Como la vida misma / 30 de octubre de 2024
A sus 80 años, Joan Manuel Serrat no es sólo un artista, es una institución de la memoria colectiva
- PRINCESA DE ASTURIAS DE LAS ARTES
Soy un enamorado de Joan Manuel Serrat. Si hace unos años, contra la opinión de medio mundo, defendí el derecho de Dylan al Premio Nobel de Literatura, siempre he pensado que Serrat también lo merece. Este catalán universal, trovador sin fronteras, ha recibido ahora el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2024. Algunos pensarán que es un premio más, como si la colección de distinciones en la vida de un artista fuera algo predecible. En realidad, es apenas la guinda de una carrera que Serrat ha construido con letras, melodías y poesía durante más de seis décadas.
Este premio es un reconocimiento a sus aportes a la música, cierto, pero Joan Manuel es mucho más que un cantante. Su capacidad para narrar las complejidades del alma humana y su innegable legado como puente entre la lengua castellana y el catalán no pueden reducirse a un conjunto de méritos casi académicos; eso sería injusto.
Serrat es, sobre todo, un poeta de la gente, alguien que ha escrito sobre la vida cotidiana, los sueños, las derrotas y los amores con una voz y una autenticidad únicas. Joan Manuel es uno de esos poetas que se permite hablar de la vida sin pretensiones, pero con la verdad que sólo quien sabe vivir puede compartir.
No se le puede etiquetar como músico ni tampoco como un poeta común, porque Serrat pertenece a esa extraña raza de artistas que no sólo cuentan historias, sino que crean un lazo directo entre sus palabras y el corazón de quienes las escuchan. Ha cantado a los pueblos, a las madres, a los amantes, a la democracia y ha reivindicado a poetas como Antonio Machado, Miguel Hernández y Mario Benedetti, convirtiéndose en un defensor de las voces que habitan los márgenes. Serrat ha sido un príncipe del arte sin buscar nunca la corona, y por eso, ahora que se la entregan, lo único que hace es seguir siendo fiel a su camino.
Con una discografía que va desde Mediterráneo hasta Cada loco con su tema, Serrat nos ha brindado clásicos que no entienden de épocas ni de modas. Cada una de sus canciones es una especie de refugio para aquellos que aún buscan belleza y verdad en un mundo saturado de ruido. Ha cantado en catalán y en español, y se ha ganado el respeto de varias generaciones, tanto por su música como por su manera de pensar, siempre alineado con la dignidad y la libertad, sin importar a quién incomoden sus palabras.
La entrega del Premio Princesa de Asturias a Serrat es un gesto que rebasa la música. Es un reconocimiento a la figura de un hombre que ha sido testigo y cronista de los cambios en España e Hispanoamérica. Ha cantado en nombre de aquellos que no tienen voz, recitado para quienes aún creen en el poder de las palabras bien dichas y bien sentidas. Es el tipo de artista que hoy parece en extinción, uno que se enfrenta a la cultura de lo inmediato y lo efímero con el mismo amor y respeto por cada canción, cada nota y cada palabra.
A sus 80 años, Serrat no es sólo un artista, es una institución de la memoria colectiva. Sus canciones son mucho más que un acompañamiento de fondo. Es el poeta de cabecera de quienes todavía creen en el poder de una buena historia y una melodía capaz de conjurar recuerdos.
Tiene tanta clase que nos regaló un discurso de aceptación sin fisuras, palabras del alma tan llanas y sencillas que se vuelven sublimes: “Prefiero los caminos a las fronteras, la razón a la fuerza y el instinto a la urbanidad. Soy un animal social y racional que necesita del hombre más allá de la tribu. Creo en la tolerancia. Creo en el respeto al derecho ajeno y en el diálogo como la única manera de resolver los asuntos justamente. Creo en la libertad, la justicia y la democracia. Valores que van de la mano o no lo son. Gracias a los que han hecho suyas mis canciones y a todos los que desde los cuatro puntos cardinales se alegran conmigo al ver mi nombre unido a la rotunda lista de galardonados con este premio”.
Lean y escuchen tres o cuatro temas del maestro.Y el amor, Aquellas pequeñas cosas, Especialmente en abril. No tiene canciones de relleno. Es un genio. Bonito miércoles.
