicóloga dice que eso es un síntoma de amor maduro, que trasciende la relación puramente sexual o lúbrica y que abre conductos en el espíritu, la doctora Arjona es brava, porque sabe hacerme reír también con su análisis cuasi angelical de mis sentimientos. Ella sabe lo mucho que me gusta la Unagi y lo carnal que puedo ser al mirarla o lo sensual que me parece cuando se desternilla de risa. Por eso insisto en que reír, efectivamente, es un puente directo a la felicidad.
La risa está asociada con la inteligencia, lo primero es saber reírse de uno mismo y no tomarse tan en serio.
Saramago, en un alarde de ironía, dijo una vez: “Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio, que es bueno para mi salud. Pero nunca he oído a nadie decirle a un deportista: tienes que leer”. Lo contrario al buen humor es el drama y los dramáticos son seres difíciles de soportar, viven encabronados y creen que su dramatismo les da un aire superior sobre el resto de los mortales, que sus penas son únicas o más grandes que las de los demás, que tienen razones de sobra para ser tristes y que los que reímos, lejos de ser inteligentes somos irresponsables o vacíos. El dramático no tiene conciencia de su entorno, es negativo por naturaleza, es infeliz, porque se miente a sí mismo y trabaja en lo que no le gusta, se acuesta con quien no le gusta y, en definitiva, vive una vida que odia. Disfrutemos la risa, aunque duela… bonito miércoles.
