Como la vida misma / 26 de enero de 2025

Si decides atender tus virtudes, tus sueños y tus capacidades, lo que crece es un paisaje lleno de posibilidades.

TENGO DOBLE PERSONALIDAD, O NO…

Me acordé de aquel chiste del que va al psiquiatra y le dice: “Doctor, creo que tengo doble personalidad”. Y el médico le responde: “Pues pase, y hablaremos los cuatro”. Defiendo la terapia desde hace muchísimos años. Siempre he pensado —no sin una carga importante de vanidad y hasta de petulancia— que nada puede ser más grato que tener a un profesional más de una hora atento mientras se habla de uno.

No me considero completamente freudiano, pero he explorado casi todas las ramas de la psicología: desde la analítica de Carl Jung, con sus complejos y su psicología profunda, hasta las corrientes más modernas, como la psicodinámica breve, incluso la lacaniana, que tiene ese toque francés tan particular. Creo que cada quien debe encontrar la corriente que mejor le acomode, como si se tratara de una camisa o un par de zapatos.

En mi caso, encontré un gran aliado en mi terapeuta argentino, quien desde Buenos Aires me atiende por Zoom desde hace un tiempo. Gracias a la maravilla de la tecnología actual, puedo tener estas sesiones desde la comodidad de mi casa, lo que facilita muchísimo el proceso. Antes de eso, siempre se me complicaba asistir a sesiones con regularidad: las distancias, el tráfico y hasta la idea de estar sentado en un diván me parecían insalvables. Pero una vez que lo pruebas, te das cuenta de que no es un lujo, es casi una necesidad. Es ese momento único de la semana en el que puedes poner pausa a la vida, voltear a verte al espejo (metafóricamente, claro) y escarbar en lo que llevas dentro. A veces, lo que encuentras te sorprende. Otras, no tanto. Pero siempre, siempre, hay algo que aprender.

Uno de los mayores mitos sobre la terapia es que sólo es para quienes están en crisis o para resolver grandes traumas. Y, aunque puede ayudar con eso, también es para quienes simplemente quieren conocerse mejor. Es como afinar un instrumento: no importa si ya tocas bien, siempre puedes sonar mejor. Recuerdo que en una de mis primeras sesiones con mi terapeuta, me dijo algo que se quedó grabado para siempre: “La mente es un jardín. Lo que cuides, crecerá”. Y tenía toda la razón. Si riegas tus inseguridades, tus dudas y tus miedos, crecerán como malas hierbas y se apoderarán de tu espacio. Pero si decides atender tus virtudes, tus sueños y tus capacidades, lo que crece es un paisaje lleno de posibilidades.

La terapia me ha ayudado a entender que no se trata de evitar los problemas, sino de enfrentarlos con herramientas más fuertes. Es un espacio para desnudar las emociones, verlas tal cual son y aprender a vivir con ellas, sin que dominen tu vida. Otro gran beneficio es que aprendes a escucharte. En el ruido del día a día, pocas veces nos detenemos a pensar en lo que sentimos o por qué actuamos como lo hacemos. La sesión con Daniel es ese momento donde puedo identificar patrones, desmontar creencias limitantes y, hasta hacer las paces conmigo mismo y, por qué no, con los demás.

Ahí he comprobado que no existe una fórmula mágica para ser feliz, pero sí hay formas de aprender a disfrutar más del camino. Y es que, como la vida misma, la terapia no tiene un final definitivo. Es un proceso continuo, un viaje que siempre tiene algo nuevo que ofrecerte. Hoy en día, con tantas opciones y enfoques, no hay excusa para no intentarlo. La tecnología ha hecho posible que cualquiera pueda tener acceso a un terapeuta, sin importar dónde se encuentre. Ya no hay distancias que valgan, y eso es algo que debemos celebrar.

Abiertamente lo recomiendo: prueben la terapia al menos una vez en la vida. Dense la oportunidad de conocerse desde otra perspectiva, de escuchar sus pensamientos en voz alta y de mirar sus emociones con nuevos ojos. Da igual si es por curiosidad, necesidad o simple aburrimiento, lo relevante es abrir sólo el destino, sino el viaje que hacemos para llegar a conocernos.

Metido en este tema, viene a mi cabeza el nítido recuerdo de Tokyo Blues/Norwegian Wood, un librazo de Murakami que juro que volveré a leer. En él, explora la psique femenina, que debe resignarse a admirar sin poder entender del todo. Si ya lo leyeron, saben de qué hablo. Si no, es una maravilla. Es domingo, el mejor momento para irse de shopping a alguna librería. ¡Bonito día!

Temas:

    X