De política y cosas más sucias
NO HAY TÍTERE CON PODERHemos sido testigos de un cambio radical en la política mexicana con la llegada de la autollamada Cuarta Transformación 4T. Confieso que no comulgo ni con la ideología ni con el estilo de esta administración. No soy afín a Andrés Manuel ...
- NO HAY TÍTERE CON PODER
Hemos sido testigos de un cambio radical en la política mexicana con la llegada de la autollamada Cuarta Transformación (4T). Confieso que no comulgo ni con la ideología ni con el estilo de esta administración. No soy afín a Andrés Manuel López Obrador ni simpatizo con Claudia Sheinbaum, la futura Presidenta de México. Sin embargo, a pesar de mis diferencias, tengo una esperanza razonada, casi optimista, en que las cosas deberían mejorar bajo su liderazgo. Cabe decir que aún hay margen de deterioro, de ahí la necesidad de mi apuesta y de mi fe. Tengo que creer porque quiero creer, poco más.
No hay que ser ingenuos. López Obrador ha dejado claro, en sus discursos y en su estilo de gobierno, que pretende continuar ejerciendo su poder aún después de dejar la Presidencia. A sus seguidores, les ha vendido la idea de un liderazgo inquebrantable y casi mesiánico. Para ellos, cualquier sucesor debería seguir su legado al pie de la letra. Sin embargo, Claudia Sheinbaum no es cualquier sucesor.
Sheinbaum ha sido leal a la 4T, pero en más de una ocasión ha demostrado que tiene su propio criterio. No llegó a donde está por simple accidente, aunque su ascenso haya sido facilitado por López Obrador. Su carrera es resultado de una trayectoria académica y profesional sólida, y es innegable su habilidad política. Se ha destacado por su enfoque técnico, algo que la diferencia del estilo más emocional, visceral y confrontativo de su mentor. Pero aquí está la clave: a partir del 1 de octubre, Sheinbaum no será ya una más en el gabinete de López Obrador. Se sacudirá muy pronto ese alacrán de la espalda. Será Presidenta. Y con el poder viene la responsabilidad. Y con la responsabilidad, la independencia. Aunque algunos la ven como una extensión de López Obrador, es un error subestimarla. No creo que sea el tipo de líder que se deje manejar.
Si algo ha caracterizado a Claudia Sheinbaum es su capacidad para mantener la calma y tomar decisiones
calculadas. Durante su mandato como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, enfrentó grandes retos, desde el colapso de la Línea 12 del Metro hasta la crisis sanitaria por covid-19. En todos esos momentos, se mostró pragmática, aunque criticada, y se rodeó de equipos profesionales para manejar las crisis. Esto sugiere que, en un futuro, podría priorizar un estilo más técnico que el populismo exacerbado que ha caracterizado a la actual administración.
No se trata de que Claudia Sheinbaum se desligue de López Obrador. Eso no sería realista ni posible, dado que debe gran parte de su éxito político a su cercanía con el Presidente. Pero el poder cambia a las personas. Sheinbaum es consciente de que gobernar un país es diferente a ser la jefa de Gobierno de la capital, y más cuando tiene el reto de mantener la unidad de un partido que se debate entre la continuidad y la renovación y que ya vive una fuerte ebullición interna. Además, tendrá que demostrar que puede seguir su propio camino, porque si no lo hace, su legitimidad y capacidad de acción serán puestas en duda rápidamente. Otro factor importante es la naturaleza del contexto en el que tomará posesión. México no es el mismo país que López Obrador recibió en 2018. Las expectativas son más altas, las crisis más profundas y la paciencia de la gente más corta. La cosa está peor y va a tener que disimularlo. Para bien o para mal, Sheinbaum no puede permitirse ser sólo una sombra de su predecesor.
El reto está claro: Sheinbaum deberá balancear la lealtad hacia López Obrador con la necesidad de construir su propio legado. Ser Presidenta de México no es una tarea menor y, aunque muchos duden de su capacidad para ser independiente, mi apuesta es que no se dejará manipular. En política, como en la vida, el poder no se comparte, se ejerce. Y estoy seguro de que, cuando Claudia reciba la banda presidencial, tendrá la oportunidad de demostrar que no hay títere con poder. La tentación de volverse una jefa totalitaria y dictatorial estará latente, porque millones de mexicanos, seguramente sin querer, le dieron ese poder con su voto. Da miedo pensarlo.
