Los placeres cotidianos / 24 de julio de 2024

Mis amigos son seres brillantes, lúcidos pensadores, inteligentes y ávidos buscadores de la grandeza.

Las malas compañías

Dicen que uno es el promedio de las siete personas que más frecuenta. Yo intimo con algunas más. Si eso es cierto, puedo confirmar que soy el resultado de una mixtura de diversión, emoción y una pizca de insensatez. Mis amigos son seres entrañables y malvados, que han hecho de mí mucho de lo que soy hoy: un bicho un poco más viciado, más loco e irreverente, pero, también, infinitamente más feliz. Pero sería injusto dejarlos sólo en eso; mis cuates tienen, además, una cara de luz. No todo es sombra y desmadre. Mis amigos son seres brillantes, lúcidos pensadores, inteligentes y ávidos buscadores de la grandeza; pero, por encima de todo, son buenos. Aunque me jode jugar el juego del lenguaje inclusivo, me siento obligado a explicar que tengo entre mis amigos a mujeres fascinantes; mis amigas entrañables, debería decir, y entran de lleno en esta glosa.

Mis aliados suelen ayudarme en la labor de sumergirme en la deliciosa anarquía de la vida nocturna. ¡Y vaya que lo consiguen! Es común que nos encuentren, copa en mano, brindando por la próxima aventura, la próxima resaca o el próximo error memorable. Mis amigos son expertos en la diversión desmedida, tienen un talento único para encontrar los bares más escondidos, los tragos más exóticos y las fiestas inolvidables.

A mis colegas les tiene que gustar comer bien, porque es en acaloradas sobremesas donde se acercan las inteligencias y se discuten las grandes soluciones del mundo; o se llora por una pena con sincero acompañamiento o se ríe por una dicha que se contagia, y se canta, y se baila. Se agradece a la vida la bendición de habernos hecho coincidir. Mis amigos tienen capacidad para convertir cualquier noche en una anécdota digna de ser contada. Desde el que quiere cantar en el karaoke haciéndolo de pena hasta el que siempre acaba perdiendo algo (a veces la dignidad);

cada noche es una página nueva en nuestro libro

de travesuras.

Mis amigos me conocen mejor que nadie; saben cuándo necesito un trago, una risa o, simplemente, un hombro en el que apoyarme. Y yo, hasta donde me da el cacumen, hago lo mismo por ellos, sin dudarlo. Así que sí, confieso que mis amigos me han pervertido. Me han llevado por caminos de excesos y risas, de errores y aprendizajes. Pero no los cambiaría por nada en el mundo. Porque en esas noches de fiesta y en esos días de resaca he encontrado a las personas que más quiero y que más me quieren.

Serrat, que es siempre mi referente, lo plasma de manera excelsa en una canción. Les dejo aquí la letra de Las malas compañías.

Mis amigos son unos atorrantes / Se exhiben sin pudor, beben a morro / Se pasan las consignas por el forro / Y se mofan de cuestiones importantes / Mis amigos son unos sinvergüenzas / Que palpan a las damas el trasero / Que hacen en los lavabos agujeros / Y les echan a patadas de las fiestas / Mis amigos son unos desahogados / Que orinan en mitad de la vereda / Contestan sin que nadie les pregunte / Y juegan a los chinos sin monedas / Mi santa madre / Me lo decía / “cuídate mucho, Juanito / de las malas compañías” / Por eso es que a mis amigos / Los mido con vara rasa / Y los tengo muy escogidos / Son lo mejor de cada casa / Mis amigos son unos malhechores / Convictos de atrapar sueños al vuelo / Que aplauden cuando el sol se trepa al cielo / Y me abren su corazón como las flores / Mis amigos son sueños imprevistos / Que buscan sus piedras filosofales / Rondando por sórdidos arrabales / Donde bajan los dioses sin ser vistos / Mis amigos son gente cumplidora / Que acuden cuando saben que yo espero / Si les roza la muerte disimulan / Que pa’ ellos la amistad es lo primero.

Brindo por ellos y por ellas, y agradezco al universo lo suertudo que soy por tropezarme con personas tan elevadas. Desde las amistades sanguíneas, mis hermanos y mis primos, las que vienen desde la niñez, las de origen y las de destino, las más viejas y las más recientes. Las que nacen en un tropiezo y las que, seguro, aún están por encontrarse. Feliz miércoles, amigos.

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