Los placeres cotidianos / 1 de diciembre de 2024

Soy un hombre afortunado porque me rodean muchísimas energías positivas, me sobran los sí

EL AMOR ES UN SÍ SOSTENIDO. SI#

El jueves la Unagi y yo nos personamos en casa de Linda y de Abraham para celebrar un cumpleaños. Qué bonito es festejar. Su pequeña Esther, la cumpleañera, nos regaló un concierto cantando más de doce piezas de musicales famosos. Con una voz educada como pocas, llenaba el salón con su sonrisa, mitad inocencia y mitad satisfacción. Se dejó acompañar por sus maestros al piano y en dos ocasiones tuvo a su papá haciéndole coros. Mi amigo Abraham tiene una familia gloriosa, con una esposa que rezuma elegancia, dulce, brillante e inteligente y unos hijos amorosos que le llenan el jardín con los trece nietos que son su locura; yo, aunque sólo tengo tres entiendo su fascinación. Tiene además dos frases que me enamoran, la primera un pelín distante de mi estilo, pero muy profunda oída de sus labios: –Las dos cosas más importantes en mi vida son Dios y la familia. En la segunda frase me habla de la razón para salir de la cama cada día: –Me levanto todas las mañanas con dos objetivos: ser feliz y ayudar a los demás. Con personas así, es fácil comprender la fuerza amorosa que vibra en esa casa.

Me contó que hace 40 años decidió apuntarse en un coro comunitario determinado, sólo porque al entrar había un póster que decía, “el amor es un si sostenido”. Me traje la frase a casa y la desmenucé con mi Unagi, nada más profundo, el amor es sostener el sí. Vino a mi mente una canción de Antonio Orozco (otra de las ventajas que me regala mi novia, me actualiza en música con sus playlist de carretera).

“Nos faltó una noche de franela”… y después de treinta versos rotos de faltantes y sobras se lamenta por las quinientas veces que dijeron que no. “Y sobraron los veinte puñales. Y es que a veces la vida no atiende a razón. Y entre sobras y sobras me faltas. Y me faltan las sobras que tenía tu amor. Y sobraron las quinientas veces que dijimos que no”.

El amor es una energía que lo mueve todo y mantenerla ardiendo es mucho más que convivencia y buenas intenciones, el amor demanda trabajo, dedicación, enorme capacidad de perdonar y saber pedir perdón, la visión clarificada de lo que queremos y con quién. Amar es tan maravilloso que paga con creces los sacrificios que exige. El amor no puede medirse sólo en el ámbito romántico o de pareja, el amor es un sentimiento universal que debe aplicarse en las relaciones vitales, con la familia, con los amigos, con otras personas, con los animales, con las ideas y con los sueños, con el trabajo, con las ilusiones, con las metas y las decisiones para ser felices. El amor es una necesidad fisiológica, es tan trascendente como respirar. Para amar hay que empezar por uno mismo, quererse implica cuidarse y mantenerse bien; sólo si estamos bien podemos proyectar y ofrecer amor a los demás y a la vida. Es un sí sostenido. Sí te perdono, sí te quiero, sí te necesito, sí me la juego contigo. Sí, muchos sí que enriquecen el camino.

Soy un hombre afortunado porque me rodean muchísimas energías positivas, me sobran los sí, me quieren muchas personas y algunas me quieren mucho, se me llena la vida de cariño porque yo también quiero mucho a muchos y, a unos pocos, los quiero como vivo y gasto, por encima de mis posibilidades. Me puse meloso el jueves y aún me dura, no me arrepiento, es una sensación que conviene mantener prendida. No soy nadie para dar consejos, qué hueva, los inteligentes no necesitan mi opinión y los palurdos no van a escucharme, pero puedo al menos recomendar abiertamente: no dejen pasar un día sin decir sinceramente: “te quiero”. Abracen, acaricien, digan te quiero, digan que sí. La tía María me regaló El niño que perdió la guerra, de Julia Navarro, y lo estoy disfrutando, es un tocho de 640 páginas, pero está muy bueno.

Feliz domingo. Los quiero.

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