De política y cosas más sucias
El domingo llega por fin la hora, meses que parecieron años esperando por la ocasión, pues vamos, hay que ir a votar.¡Tercera llamada... comenzamos! “Harto ya de estar harto, ya me cansé...” Canturreando esta letra del maestro Serrat, de su inolvidable poema ...
- El domingo llega por fin la hora, meses que parecieron años esperando por la ocasión, pues vamos, hay que ir a votar.
¡Tercera llamada... comenzamos!
“Harto ya de estar harto, ya me cansé...” Canturreando esta letra del maestro Serrat, de su inolvidable poema Vagabundear, así me siento, muy harto. Pinche política, qué asquerosa capacidad de saturar. Ya cuando la doctora se atreve a comparar a Andrés Manuel con Mandela o con Luther King, a mí me mata la vergüenza. ¿En serio?, tan ignorante considera a sus votantes como para endilgarles esa premisa, por favor, un poquito de respeto. Me costaría, por más que no comulgo con su estilo, decir que todo en López Obrador es negativo, todo no. Pero casi.
El caso es que la candidata, con ese cinismo a prueba de bombas se atreve a ese nivel de comparaciones. A mí no me queda más que escapar. Que ese nivel de los cuatroteros explica el estado que guarda el país y cómo ellos parecen no darse cuenta. Se pasan, ése es mi miedo para seis años más, dejar el gobierno en manos de esta pléyade de fanáticos, adoradores del gran y tlatoani y seguidores a ciegas de sus caprichos... ¡Qué miedo!
Un hombre muy sabio de mi familia, nuestro actual patriarca, a quien no compararé ahora con Mandela ni con Teresa de Calcuta, pero le ahorraré la pena de compararlo con el Presidente, asegura que no hay títere con poder. Está convencido de que la señora Sheinbaum se liberará del yugo de su mentor en muy poquito tiempo. Primero, ojalá que no gane y, segundo, si así fuera, que mi pariente tenga razón.
El domingo llega por fin la hora, meses que parecieron años esperando por la ocasión, pues vamos, hay que ir a votar. No hacerlo es transigir con lo que hay o con lo que pueda haber después, es apartarse de la vida activa, es claudicar y dejar que el mundo se mueva y gire sin que nuestra opinión se escuche. Yo lo tengo clarísimo, ni un ápice de duda. Para presidenta: Xóchitl, y para todo lo demás, PAN, PAN y tan tan. Me complicaré muy poquito, ni plan C ni la carabina de Ambrosio. Tal vez no les haya contado mis motivos, pero son sencillitos, producto de mi análisis consciente y de mi deseo de un país mejor para lo que me queda de vida y para los que me sobrevivirán en casa, que son muchos y serán muchos más. Por mí y por ellos quiero un México democrático, libre, con un pueblo ávido de crecer, de superarse, de aspirar a más y luchar por ello; un país de oportunidades, seguro, sin violencia y sin odio, unido y alejado de ese encono populachero que sólo favorece a los populistas en el poder. Un país moderno, integrado en el mundo, con garantías jurídicas y con la corrupción erradicada. Ya sé que es mucho pedir, pues sí, pero eso le exigiré a quien gobierne.
No quiero más Morena, al menos por estos seis años que vienen, para que no se vuelen, para que no se afiancen, que sepan que son mortales y se equivocan y que les exigimos y los corremos por ineptos, rateros y conformistas. No quiero autoritarismo ni la concentración de poder en un rey sol que se crea aquello de que él es el Estado. Quiero un Presidente que escuche, que resuelva y con el humanismo suficiente para pedir perdón cuando se equivoque. Una justicia recta, honesta, un Estado de derecho que me proteja y me obligue a cumplir con mi parte. Quiero un sistema de salud sin comparaciones a lo tarugo, eficaz, profesional y bien equipado, en instalaciones, insumos y en gente. Quiero, exijo vivir en paz, pasear con mis perros sin morirme de miedo en las noches, quiero a los delincuentes presos y a los policías bien pagados, al Ejército en los cuarteles y a los civiles en los puestos de civiles, policías, aduanas y construcciones. Leyes por consenso, quiero diálogo y negociación, no quiero más imposiciones ni un país peleado contra todo y contra él mismo. Más canciones y menos réquiems. Hoy es miércoles y sólo se me ocurren un par de libros para recomendar. Los puntos sobre las íes, de María Amparo Casar y La historia secreta, de Anabel Hernández. Bonito día. ¡Vamos… el domingo nos vemos en las casillas!
