De política y cosas más sucias

No me extrañaría ver a Nicolás Maduro vistiendo de terciopelo rojo, ribetes dorados y con su barba blanca.

Cuento de Navidad... puro cuento

El impresentable dictador venezolano, el ignorante Nicolás, pretendiendo emular a su santo homónimo le quiere regalar a su pueblo el anticipo de la buena nueva, de la Nochebuena y, ya encarrerado, de la llegada de los regalos y la felicidad navideña. Es tan hortera que no me extrañaría verlo de terciopelo rojo y ribetes dorados con su barba blanca haciendo aún más el ridículo. Pobre jalabolas.

“A todo hay quien gane”,  decía mi madre, y con ello marcaba que no se puede ser el mejor en nada, ni el peor tampoco; te pongas en la línea que te pongas, alguien habrá que te supere. De momento, Maduro es insuperable.

No me está gustando nada lo que veo, se me están desconchinflando mis anhelos de cambio, el primer día, vale, una aduladora cantaleta para el caballero macuspano. E ingenuo como soy, pensé: “Con esto paga el ticket y ya empezará a ser ella”, pues no. Se le parece mucho y eso no puede más que preocupar. La visita a Acapulco tuvo el mismo estilo del expresidente, mucha rumba en la ida por carretera, encierro al abrigo de la Marina y regreso en helicóptero. Y los damnificados, de ésos no hay razón. Acapulco está peor que con Otis y, ahora, además con los fifís menos interesados en apoyar, porque por encima, nos regañan y se roban lo que donamos.

Ante la primera masacre, en la que el Ejército ametralló camionetas repletas de migrantes, se confundieron, parece. Al menos la Presidenta empezó por reconocerla, y no le causó hilaridad. Habló de castigar a los culpables y mencionó también juicios civiles, no militares. Bien, una buena.

Lo del golpe guango fue innecesario, si tuvo el talante y la clase para saludar a Norma Piña en la toma de protesta, debió mantener esa línea de respeto ante la decisión de admitir el caso de la nueva ley a estudio por parte de la Suprema Corte de Justicia. Sobre todo, sabiendo, como seguro sabe, que, más pronto que tarde, se hará todo como a ella se le cante el chongo. Tienen tan abrumadora mayoría que, si lo hacen bien, pueden hacer lo que quieran, sólo necesitan seguir la receta de Luis Fonsi y hacerlo Despacito.

En otras humedades, Milton se pone tontito y le da por fortalecerse, ojalá mantenga su ruta y no se nos acerque más de la cuenta. Hizo pupa en Yucatán, pero de momento no parece tan grave. Bueno, habrá que empezar a reconsiderar qué entendemos por grave en este México nuestro. El asesinato del alcalde de Chilpancingo, Alejandro Arcos Catalán, una muerte salvaje, apenas fue noticia suficiente para ocupar algunas primeras planas; para la magnitud del hecho, poca cosa. Hemos normalizado la barbarie, matan al alcalde de la capital de Guerrero, no era morenista, no es noticia. Caray, ¡cómo está el patio! Seis días le duró el cargo, eso fue lo que tardaron en eliminarlo. Claro, si consideramos que aquí aumentan los homicidios, pero la seguridad está mejor, ya no sabe uno a qué atenerse. ¡Qué miedo! Si la guerra abierta en Sinaloa se considera culpa de los gringos que vinieron a mover el avispero, en fin, ya nada me escandaliza.

Hablando de cosas más dulces, ayer vimos la película La petite, dentro del tour de cine francés, un poema de ternura, un verdadero peliculón, al menos para mi estilo, lenta y profunda.

Hoy, previo secuestro de mi novia, para tomarnos la tarde de pinta, me la llevaré a ver Bernadette, La esposa del presidente, con Catherine Deneuve; con ella de protagonista la garantía es total. Lo bonito del cine es que te regala dos horas sin pensar en la navidad de Maduro, y el subconsciente se aferra a que algo pasará para que no se salga con la suya. Es muy pronto para desmoralizarme con la doctora, todo puede mejorar. Feliz día ¡vamos!

Temas:

    X