Los placeres cotidianos / 10 de marzo de 2024
Hacer el bien genera un tipo de satisfacción inmediata y coloca la mente en un estado de encuentro positivo consigo misma
¡SER BUENA PERSONA ES BUEN NEGOCIO!
El profesor Richard Davidson, psicólogo y psiquiatra de la Universidad de Madison, Wisconsin, demostró en estudios recientes que la base de un cerebro sano es la bondad, pero, además, se puede entrenar. Basó la investigación en las bases neuronales de la emoción y cómo promover el florecimiento humano desde la ciencia. Usando la meditación, y algunas otras prácticas contemplativas. Es el presidente del Centro de Investigación de Mentes Saludables donde se realizan estudios muy serios con rigurosidad científica sobre las cualidades positivas de la mente, tales como la amabilidad y la compasión.
Es la primera vez que un estudio científico centra sus esfuerzos en palabras nunca sometidas a tal valoración: amabilidad, ternura, compasión y empatía. Hay enormes diferencias entre las unas y las otras, mientras que la empatía es la capacidad de sentir lo que sienten los demás, la compasión es un estado superior, es crearte el compromiso y buscar las herramientas para evitar el sufrimiento del prójimo y del tuyo mismo. Los circuitos neurológicos que llevan a la empatía o a la compasión son distintos. La ternura forma parte de los circuitos de la compasión y una de las revelaciones más importantes de este gran trabajo es que tanto la empatía como la amabilidad y la ternura se pueden entrenar a cualquier edad. Estimulando la ternura en los niños y en los adolescentes se mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud. Para entrenarlos los invitan a poner en su mente a una persona próxima a la que aman, que revivan una época en la que ésta sufrió y que traten de cultivar la aspiración de librarla de ese sufrimiento. Luego les van ampliando ese foco hasta personas que no les importan y, al final, a aquéllas que les molestan. Esto reduce de manera importante el bullying en las escuelas.
Desde un punto de vista menos académico, más propio de este simple ciudadano que les escribe, sin capacidades o conocimientos médicos para entrar a debatir sobre neurotransmisores o circuitos neuronales; desde la simple observación y el hecho de ser persona honrada, puedo atreverme a decir que la bondad es uno de los alimentos más nutritivos del alma feliz. Hacer el bien genera un tipo de satisfacción inmediata y coloca la mente en un estado de encuentro positivo consigo misma. Por eso, siempre me ha parecido que todo acto de generosidad tiene en el fondo un poquito de egoísmo. Damos porque dar reconforta.
La bondad va creando campos de alegría en el corazón, tiene un componente magnético que suele atraer más bondad. Ser bueno enriquece precisamente por eso, porque las energías giran en la misma frecuencia. Si estás jugando con fuego siempre, irreversiblemente acabarás quemándote, si por el contrario ayudas, eres generoso, empático y amable, acabarás por atraer a tu vida a personas con esas mismas cualidades y, no es necesario explicar que esa atracción está cargada de beneficios.
En las relaciones de pareja, también influye la bondad y la generosidad. En las relaciones amorosas el más alto nivel de cercanía que se puede lograr es cuando tu felicidad descansa en la intención plena y la dedicación de toda tu capacidad puesta al servicio de hacer feliz al otro. Con eso generas una burbuja de placer que disfruta enormemente quien lo recibe, en primera instancia desde el plano sensorial y físico, aunque también en el emocional o romántico. Pero lo gozas tú, si cabe, con una potencia mayor, desde la vibración sentimental y espiritual. El amor, combustible de todas estas energías positivas, es imprescindible en la felicidad, grandes profetas lo han avalado a lo largo de los siglos, amar y ser amado, todo lo demás sobra.
Es domingo, estoy contento, me aguanté y hoy no hablé de política, está de pena ajena. Mejor amémonos todo lo posible, es bonito y, como he tratado de explicar… también muy rentable.
