Como la vida misma
El lunes operaron en una cirugía aparatosa a Gandalf, mi hermanito canino.
Gandalf, Chava y Umegal
La semana empieza movidita… el lunes tuvimos que operar a Gandalf, mi hermanito canino de 75 kilos que pesa habitualmente mi lobero, entró en el Hospital Veterinario México pesando 58, una obstrucción intestinal que pudo ser una sencilla gastroenteritis acabó siendo un granuloma o un tumor en el intestino.
Confiemos en que lo peor haya pasado y que todo quede en periodo de convalecencia. Le quitaron el granuloma en una cirugía aparatosa con diez centímetros de intestino de protección por lado, y ahora hay que esperar.
Hoy, el doctor Misael Vázquez y la doctora Daniela Galván hablaron conmigo y piensan que todo estará bien con Gandalf. Yo les creo. A mediodía pasé a visitarlo y ya estaba de pie, caminando, pero sin probar bocado, le dije que comiera, pero tenía dolor y pareció no hacerme ni puto caso.
Temprano caminé con Lulú a la peluquería. Extraña a Gandalf y se negaba a caminar por Homero. Soy paciente de Chava desde 1980, paciente, sí, se requiere mucha paciencia para aguantar a este peluquero que por fuerza de la costumbre ya es mi amigo y confidente. Cada vez que me pregunta ¿cómo te lo corto, Miguel? Le contesto lo mismo: cortito y en silencio. Es imposible no hablar con él, es uno de los hombres más leídos que conozco, dueño de la París 2000 de Homero, es un placer debatir con él. No soporta a López Obrador, pero sostiene que conoce a su gente como nadie, y sabe muy bien qué decirles para mantenerlos tranquilos y adoctrinados. Hoy lo sorprendí leyendo a Claudia Piñeiro, creo que era El tiempo de las moscas. Como buen lector se chuta de dos en dos o de tres en tres y tenía también por la mitad uno de Enrique Krauze, Spinoza en el Parque México, de ese no tengo ni idea, pero se me antojó sólo por el título.
Luego me fui a una comida. Mi hermano Manuel Lorenzo me invitó a una conferencia de la Unión Mexicana de Empresarios Gallegos (Umegal), soy hijo de gallego y eso me hacía invitado de pleno derecho, ya que se trata de una asociación de empresarios gallegos en México.
Me encantó ver que la mayoría son como un servidor, mexicanos, hijos de migrantes de Galicia. Entre los invitados estaba el cónsul de España, no sé si domine el tratamiento protocolario que le corresponda a tal dignidad, pero se trata de don Manuel Hernández Ruigómez, cónsul general de España en la Ciudad de México.
En la mesa de honor estaban el presidente del Centro Gallego de México, Alfonso Martínez, y el presidente de Umegal, mi buen amigo Manuel Ángel Hermida.
La ponencia de hoy estuvo muy interesante porque hablaron de la Seguridad Social en España y las ventajas que los ciudadanos de ese país tienen a ese respecto.
No puedo guardarme ese puntito de envidia que me causan, y aunque siempre he presumido de mi pasaporte mexicano y de mi orgullo chilango, hoy, por primera vez, pensé en que, por la nacionalidad de mi padre, tengo un montón de derechos en España, desde la nacionalidad hasta la posibilidad de ser atendido en la sanidad española que, todo hay que decirlo, es ya ahorita, mejor que la de Dinamarca.
La conferencia, tratada con delicadeza magistral y un absoluto dominio del tema, estuvo a cargo de Óscar Bujalance Blancas, consejero de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social De España en México y Centroamérica, y Ramón Lago Rodríguez, secretario general de Consejería, con ambos pude intercambiar opiniones y transmitirles mi admiración por su trabajo, próximamente tendré que visitarlos en la embajada de España, en Polanco, y quizá no me quede más remedio que salir de allí, monárquico y convencido de las maravillas ibéricas.
Por lo pronto es miércoles, media semana y buen momento para chutarse un libro, la Unagi anda a vueltas con Almudena Grandes, cuanto más la leemos más nos encandila, este es Castillos de Cartón, un librazo. Sean felices.
