Los placeres cotidianos / 1 de octubre de 2023

Yo puedo equivocarme, pero si cualquier humano no le gusta a mis perros, entonces sí enciendo todas las alarmas.

¡TE QUIERO MÁS QUE A MI PERRO!

La declaración es potente, precisamente porque a los perros se les puede querer con mucha facilidad más que a cualquier persona, porque de ellos se recibe una suerte de amor incondicional que es muy complicado encontrar en un ser humano. Siempre creí que había en esta afirmación un deje soberbio o un desfase de sentimientos ya que pareciera lógico decantarse primero por nuestra misma especie, pero está científicamente probado que la afirmación de mi sentimiento no sólo es correcta, sino también muy común. Mario, mi hermano, dice que no hay en el mundo 25 personas que pudieran competir en el cariño que siente por su perrita. Pensé que exageraba al decirlo, no, es una afirmación honesta.

Vivimos en un mundo muy violento y somos víctimas de miles de impactos diarios de información sobre agresiones y actos de crueldad y es natural que desarrollemos una debilidad primaria hacia los niños y las mascotas, porque las consideramos inocentes y despiertan nuestro instinto de protección. Entre la Unagi y yo tenemos ocho perros. ¿Si no me parecen muchos? puede ser, pero me lo cuestiono poco, seguramente algún día tendremos más; porque nos encantan, los adoramos y porque nos regalan momentos de total dulzura y nos hacen sentir queridos, incluso imprescindibles y, a cambio, piden muy poquito. De los ochenta kilos de Gandalf al kilo y medio de Clementina hay una distancia enorme, pero los dos tienen la misma capacidad de dar cariño y compañía. Los perros comunican muchos sentimientos con su lenguaje facial, abren más los ojos, fruncen el hocico, hacen miradas lánguidas o vivaces, demuestran alegría, pena o tristeza con total transparencia y una vez que te ponen en el centro de sus vidas, estarás ahí para siempre.

No quisiera ser tan categórico, pero las personas a las que no les gustan los perros me resultan poco confiables y yo puedo equivocarme, pero si cualquier humano no le gusta a mis perros, entonces sí enciendo todas las alarmas, ésa es, sin duda, una persona peligrosa. Julio Cortázar, uno de mis escritores favoritos de todos los tiempos, escribió sobre el amor a las personas una hermosa comparación con el cariño a un gato: “Querer a las personas como se quiere a un gato, con su carácter y su independencia, sin intentar domarlo, sin intentar cambiarlo, dejarlo que se acerque cuando quiera, siendo feliz con su felicidad”. Con todo el respeto y la admiración que le guardo al maestro argentino, yo cambiaría esa visión del cariño por esta otra, que ni siquiera puedo considerar mía, porque seguro alguien más la pronunció antes que yo: “Quiéreme como quiere un perro, sin juzgarme, sin medias tintas, con la lealtad a prueba de fuego, con la fidelidad absoluta y sin condicionante alguno”. Ese amor a un gato me parece distante, frío, poco comprometido, casi puede entrar dentro de ese juego tan actual de los desapegos, esa mirada relajada y poco comprometida por la que me he posicionado siempre en contra. Soy más del estilo apasionado, de los amores que llegan a doler porque marcan, porque sangran, y esa pulcritud de distancia que pide un gato, ni la exijo para mí ni soy partidario de ofrecerla, corro el riesgo de confundirla con desinterés.

Lulú distingue el sonido de mi camioneta, me oye llegar y antes de que abra el portón del edificio, ella empuja la ventana, salta al jardín y viene a recibirme a la calle, tendría que regañarla, eso no está permitido, pero me enterneció tanto que no fui capaz de reprenderla, ahora para evitar que eso se repita cerramos la ventana con seguro. Baldomero está a dieta, desde que lo adopté duplicó su peso y es un pug tan feo como goloso y en esa fealdad radica su encanto, sabe que soy débil y cuando acaba sus croquetas me mira, inclina su cabeza y llora; con medio puñadito extra me hace una fiesta que bien vale el día. Quiéreme como quiere un perro, te juro que intentaré quererte igual. No se me ocurre una frase de amor más poderosa. Bonito domingo, querámonos mucho.

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