Los placeres cotidianos / 24 de abril de 2024
Me siento bien, un adulto experimentado, hambriento de emociones y abierto a nuevas vivencias.¡LO BUENO SIEMPRE ESTÁ ADELANTE!El viernes cumpliré años, un montón. Todavía no como para jubilarme, pero ando cerca. Muchas personas me ven ya como un viejo, ...
Me siento bien, un adulto experimentado, hambriento de emociones y abierto a nuevas vivencias.
- ¡LO BUENO SIEMPRE ESTÁ ADELANTE!
El viernes cumpliré años, un montón. Todavía no como para jubilarme, pero ando cerca. Muchas personas me ven ya como un viejo, afortunadamente, no todas. Venturosamente, yo no. Me siento bien, un adulto experimentado, hambriento de emociones y abierto a nuevas vivencias. No soy un chavo y no me engaño pretendiéndolo. Que ya he vivido de todo, pues, verá usted, de todo, de todo… no. Me faltan millones de risas, mil aventuras, muchos viajes, algunas experiencias y hasta donde me dé la congruencia trataré de no negarme a vivirlas. Ya no confundo anhelos con sueños, tengo claras las metas y los destinos. Sé cuándo y con quién. Me gusto y no aceptaré la falsa modestia como arma de empatías forzadas; me caigo bien, soy un buen tipo, honrado, derecho, no soy un santo, pero estoy lejos de ser un mal hombre. Me he llevado mis golpes, me he caído muchísimas veces, he pisado la lona en casi todos los ámbitos. Al conocer la derrota se le va perdiendo el miedo y se asume como etapa forzosa de crecimiento; también se le quitan fanfarrias al éxito y se mueve uno bien en la calma, en la paz y en los placeres del día a día, esos, los cotidianos, a los que uno se va acostumbrando al ir viviéndolos. Conocí la más dura de las tragedias, me hizo un poquito más sabio, pero es una factura tan cara que no vale la pena pagarla, es preferible no vivirla, aunque sin ella seas un pelín menos docto. No tengo enemigos y, aunque los tuviera, a nadie puedo desearle una pena tan grande.
Algo habré hecho bien para tener lo que tengo, soy millonario en amores, protagonista de tantas aventuras y dueño de algún corazón que, inexplicablemente me quiere y me considera. Aún conozco a un par de locos que me respetan, y tengo a mis hijos, a mis nietos, a mis hermanos, cuñados, mi familia, tíos, sobrinos y amigos que cuando me hicieron falta estuvieron atentos a echarme la mano. Tengo a la Unagi que, en su inocente inteligencia, en su apacible dulzura, piensa que tuvo suerte al cruzarse conmigo y, lo agradece. No debo desengañarla, quizá nunca se entere de que soy yo el bendecido y el único que debe morirse agradeciendo, por ella y por lo que con ella vivo. Tengo mi chamba, mis pequeños ingresos, el placer de escribir, la osadía para seguir estudiando, la humildad de reconocerme inexperto y ávido de saberes; esto me hace pensar que estoy joven y que puedo cubrir mis arrugas con esa ambición de aprender, de seguir creciendo, caminando sin certezas fanáticas, dispuesto a cambiar si con ello mejoran mis días y los de quienes tengo cerquita. Todavía me levanto con ganas, animoso. Se me antojan mucho los besos y los te quiero. Me van bien los caprichos que me doy en la mesa y mis wiskis de pura malta, mis tequilas y mis vinos, ya casi nunca me excedo porque las resacas se me hacen más largas y me canso de arrepentirme; ya sólo me pongo chachalaco cuando lo amerita el momento, la ocasión y la compañía. Pocas veces, pero muy buenas.
Me cuido más, camino y vigilo la dieta, intento no robarle horas al sueño y me regalo una siesta cuando algún libro me ofrece el insomnio y gozar de sus páginas en la desvelada. He rebajado mis ambiciones, me conformo con menos, especialmente en el dinero, no hace falta tanto. En lo demás quiero siempre otro poco, sobre todo en el tiempo, que se vuelve a estas horas la más codiciada mercadería, el tiempo lo es todo. Mi frase favorita sigue siendo esa máxima que dice: “Estoy tratando de vivir para siempre y, de momento… lo estoy logrando”. Quiero mantener el movimiento, seguir agitándome ante un partido del Barça, llorar con una buena película, emocionarme y morir de envidia ante las letras de un texto bien escrito, mantener la capacidad de sorpresa, admirar la belleza donde se encuentre, seguir poniéndome chinito bajo la luna en la playa, bajo las estrellas de mi pueblo, caminando en el bosque con ella a mi lado, jugar con mis perros y abrazar su ternura sin precio. Tener muchos planes a medias y vivir seguro de que lo mejor aún está un poco más adelante. Feliz cumpleaños, Miguel.
