Los placeres cotidianos / 24 de enero de 2024
Una de las canciones de Luis Eduardo Aute viene a colación con mi texto de hoy, en el que abordo el cine.
¡Cine, cine y Shameless!
Entre los grandes cantautores iberoamericanos de los últimos cien años, en mi opinión, además del gran Sabina o Patxi Andión, de los cubanos Rodríguez y Milanés, de los argentinos Páez, Cortez o Calamaro, del maestro de maestros Joan Manuel Serrat, mi superfavorito, “merecedor de un Nobel de Literatura por ser equiparable en español al galardonado Bob Dylan en inglés”, de entre estos excelsos cantantes y escritores al lado de tantos otros que obligatoriamente tengo que dejar sin mencionar aquí, hay uno que, en temas de romanticismo, me sublima el alma; hablo, lógicamente, de Luis Eduardo Aute. Una de sus canciones viene a colación con mi texto de hoy. Cine, cine, cine/ Más cine, por favor./ Que todo en la vida es cine./ Que todo en la vida es cine./ Y los sueños./ Cine son.
Traigo en los últimos dos o tres meses unas desveladas de quinceañero. La maestría me trae a pan pedir con lectura crítica, una asignatura que me obliga a devorarme dos y, a veces, hasta tres libros por semana; todos maravillosamente bien escritos, una selección magistral; por la que me reafirmo en el aplauso y agradecimiento a mi maestro Carlos Castán, también enorme escritor, quien hace las selecciones y califica el esfuerzo y la opinión. Pero, como en todo, hay niveles, unos son de esos que te picas y se convierten en el verdadero placer goloso de las grandes novelas y, otros, muy buenos también, pero con ese saborcito a pesadez que tienen los libros pasados de intelectualidad, ¡vamos!, que requieren afrontarse con su ten con ten. Pues, cuando me canso de leer, me desentumo con dos o tres capítulos Shameless, de tal manera que vengo apagando la luz a las cuatro o más y traigo mucho sueño atrasado. Ya me repondré, a este mundo no se vino a dormir, por más que a mí me resulte un placer de los grandes. Qué contreras soy, ahora resulta… Leo, veo mi serie y duermo poquito, además le convino otros placeres: un gin fizz o un manhattan y unas palomitas o, peor, un café expreso con un Maestro Dobel frío y, en ese caso, en vez de maíz, trufas de chocolate. Para colmo de atascado, me encanta el cine y, salvo un par de excepciones que corregiré este fin de semana, de las nominadas al Oscar me las he chutado todas. Hay mucha altura este año, no me molestarán las decisiones, si pudiera influir, la extranjera que seleccionaría sería La sociedad de la nieve, de España, para J.M. Bayona. El de fotografía para nuestro paisano Rodrigo Prieto por Los asesinos de la Luna. Luego, mi menos favorita es Barbie y la que veré el sábado es Poor Things, que me la han puesto por las nubes y aún no puedo opinar.
Les prometí hablar de Shameless… me descoloca, es una apología a lo cutre, un guion superlativo que señala una sociedad enferma y lo hace desde la desvergüenza, el humor y la desfachatez de mostrar con mucha crudeza algo que está ahí y nos negamos a ver. La historia original se recreó en Manchester, Inglaterra, y la adaptación es en un suburbio de Chicago. Las actuaciones son espléndidas, por momentos te trasladan a sus personajes y te contagian su dolor, rabia, frustración, pobreza moral y esa largura estomacal, esa coraza que da el hambre para enfrentar lo sórdido desde una mezcla de resignación valemadrista y un barniz de ironía. Cuando una situación está ya en el límite de mi tolerancia, cuando creo que no pueden estirarla más y que la bajeza o el desamparo son insuperables, aparece una vuelta de tuerca en la historia, un giro que, sin resultar forzado, te aprieta el corazón, te pone un punto en la boca del estómago e instantes después te hace estallar en carcajadas. Es fuerte, tiene escenas duras, algo de sexo más o menos explícito, es políticamente incorrecta, siempre. Tienen que verla.
Es miércoles, buen día para cortar la semana, disfruten de una fuga, aunque sea pequeñita, no todo puede ser trabajar y ser responsables, una mínima travesura le da color a la vida.
Feliz mitad de semana. Mañana se estrena Poor Things. ¡Vamos al cine!
