Como la vida misma / 28 de abril de 2024
Estos chicos y chicas de Morena se pasan seis salidas en la autopista de la democracia.
¡PERDÓNAME, MI VIDA!
“Si en algo te ofendí, perdón./ Si en algo te engañé, perdón./ Si no te comprendí, perdón”. Más o menos así rezaba la letra de Zorrilla y Ruiz en el éxito musical de Alberto Vázquez. ¡Qué tiempos aquellos! Por cierto, qué película tan cursi con el cantante fumador y Angélica María, me la chuté hace casi medio siglo con mi mamá y sólo pude disfrutarla a través de la alegría que reflejaban los ojitos de mi jefa; a mí me pareció un bodrio. Pero eso no quita que perdonar sea un privilegio, dejar atrás la ira y llegar a la cúspide del amor con el olvido de la afrenta ayuda, incluso a mejorar la salud, bueno, hasta ahí, todos podemos estar de acuerdo. Pero de ahí a tener el poder de perdonarlo todo, la facultad de amnistiar a un delincuente, levantar un castigo impuesto por un tribunal, con la simple sobreposición de manos de nuestro gran tlatoani, eso es, sencillamente, propio de una república bananera o, peor, de un reino de cuento de Cachirulo. No, por favor, seamos serios. Estos chicos y chicas de Morena se pasan seis salidas en la autopista de la democracia. Se creen que estarán siempre en el poder y quieren regalarle a su amo y serenísima dignidad, al ínclito don Andrés, el poder de perdonarlo todo. En un país, donde más de 90% de los delitos quedan impunes, le queremos dar chance al Presidente para quitarle hierro y condena a los poquitos culpables que deben cumplir sentencia. Hay que tenerlos muy azules.
En España, el ahora en receso voluntario, el plañidero presidente Pedro Sánchez —mira que me cae mal ese guaperas— se puso en contra a medio país con su locura de la amnistía. Pocas cosas menos democráticas que esa concesión. Allá se trató de unos políticos perdonando a otros, más bien a unos delincuentes, a cambio de votos para gobernar. ¿Así o más sucio? De entrada, significa que no todos somos iguales ante la ley, si a algunos se les perdona un delito y a otros no, ya el tema huele a chamusquina. Si hubiese una alta razón de Estado y pudieran defenderla los tres Poderes con un comité que revisase un asunto verdaderamente peliagudo, bueno, a regañadientes, pero podría llegar a parecerme un mal menor, pero poner en manos de un solo hombre el poder de decisión del perdón absoluto, es mucho más que descabellado, a mi juicio, es casi macabro.
El equilibrio de Poderes y su total separación hace fuerte a la democracia. Que los borregos diputados y senadores del partido en el gobierno obedezcan ciegamente las instrucciones del Poder Ejecutivo, no es muy sano, es por sí misma una fechoría, pero como cabe dentro de lo legal, es el pueblo con su próximo voto quien puede corregirlo. Nos salva el Poder Judicial, que, al menos de momento, no se ha vendido al poder del Presidente. Eso hay que cuidarlo, ésa es la última esperanza de nuestra endeble vida republicana. La corrección que se pretende en la ley de amparo es otro retroceso, implica quitarle poder a la gente, debilitar el sentido de los derechos humanos en aras de empoderar más al gobierno. Esta desesperación con ambiciones autocráticas que le entró en su última etapa a nuestro gran jefe me pone nervioso, me evidencia su deseo de poder, su vocación de dictador. Ya sólo falta, y parece que ahí viene, el juicio y la cárcel para los candidatos de oposición.
La malévola negociación escondida entre Morena y sus socios con el otro gran aliado disimulado, MC, quienes sabiendo que no tienen la más mínima opción, sí son capaces de quitarle votos a la alianza de oposición y favorecer descaradamente con ello a los candidatos oficialistas. Esquiroles puros y duros. Qué asco es la política. Qué cochina.
Es domingo y voy a cocinar. Es otro de mis grandes placeres… Hoy, un salpicón de marisco y un arroz con jabugo. La Unagi se encargará del postre. Comeremos con mis hijos, mi nuera, mi yerno y mis nietos; resacas preciosas de mi festejado cumpleaños con celebraciones caseras. ¡Qué bonito es lo bonito! Quiero vivir celebrando. Los libros son otra manera de reverenciar el disfrute, justo ahorita estoy leyendo Sylvia, de Leonard Michaels, maravilloso, una novela chiquitita de tamaño, aunque enorme de literatura. Disfrutemos todo lo que se pueda, “sólo se vive una vez”, como cantaba Azúcar Moreno.
