Como la vida misma

Reconocer la inteligencia, los valores y las fortalezas de la mujer no me quita ni un milímetro de mi hombría.

  • Reconocer la inteligencia, los valores y las fortalezas de la mujer no me quita ni un milímetro de mi hombría.

¡Las mujeres no necesitan un día!

Me dio por revisar las celebraciones diarias en el mundo, algunas son particularmente ridículas, sólo considerar que hay más de mil días internacionales de algo, ya le quita mucho mérito a cualquiera de ellos. Se ha masificado la cosa, diría un panadero. Hoy, que vivimos con el miedo que se siente de ser incorrecto y que se deben guardar las opiniones a riesgo de molestar a cualquier colectivo simplemente por dar tu opinión. El Día Internacional de la Mujer, que supongo se refiere a la reivindicación de sus derechos y los que pudieran faltar para la igualdad con los derechos de los hombres, a mí, respetuosamente les digo, ya me parece innecesario. Salvando las distancias, me queda parecido a cómo me siento con el Día del Orgullo Gay, ya que debería de celebrarse otro que aplauda el orgullo de los que no somos gays. Pero, a como están las cosas, eso ofendería, porque gritar que eres heterosexual pareciera que lleva escondida una repulsa a lo homosexual. Con el día de los derechos de la mujer me está empezando a pasar tres cuartos de lo mismo. Voy a explicarme.

Ya no veo tanta diferencia en derechos, creo que la igualdad nos está alcanzando y en el momento en que nos rebase ya estará entrando en el terreno del abuso. Reconocer la inteligencia, los valores y las fortalezas de la mujer no me quita ni un milímetro de mi hombría, siempre y cuando defender mi condición no me coloque en la calificación o clasificación de macho o misógino. No lo soy porque me encantan, amo a unas cuantas y respeto a todas las demás, sí, como respeto a los hombres, a los gays y a los no gays, a los bomberos, a las secretarias, a las directoras de empresa, a las ingenieras y a todo ser humano que me respete.

Antes, ser mujer era muy meritorio porque debían enfrentarse a discriminación de poder, de fuerza física e incluso no faltaba el cabestro que podía considerarlas menos inteligentes. La historia se ha cansado de demostrar que eso es falso y que las hay —muchísimas, por cierto— megabrillantes. He sido muy afortunado porque me ha tocado vivir siempre rodeado de viejas muy chingonas, empezando por mi madre, poco feminista porque vivió en otra época, pero era brava y mi padre, con sus machismos, también inherentes a su tiempo, se le cuadraba a la jefa. Mi hermana, un personaje maravilloso. Mi hija Eugenia, que fue un regalo de la vida, un ser de luz que iluminó lo que tocó a su paso; Rita, mi nena mayor, otro pedazo de señora; mi Unagi, limpia en sus conceptos, femenina elegante y recia defensora del feminismo lúcido, el viernes por ahí la encontrarán marchando. Mis sobrinas, mis tías, mis primas y mis amigas, todas son pura belleza, tanto interior como exterior. Mis cinco cuñadas, duras de pelar, mujeres de carácter, sin fanatismos peleones, pero tan seguras de sí mismas y de su condición, que son, además, buenísimas madres y esposas, menos Bertha, que anda de solapa, porque así quiere, que, seguro, le deben de sobrar postulantes.

Mi admiración a todas aquellas que saben el lugar que ocupan y que defienden su derecho a ser distintas, que no buscan igualdad, sino equidad y parejura en los derechos; mi reconocimiento a las que son hermosas, aunque pretendan que no les importe. Mi respeto a todas por más distinta a la mía que sea su visión de la vida. Mi cariño a las que adoro y mi ofrecimiento innecesario de protección a todas las que no lo requieren, aunque agradezcan un abrazo mimoso y me permitan el regalo de ofrecérselos. Mi recuerdo a las que ya están nada más en mi memoria y mi agradecimiento a la vida por haberme cruzado siempre con mujeres maravillosas de las que he aprendido, de las que me he colgado cuando me ha hecho falta un hombro para llorar y de la que acompaña mi senda con tanta paciencia y tanto amor. Si tuviera jerarquía en el mundo, instauraría el día mundial de la Unagi. Es miércoles, se acercan el puente y la semana de Pascua, lean: estas son dos joyas, Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi, y Sylvia, de Leonard Michaels. Disfrutemos que son tres días y llevamos dos.

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