Como la vida misma / 31 de marzo de 2024

“Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”, reza una cita del Apocalipsis.

Y MENOS RAZONABLE!

Mi niña Paula Lozano, una de las mentes más privilegiadas que cursan conmigo en Madrid la Maestría en Narrativa, tan joven como brillante, hacía apenas hace dos días una disertación sobre qué tanto debe contarse y qué debe callarse cuando se narra una historia. Le fui de poca ayuda, yo que soy de maneras más bien hociconas y que, como nuestro Presidente, sostengo que mi pecho no es bodega, animo a todos a callarse poco. Eso ya nos tocó hace años por fuerza y no estamos libres de que vuelva a sucedernos. Entonces, mientras nos dejen, yo lo largo todo. Yo no me callo.

Dice Paula: “Día a día asistimos a una infinidad de estímulos –este término no es baladí, lo elijo muy conscientemente; porque sí, son estímulos, ni tan siquiera podemos elevarlos a la categoría de acontecimientos–. Atropelladas por una sociedad con jornadas laborales exhaustivas, poco tiempo y energía quedan disponibles para cultivar la reflexión y el espíritu crítico en el día a día. Mano de obra de lunes a viernes y consumidoras y consumidores –con un poco de suerte– los fines de semana. Todavía menos si tenemos en cuenta que la mayoría hemos recibido una educación que poco o nada invita a cuestionar y adoptar un criterio propio. Una cadena de montaje perfectamente articulada. ¿Pensar sobre qué pensamos? ¿Pensar sobre cómo pensamos? ¿Para qué?

“Me siento absolutamente abrumada. Aturdida a causa de tantos estímulos, tanto ruido. Me reconozco inválida en un país extranjero, cuya lengua y signos se me escapan. Me encuentro desprovista de la energía, tiempo y recursos necesarios para interpretar y descifrar –a cada minuto, a cada segundo– las señales que por los sentidos mi cerebro recibe. Y a donde quiero llegar es que, además de eso, siento que de algún modo se nos exige tener una opinión, sobre todo, un posicionamiento. Que renunciar a hacerlo implica ser tibio. ‘Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca’, reza una cita del Apocalipsis.

“Estar en esta tesitura me coloca en unas coordenadas que me resultan muy conflictivas e incómodas. ¿Es que acaso sin darme cuenta, tal vez por ingenuidad o lasitud estoy incurriendo en un alegato a favor de estar de espaldas al mundo? ¿De elegir la postura cómoda? Y me pregunto, de ser así: ¿habría algo de malo en que lo hiciera? Pero creo que me dirijo más bien a señalar que nos relacionamos en un contexto donde prima el intercambio de opiniones rápidas y de trazo grueso. Tienes que posicionarte y hacerlo de manera clara: o estás a un lado o estás al otro. O conmigo o contra mí. Porque al mismo tiempo que deseo cultivar una mirada crítica, viva, en búsqueda, necesito sentir que no sólo puedo (y tengo derecho a) no tener una opinión, sino que quiero sentir que puedo vacilar. ‘Quiero ser racional, no razonable’, dice Marta Sanz en Monstruas y Centauras.

“Este lugar, como decía antes, es más incómodo. Implica habitar la grieta. No tener asideras a las que agarrarse. Pero es –al menos hoy– en el que me siento, contradictoriamente, más cómoda; el único que verdaderamente creo que puedo ocupar con honestidad. En un mundo donde ya no el saber, sino el tener una opinión (fundamentada o no) está por encima de todas las cosas, hoy admito humilde y dignamente cuan infinita y atrevida es mi ignorancia”.

Hoy es domingo de resurrección, bravo por él. Y yo que sólo resucito recuerdos, la mayoría bonitos, me asalta hoy la memoria la vaga idea de hacer recuento. Un día cuando creímos que se iba don Miguel, acertó a decirme, él ya estaba preparado antes de entregar el equipo… “Hice un recuento y estoy contento, he tenido una buena vida”. Luego, todo fue una falsa alarma y lo tuvimos contento ocho años más. Para estar contentos, ayuda siempre un buen libro, hoy en mis recuentos vuelvo a Virginia Woolf y me sumerjo en Al Faro, ¡qué librazo! Feliz domingo, resucitemos en la alegría.

Temas:

    X