Como la vida misma / 3 de diciembre de 2023
Si alguien no ha tenido o no tiene perro, no entenderá mi orgullo ni mucho menos mi dolor y, pensará que exagero, pues no. No exagero.
LA DESPEDIDA EN UNA MUERTE ASISTIDA
Se me atropellan las ideas en la sesera y atravesaré con poco éxito por esta marabunta de cosas por contarles. Porque estoy jodido, enojado y triste; se me fue Gandalf siendo apenas un jovencito. Tres añitos y medio es menos de la mitad de la esperanza de vida de su raza. Se multiplican los perritos en las calles, huyen de los coches, de los crueles matarifes ambulantes, se salvan del moquillo, del frío y de la sarna, se cruzan sin controles y repueblan las avenidas con nuevos bichitos solos, mal comidos y, ésos, sobreviven. El mío, pleno de mimos, rey de la casa, compañero ineludible hasta en mis viajes, confesor y cómplice, mi campeón de los loberos irlandeses, cariñoso y dulce, tan grande y bueno, se me pela en tres semanas con un cáncer. Maldito cáncer. Verlo pasear por el bosque cuatro pasos por delante de la mano de la Unagi, recreándome yo en el placer de observar lo bonito, dos ejemplares maravillosos, cada uno en el cenit de su especie. Guardando la proporción y la distancia, sin pretender hacer comparaciones; un ser humano luminoso, dueña además de una belleza portentosa, propietaria de mi sentimiento y, un cánido divino, un ejemplar de concurso con un carácter sublime, uno de mis mejores amigos… ¡Y que los dos te quieran!, pocos seres más dichosos cuando aquello convergía que este que se los cuenta. Si alguien no ha tenido o no tiene perro, no entenderá mi orgullo ni mucho menos mi dolor y, pensará que exagero, pues no. No exagero, se les quiere un montón, igual o más que a algunos miembros de la propia familia y, desde luego, más que a otros muchos seres humanos que nos son ajenos. Su lealtad no se paga con nada y menos, su amor incondicional, no fallan nunca. Nunca.
En México no hay impedimento legal para aplicar la eutanasia a una mascota, menos mal, algún día la legislación avanzará al estilo suizo y podremos entender ese acto de amor puro y llevarlo a los seres humanos en estado terminal, con dolor y sin esperanza. El jueves dormimos a Gandalf, el linfoma se lo comió en veintiún días. La Unagi, Imelda, su nana cuidadora y un servidor, nos abrazamos a él mientras Juan Pablo, un caramelo de persona con la triste profesión de oncólogo veterinario, con la mayor delicadeza, lo sedaba. Sin espasmos, sin estertores, una transición apacible. Es un momento fuerte, doloroso, pero no está exento de humanidad y dulzura, se le cerraron los ojos mirándome y puedo jurar que se fue en paz, la misma que nos deja a nosotros por saber que se hizo todo lo posible por curarlo.
Mientras esto sucede, la ciudad sigue su ritmo y su vorágine, el mundo sigue a golpes en todas las esquinas y los extremos se separan aún más al ritmo antinatural de los populismos, pero qué ignorantes somos, cómo nos comemos esos rollos bananeros de división guerrera que sólo busca el poder de cuatro locos a costa del sufrimiento abnegado de los gobernados. Pueblo sabio, dice, no por favor, de sabio nada, es manipulable, fácil de engañar y, sobre todo, comprable. Todos tenemos un precio, férreos defensores de una visión liberal y creyentes en un mundo de ambiciones compartidas y progreso y libertades, se pliegan ante el poder, por un hueso, por garantizar cuatro pesos para ellos y que se mueran los feos, que diría la vieja canción. El presidente de España pone a la venta a su madre con tal de no soltar la silla, el de Nuevo León se debate entre el miedo y la pérdida de la más mínima credibilidad que pueda quedarle y pasa de gobernador a esquirol. El mundo se desangra y puede volver Trump, aquí no aprendemos y ganará Claudia, en Argentina dan un bandazo que quién sabe dónde acabará, Ucrania a bazucazos, Israel persigue avispones a cañonazos, Venezuela, Colombia, media América a gritos y en la miseria, y los pajaritos cantan y las nubes se levantan. Amigos, es domingo, sólo nos queda refugiarnos en el arte, en la belleza de un libro, en el humor del teatro, en el escape de un tequila. Huyamos para ser felices. Bonito día.
