Los placeres cotidianos / 13 de agosto de 2023
Voy al pasado a recargar la energía en mi origen y en mis muertos, es una manera de mantener viva la añoranza, de no dejar escapar la raíz...
Volando ando…
Los que estamos llenos de sueños, generalmente somos unos locos y personas de poco fiar, sin embargo, no nos traicionamos tan fácilmente y acabamos por sacar jugo de esa demencia concertada que nos permite esconder un poco las feas realidades. Aunque no las desaparece ni nos lleva a la inconsciencia de creer que estamos en Jauja. Lo feo es feo y ahí está. Siempre acechando, por eso es tan vital poder huir un poco. A veces, quiero volar para hacerle justicia a ese juego de seguir sintiéndome loco. Se me suben las cocciones de planes y anhelos, la mente se me acelera y viajo desde mi adentro, literalmente alzo el vuelo y me voy. Es un soñar despierto del que obtengo resultados de investigación, informes que se convierten en materia prima de mis textos y alimento de mi espíritu, siempre inquieto y fisgón. Muchas de esas aventuras, que administro en mi cerebro como verdades incontestables, son después realidad, ya sea porque se cumplen ciertamente o, porque decido reconocerlas así y las acepto como reales.
Siempre me voy, aunque también me quedo. Mis viajes son travesías que, aunque sólo están en mi cabeza, gozan de un realismo complejo, en ellos percibo aromas, detalles y movimientos, decido con quién viajar, la ruta, el lugar y el tiempo. Pueden ser infinitas lunas de miel con la Unagi, o viajes a la infancia, donde encuentro a mis padres y con ellos entablo conversaciones profundas, todo se impregna del olor de las patatas fritas o el arroz con leche de mi mamá. Tal como les cuento, voy al pasado a recargar la energía en mi origen y en mis muertos, es una manera de mantener viva la añoranza, de no dejar escapar la raíz, de reconocer mi historia, esta misma que muta, porque se adapta, quizá porque me miento un poquito, pero en el fondo acabo por preguntarme: ¿A qué verdad quiero acercarme?, a qué más puedo aspirar sabiendo que soy el único dueño de mi memoria. En ocasiones, la pereza creativa me lleva a situaciones ya vividas, a verdades remasterizadas en mi cerebro y más o menos complacientes; otras, soy incluso capaz de imaginar momentos nuevos que suceden con absoluta naturalidad en los más viejos recuerdos. Hay uno que no he logrado, intentando traer a mi hija a la actualidad, no he sabido hacerla crecer y cambiar. Sea cual sea el tiempo en el que recree una visita con Eugie, ella permanece en mi mente sin alterarse, tal como era cuando se fue.
Otros días mi vuelo es aventura y por ello más incierto, trato de conducirme a lo aún no vivido, son una mezcla de promesas a mí mismo con decretos al universo, y me sirven después de guía para organizar mis deseos. Siempre son viajes felices, porque imagino lo bueno, porque me aferro a pensar que está siempre pendiente el mejor momento. Voy, y veo, y siento, huelo, disfruto, lo vibro, lo vivo y vuelvo. Creo que esa capacidad de irme hacia adelante es la piedra angular de mi optimismo, es la estructura de mi pensamiento en positivo la que me hace disfrutar dos veces mis sueños, cuando los planeo y después cuando los vivo. Es cierto que esa expectativa creada provoca también algunas zozobras, porque es fácil sufrir la decepción de lo que no se cumple. Cada uno debe administrar sus golpes y sus utilidades, a mí me compensa sufrir alguna decepción a cambio de tanta dicha como proyecto en mi futuro.
No soy nadie para dar consejos, ni siquiera voy a intentarlo, pero hablando para mí, me incito a no cejar nunca en estos momentos de fuga, voy y vengo en el tiempo, voy y vengo en el espacio, lo gozo, lo vibro y de ahí me nutro y me fortalezco para aguantar después los momentos más pinches, cuando se tuercen los vientos y parece que los sueños, simplemente, no se cumplen. Confiemos en el anhelo, vamos siempre adelante. Suerte, sí, suerte, pero en la medida de lo posible, al azar también hay que hacerle la cama. Otra manera de viajar, quizá menos peligrosa es a través de un libro, viajemos y leamos… Feliz domingo.
