Como la vida misma / 9 de agosto de 2023
Me encanta España y su gente; la disfruto casi cada año; viendo sus noticias me entero de su actualidad.LA ESPAÑA ATORADA... Como se ha notado por mi columna del pasado domingo, estoy en España, me encanta esta tierra y su gente, la disfruto casi cada año y me muevo ...
- Me encanta España y su gente; la disfruto casi cada año; viendo sus noticias me entero de su actualidad.
LA ESPAÑA ATORADA...
Como se ha notado por mi columna del pasado domingo, estoy en España, me encanta esta tierra y su gente, la disfruto casi cada año y me muevo como en casa. Viendo noticias y leyendo los diarios de aquí me fui metiendo en su actualidad política y, tal como la nuestra, ésta también horroriza. Desde el 23 de julio que fueron las elecciones, los resultados son tan fraccionados que aún no se sabe con certeza qué va a suceder. Esto, aunque de otra manera y con otras garantías, es un desmadre parecido al de México.
“La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y de alma quieta, ha de tener su mármol y su día, su infalible mañana y su poeta”. Estos versos de Antonio Machado sirven de introducción para hablarles de mi desconcierto; seguramente me queda grande el tema, escapa a mis entendederas. No me cabe en la cabeza que un país capaz de ser potencia en cientos de temas, habitado por miles de genios y millones de personas buenas. Dueño de una de las mejores gastronomías del mundo, con los chefs más laureados y reconocidos, líder en muchas facetas deportivas, desde el popular futbol hasta el tenis o el bádminton, el patinaje artístico, la gimnasia, el baloncesto y otras muchas disciplinas. Con los enólogos más avezados que nos regalan con vinos exquisitos y cavas que les discuten la burbuja a las más refinadas champañas. Y, el aceite, el marisco, el jabugo… y la huerta.
Grandes diseñadores y zapateros, dueños de la moda y el perfume, cineastas de renombre, que sin apenas presupuesto nos deleitan con sus casi cien películas por año; cómicos, actrices y actores que triunfan también en América, cantantes, cantautores, bailaores, escritores de bandera, científicos que se dejan la piel en el intento, pensadores eruditos, pintores y escultores, arquitectos emblemáticos, filántropos, músicos, poetas. Empresarios, ganaderos, campesinos, panaderos, profesionales, autónomos emprendedores, obreros, funcionarios y maestros, gente de bien y de trabajo. De clima envidiable y paisaje paradisiaco, donde hay playa, montaña y llano, mar de cereal y verde hasta la médula. Con una historia plena, larga, rica y poderosa, madre de una cultura que rezuma en forma de vida… y las tertulias, las tardes al fresco, el café de media mañana, la tan ibérica siesta, ese sentido único que aquí se tiene de las celebraciones, el amor y la alegría…
Cómo se incrusta aquí a la actual clase política. Siguen tan divididos; tan lejos, tan cerca, una pena porque sobran en este puzle. Una sarta de mediocres, de cretinos, la cara sucia de este lavadero, donde, por desgracia, también abundan la escoria y la basura. No se salva ninguno, ustedes perdonarán que generalice, no importa el color o la idea, todos a una, rompiendo en vergüenzas para acercar la ascua a su sardina, sin el más mínimo sentido de Estado, sin miras y sin honradez, sin decoro. Ni los azules ni los rojos, están todos en su propia y privada España paralela, en un juego de poderes que sólo daña al más jodido y se lleva de paso la más mínima ilusión de invertir o de crecer en esta tierra. Parece que vivieran en una cochina batalla por ver cuál es el más inepto, el más ruin o el más nefasto. Desde los dos polos, de la extrema derecha a los nacionalismos fanáticos y la extrema izquierda, saboteando la posibilidad de que impere la moderación en cualquiera de los dos partidos de centro izquierda y de centro derecha, así, la voz la tienen las minorías y los fanáticos. Como bien apunta Joan Manuel Serrat, “entre esos tipos y yo hay algo personal”. En México la cosa no pinta mejor y entre Xóchitl y las corcholatas se mueve serpenteante la sombra de la intervención del Presidente. En fin, feliz miércoles.
