De política y cosas más sucias

Esta semana vi a los peores ganadores de la historia.

Curso intensivo de “saber ganar”

Mi papá, que ya sólo es un poderoso recuerdo, no era muy aficionado a participar en nuestras actividades escolares, puedo decir abiertamente que le producían una hueva caleidoscópica, a su favor diré que las pocas veces que nos acompañó nos llenaba de orgullo por su estilo, su percha, y sus generosas invitaciones al finalizar los eventos. Era yo más bien del montón para el futbol, apenas titular en media cancha, pero mi hermanito Roberto, ése sí se las gastaba de capitán del equipo y jugaba a sus 14 años como un crac. Fuimos un domingo a un pueblo cercano a disputar un partido contra los hermanos salesianos, casi tan dictatoriales como nuestros maristas. El encuentro fue en un campo neutral y papá aceptó llevarnos en su coche para ahorrarnos la monserga del autobús del colegio. Íbamos con él seis chavalillos. Ganamos 4-0, una hazaña tan rotunda como inesperada, al terminar nos metimos a una cafetería y papá nos invitó coca colas y bocadillos de salchichón. En eso estábamos cuando aparecieron en el lugar cuatro jugadores del equipo contrario. Empezamos a burlarnos y a reírnos de la paliza que les habíamos dado y, entonces, mi jefe sobredimensionó el asunto, con muy mala leche nos ordenó subirnos al coche y a mí, que era el mayorcito, me exigió acercarme a los contrarios, pedirles perdón por la mofa y pagarles los refrescos.

El camino de regreso se convirtió en una cátedra sobre la importancia de saber ganar; según don Miguel, era mucho más difícil que saber perder y exigía clase, educación, altura de miras, elegancia y humildad. Luego insistió en que ganar y perder son las dos caras de una moneda que es la vida y que sólo los muertos no pierden y que mientras respiremos estaremos, todos, continuamente perdiendo y ganando, por eso ser generosos al ganar abre la puerta a saber encajar las derrotas y aprender de ellas. Yo, que he sido a lo largo de mi vida aficionado al Cruz Azul y al Barcelona, he desarrollado una coraza especial y hasta un coqueteo franco y sincero con la derrota, salvo la era Messi, hemos sido eternos perdedores y aprendimos de manera forzada a entender que sólo es un juego, a ver la importancia de participar y a reconocer también que ganar no es tan determinante, máxime si el que gana no tiene el estilo y la suficiencia moral para hacerlo desde el honor y el respeto.

Esta semana vi a los peores ganadores de la historia, el patético espectáculo en la Cámara de Senadores, las caras de felicidad burlona de nuestro Presidente y ese estilo mafioso de arrollar, creyendo que sólo humillando se avanza, son de pena ajena. No voté por Morena y no coincido con ellos casi en nada, pero sus ideas y su sumisión a la voluntad del gran tlatoani y la falta absoluta de criterio propio y de capacidad de discernimiento, me parecen ahora cosa menor si se compara con la actitud de prepotencia mostrada en este lance, por demás innecesario. Las prisas, la falta de conocimiento sobre el contenido de la reforma, la presentación de su aprobación como una ofrenda al todopoderoso, me produjo mucha vergüenza ajena. Si esta supuesta maravilla de ley judicial tiene por objeto erradicar la corrupción, la votaron y ganaron con un alarde de artimañas sucias, obscenas, clásicas de pachucos de barrio asolando al otro. Por no haber, no hubo ni un solo argumento, fue la fuerza del rodillo, la aplanadora de la victoria. La apología de la diferencia. La revancha, la perversidad de hacer algo, sólo por joder. Pobrecito mi país en manos de estas personas. No debe haber remedio, no creo que los jueces puedan tener ahora fuerza para frenar esta barbarie, aspiro tan sólo a que les resulte casi imposible implementarla y que entre la presión local y mundial se vaya perfilando, menos agresiva y más lógica a medida que se vaya puliendo con sus leyes secundarias. En fin, que a lo mejor sólo soy un ingenuo. Es domingo 15, nada que celebrar, esta independencia se grita por la falta de ella. Seamos felices, aunque estemos tristes, al menos mañana podemos dormir un par de horas más. Viva México.

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