Los placeres cotidianos / 13 de septiembre de 2023

Con eso de que estoy aquí por prescripción facultativa, con la indicación médica, la hueva adquiere visos de salud y cuidados paliativos

NO SÉ SI QUIERO VIVIR CIEN AÑOS

Mis doctores me mandaron a casa con claras instrucciones de reposo y, obediente como soy, aquí estoy, pero no del todo ocioso. Los días se hacen largos si no te organizas y si no distribuyes sus horas en actividades previamente planeadas.

Con un mínimo desgaste físico se puede pasar el tiempo atendiendo al mandato de reposo, recuperando con ello el cuerpo y alimentando la mente y el espíritu. Le he dedicado muy poco al trabajo y he ganado la batalla de las culpas, con eso de que estoy aquí por prescripción facultativa, con la indicación médica, la hueva adquiere visos de salud y cuidados paliativos.

No puedo quejarme, pero no hay nada como la normalidad y los días comunes donde se te escapan las horas y se te quedan cosas pendientes por falta de tiempo. Cuando sobra tiempo, falta actividad, y en la falta de actividad aparecen las garras del aburrimiento y, son o suelen ser muy malas compañeras. Sobra decir que estoy siempre en deuda con la lectura, entre mis libros por placer y los obligados por mi deber académico ando siempre con siete u ocho en capilla.

Estos días le di una oportunidad a Zunzunegui y me trae picado con su visión de la historia de México. Es muy entretenido, es fresco; a veces, un poquito irreverente, pero siempre aporta un punto de vista documentado y honesto. Sólo lo conocía de oídas, nunca me había adentrado en sus libros. Es bueno el señor, muy bueno y, lo estoy disfrutando.

Tres películas en tres días tampoco es un mal promedio en mi disfrute cinéfilo, vi en compañía de la Unagi, la película que produce el guapísimo aspirante a presidente, Eduardo Verástegui, no es El Padrino, pero está muy buena, el tema es duro y está tratado con rigor, a mi juicio le sobra la moralina final, pero, aun así, podría recomendarla. No sé cómo este señor no se dedica de lleno a este trabajo en vez de andar haciendo pininos de político; con su candidatura independiente sólo le quitará unos cien o 200 votos a Xóchitl, serán poquitos, pero todo suma; me enfada esa búsqueda de notoriedad tan bananera. Vi en Netflix una historia dirigida por Isabel Coixet, una mujer que admiro mucho. Se trata de La Librería, la peli es lenta, profunda, bien escrita y muy bien actuada, un caramelito inglés para media tarde. También con mi novia vimos el domingo un thriller de Países Bajos. Cada vez me gusta más el cine europeo, se trata de Siempre fiel, la considero entretenida y también recomendable, no conocía a ninguno de los protagonistas ni había visto nada de su director, André van Duren, pero te pasas un par de horas muy a gusto.

Ya metido en cama y haciendo alarde de reposo absoluto, puse en la tele Vivir cien años, Los secretos de las zonas azules. Un documental de cuatro capítulos, para chutártelo en un tirón, parece que no aporta nada nuevo, pero, va marcando las razones que justifican la longevidad en algunas zonas muy específicas de la tierra. Obvio, la alimentación, el ejercicio suave, pero casi sin darte cuenta te lleva a entender otros factores de igual o mayor importancia, el amor, la paz interior, la familia, la compañía, la pertenencia a una iglesia, un gran club o un culto, la eliminación de estrés, el vino y el ocio. No voy a desvelar los secretos al completo, pero vale la pena verlo. No estoy seguro de desear vivir cien años, dependerá, desde luego, del estado en que me encuentre, jodido, desde luego no, pero mentalmente sano, acompañado y querido, puede que sí. No me negarán que no es, al menos, tema de debate. La independencia económica, la salud mental acompañada de la autosuficiencia física, la lucidez para mantener ilusiones y sueños por cumplir, la capacidad de disfrutar cosas, la comida, la compañía, la conversación, el descanso, esos son alicientes para poder convencerme de querer vivir cien años, pero si las cosas no van así, soy de los que creen en la muerte digna, en que es preferible irse a tiempo. Bueno, es miércoles, que no se nos vaya nadie y que podamos disfrutarnos mucho tiempo. Feliz mitad de semana. Ya viene El Grito, pocas ceremonias me resultan más aburridas y su trasfondo sigue siendo un enorme alimentador de complejos nacionales, en fin, ¡Viva México!

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