De política y cosas más sucias / 10 de abril de 2024

El formato del debate es rígido y aburrido

  • ¡EL DEBATE, EL ECLIPSE Y ECUADOR!

Me encantaría saber la profunda razón que pueda esconderse tras la sonrisa de Máynez. Tiene una carita, el pobre, entre lo mustio que me resulta el personaje y lo sórdido de su participación. Me da mucho coraje, porque, a mi juicio, sólo está como una comparsa, un esquirol de Morena para chuparle algún voto a Xóchitl. Quizá mi inocencia no me deje ver que se ríe precisamente por lograr su cometido y la consigna que se le exigió a Dante. Objetivo que, se mire por donde se mire, aunque no hay nada qué objetar es muy, muy “objete”. Estas son las cosas que se deberían revisar en la ley electoral.

Luego aparece Claudia, más clon que nunca, teledirigida y acomedida, pero con una premisa que logró sin lugar a duda: que la agresividad de Xóchitl no manchara la dudosa blancura de su plumaje. Y lo consiguió. Esquivó el fuego, y los embates de la ingeniera le hicieron lo que el viento a Juárez. Me jode que así sea, pero logró su plan; mintió cada vez que habló, pero le funcionó su estrategia y sería milagroso que este debate moviera un cachito las intenciones de voto.

Aunque yo voy a votar por Xóchitl, con mi voto no creo que le alcance. Se vio nerviosa, desde la llegada en bici que me pareció una payasada innecesaria; tantas ganas de ser empática para resultar ridícula. Aunque recibió con aplomo la bufonada del “risitas”, se tuvo que defender también de ataques generalmente falsos de Claudia. Y, luego, los suyos no tuvieron el impacto que se esperaba. Todo es tan grave, todos tan feos, que quizá haberse concentrado en uno hubiese sido mejor táctica que disparar tanto y resultar tan flojito. Los negocios familiares en Panamá, la corrupción de los hijos de López Obrador, la caída del Colegio Rébsamen, la Línea 12 del Metro, vale, vale, perdigones para pajaritos en la caza de un elefante. Tenemos a Claudia convertida en lady tempanitos, muy mala y muy fría… y nada, ni siquiera se inmutó un poquito. Aquí no pasa nada, mucho caldo que acabó por diluir las albóndigas.

El formato es rígido y aburrido. Los moderadores tenían instrucciones de moderarse ellos mismos y no persiguieron ninguna respuesta. La risa de Máynez, la indolencia de Sheinbaum, los nervios de Xóchitl y el águila de cabeza me pusieron de mal humor y ya ni Epigmenio, tan gracioso él, tan majo y tembloroso, pues eso, que ni siquiera el señor Ibarra me hizo reír con todo y la zarandeada que le dio Germán. Ya no sabía ni dónde meterse, pobrecito productor. Pinche política, por eso cada vez me gusta menos.

Nuestro Presidente es un provocador nato, un maestro en sacar de quicio a quien se le ponga enfrente y en poner la conversación en lo que le interesa. Es un genio haciendo bombas de humo que distraen y entretienen. Daniel Noboa es casi como su apellido, muy “noboato”, está verde y se le nota. Independientemente del gusto que tiene López Obrador por ser amigo de impresentables, más allá de otorgar el asilo en México a personajes difíciles de querer. Por más que Jorge Glas sea el delincuente que las autoridades de Ecuador dicen que es, de ahí a mandar policías a nuestra embajada hay un trecho que nunca debió cruzarse. Sospecho que no pasará a mayores, también lo deseo. No es plan andarse peleando con medio planeta. Pero si hubiera un ganador de esta estupidez diplomática, ese sería para todo el mundo nuestro prócer de Tabasco.

Del eclipse casi ni me enteré. Se me fue la mañana trabajando y, cuando me acordé del fenómeno, ya sólo pude verlo en videos. Sirvió para recordarme que ya tengo recorrido, porque recuerdo perfectamente el de 1970 y los lentes de cartón que conseguí en el colegio; andaba yo en Lomas Verdes en el Cristóbal Colón. Este tipo de acontecimientos astronómicos sirven para regalarse unos instantes de humildad. Qué poquita cosa somos en medio de este universo infinito. Así, chiquititos, tenemos que refugiarnos en el arte, abrazarnos a la belleza y escapar a ratitos. El viernes nos colgaremos de las notas de Brahms y su Tercera sinfonía, en el Palacio de Bellas Artes, con la Orquesta Sinfónica Nacional. ¡Qué bonito es lo bonito! Feliz miércoles.

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