Como la vida misma

Hoy, ser un fanático comunista o socialista sólo denota muy poquito mundo y mucha ignorancia

  • LA NECEDAD DE LOS NEUTRALES

Ver el mundo desde la zurda fanática es no sólo poco inteligente, es además masoquista. Es cierto que no hay ninguna persona pensante que no atravesara en la adolescencia por el coqueteo con las ideas de izquierda, especialmente cuando se vislumbra la utopía de la igualdad, la libertad y los derechos. Pues bien, todo eso es falso, aunque se descubra hasta después, en la madurez. Los países más justos, donde las diferencias entre ricos y pobres son menos estridentes, donde se alcanzan mejores niveles de bienestar, son todos, sin excepción, democracias y, en ellas, o gobierna el centro levemente de izquierda o de derecha, o la derecha directamente. Hace medio siglo cuando yo tonteaba en el PSOE, un espíritu de libertad antifranquista nos movía a sentirnos socialistas y arriesgar unos porrazos en la espalda y un par de noches de calabozo, todo por defender la libre opinión. Hoy, ser un fanático comunista o socialista sólo denota muy poquito mundo y mucha ignorancia. La prueba son los flujos de emigrantes que, casualmente, huyen de Cuba o de Venezuela y quieren refugiarse en Europa o en Estados Unidos, es extraño, pero al revés no sucede.

Esta ideología marchita, que parte de un principio racionalmente imposible, que es la supuesta igualdad, se estrella hoy con un mundo de comunicación instantánea y abierto de tal manera que las teorías de Marx o las prácticas de Lenin sólo sobreviven en el sueño o en el fanatismo. Es cierto que la democracia en los países avanzados tiene carencias e injusticias, claro, pero muchas menos que las que suceden en los regímenes de hambre y dictadura del proletariado. Todo es susceptible de mejoría, los países ricos se mueven cada vez más hacia modelos democráticos alternos que hacen equilibrio, los menos sociales crean riqueza y los socialdemócratas la esparcen un poquito, así, se va dando una justicia de reparto natural, en la que habrá ricos, muy ricos, habrá clase media, muchísima y, lamentablemente, sigue habiendo pobres, pero cada vez con más prerrogativas, más acceso a la salud, a la vivienda y al ansiado Estado del Bienestar. Esto es tan dramáticamente así que las pseudodemocracias donde gobierna la izquierda son producto de incendiar la utopía, de la ignorancia del pueblo y, sé que esto causará malestar, de la envidia y el encono entre las clases sociales. Resentimiento que alimentan los políticos, porque un pueblo encabronado es más irracional, pero mucho más fácil de conducir a donde convenga a la clase política.

Luego de la salvajada terrorista de Hamás hace una semana, es fácil ver quienes están libres del virus acomplejado y rojo en sus ideologías y quienes, contra todo sentido común, se quedaron al margen sin condenar el atentado. México, Cuba, Rusia, Venezuela, Colombia, Nicaragua, Chile, ésos o ignoraron lo sucedido, argumentaron neutralidad o simplemente negaron la condición terrorista de los hechos. ¿La razón? En el caso de México, colgarse de la supuesta neutralidad, pero principalmente evitar hablar de terrorismo, porque eso nos obligaría a reconocer el nuestro, el que nos asola diariamente en toda la república. Cadáveres colgados en puentes, drones disparando granadas, fosas clandestinas, cuerpos desaparecidos con ácido, fusilamientos en las calles, masacres en mercados o en bares; eso, amigos, es terrorismo, lo quiera admitir o no el señor Presidente. Con lo fácil que sería reconocerlo, para empezar a atacarlo. Es real que ningún mal se cura si no se reconoce primero. Condenar los ataques de Hamás no implica estar de acuerdo con la respuesta de Israel, apenas empieza, pero promete ser una salvajada de proporciones similares, esta vez, con educadas declaraciones y avisos de advertencia.

Es domingo, recomendable mantenerse lejos de las bombas, mi sugerencia para hoy, además de un buen paseo, un chile en nogada, que ya van de salida, una buena película o un buen libro y, una pausada conversación al calor de un oporto vintage y unas castañas asadas, perdonarán el comercial, pero las dos cosas las hay buenísimas en City Market.

Feliz día.

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