También en Madrid hace aire…
Si la política en México me pone de los nervios es porque casi la totalidad de sus protagonistas me parecen impresentables, si recurro a no ver noticieros para no enfermarme del hígado, en mi segunda patria me pasa tres cuartos de lo mismo y, si me apuran, peor. Estoy impactado con esta versión que se respira hoy en esa España de los mediocres…
“La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y de alma quieta, ha de tener su mármol y su día, su infalible mañana y su poeta”.
Estos versos de Antonio Machado me sirven de preámbulo para hablarles del desconcierto que me causa la actual situación política en la madre patria. Si le capto poco a la política mexicana, pues a la ibérica, seguramente menos, pero a golpe de puro sentido común no me cabe en la cabeza que un país capaz de ser potencia en cientos de temas, con millones de personas buenas, dueño de una de las mejores gastronomías del mundo, con los chefs más laureados y reconocidos, líder en muchas facetas deportivas, desde el futbol hasta el tenis o el bádminton, el patinaje artístico, la gimnasia, el baloncesto y otras muchas disciplinas. Con los enólogos más avezados, que producen vinos exquisitos y cavas que les discuten la burbuja a las más refinadas champañas. Y el aceite, y el marisco, y el jabugo, y la huerta… Tanta belleza, tanto arte y tanta porquería en el gobierno.
Grandes diseñadores y zapateros, amos de la moda y el perfume, cineastas de renombre, que nos deleitan con sus 100 películas por año, cómicos, actrices y actores que triunfan también en América, cantantes, cantautores, bailaores, escritores de bandera, científicos que se dejan la piel en el intento, pensadores eruditos, pintores y escultores, arquitectos emblemáticos, filántropos, músicos, poetas. Esta España, tan plural y compleja, sobrada de grandes hombres y mujeres que destacan en todas las artes y oficios. Con una historia plena, rica y poderosa, madre de una cultura milenaria; con sus tertulias, el café de media mañana, la siesta, el sentido de la fiesta, el folclor y la alegría… ¿Cómo incrustar aquí a la actual clase política?
Esta España moderna y europeísta hoy debate su futuro bajo la batuta de un delincuente, un golpista prófugo de la justicia y un grupo de descendientes de ETA, que por la incomprensible matemática parlamentaria tienen el poder de decidir.
Menos de 6% de los votos tienen secuestrados al 94% restante, muy especialmente por la desmedida ambición de Pedro Sánchez, que ni es socialdemócrata, ni serio ni honrado, pero vive y vibra para amarrarse a la silla. Puta política, qué asquerosa me resulta.
Una pena que sobren en este puzle una sarta de mediocres, de cretinos miserables; la cara sucia del lavadero, la escoria y la basura. No se salva ninguno; no importa el color o la idea, todos a una, rompiendo en vergüenzas para acercar la ascua a su sardina, sin el más mínimo sentido de Estado, sin miras y sin decoro. Ni los azules ni los rojos, están todos en su propia y privada España paralela, en un juego de poderes que sólo daña al más jodido y se lleva de paso la más mínima ilusión de crecimiento en esa tierra. Parece que vivieran en una batalla por ver cuál es el más inepto, el más ruin o el más nefasto. Pero, no es nuevo para nosotros, aquí vivimos algo muy parecido, con el agravante de los muertos, de los desaparecidos, del miedo, allá al menos salen a protestar o a tomarse unos vinos sin temer por sus vidas, encabronados, sí, pero en paz. Como bien apunta Joan Manuel Serrat: “Entre esos tipos y yo hay algo personal”.
Sólo porque es domingo y porque esta fusión mexicana y española que late en mi alma se me parece mucho a la de la maravillosa escritora, mitad argentina, mitad española por adopción, Clara Obligado, de ella recomiendo Una casa lejos de casa. Leamos, es un ejercicio que ayuda a ser más felices.
