Como la vida misma / 25 de octubre de 2023
Desde niño tengo gran debilidad por Don Gato. Es un personaje entrañable, el clásico perdedor que acaba por producir ternura
DON GATO Y SU PANDILLA
Tengo, desde niño, una gran debilidad por Don Gato, su malicia barriobajera cargada de chispazos de dulzura, archienemigo del oficial Matute y… sus socios, siempre disponibles, Cucho, Benito, Espanto, Demóstenes y Panza, dispuestos a emprender las más absurdas aventuras en la búsqueda de una alegría, aunque fuera sólo momentánea, a la caza de una fortuna de ocasión y, con la moral suficientemente distraída para no entrar en juicios de valor, de honradez o de legalidad. Es un personaje entrañable, el clásico perdedor que acaba por producir ternura, el pícaro que te pone de su lado. La esencia es vieja, ya en la Edad Media se hablaba de la picaresca El lazarillo de Tormes, La vida del buscón y tantas otras. De la gracia o la risa a la pena ajena y el ridículo se pasa con facilidad, sólo con asomarse a la prensa de este lunes y ver la imagen de “Los Amigos para siempre” de la reunión del domingo. “Mis amigos son unos atorrantes/, –cantaba Serrat– se exhiben sin pudor/, beben a morro/ y se pasan las consignas por el forro.
Menuda panda de mangantes acompaña a nuestro señor Presidente en su cita en Palenque. Dime con quién andas y te diré de qué careces, el refrán no es así, pero le queda bien. ¿Qué busca don Andrés? Qué pretenderá en el final de su encomienda para exhibirse sin pudor con los dos peores dictadores de América y tres o cuatro de sus aprendices, como diría mi adorado Juanga: “Pero qué necesidad...”.
Sin ninguna razón aparente, hoy amanecí un tanto musical, llega a mi memoria otra hermosa letra del maestro catalán… Cada loco con su tema; y así, exactamente así anda el mundo.
Te asomas a Oriente Medio y ves cómo los cinco mil años de historia del pueblo judío no le son suficientes para entender al mundo, otra vez a bofetadas, con cada vecino. Es cierto que los provocaron, vale que tienen derecho a defenderse, que un ataque terrorista en manos de los monstruos sin alma de Hamás debe responderse con contundencia, pero de ahí a masacrar una tierra y emprender las hostilidades contra todo el mundo árabe, se me hace demasiado, ojalá le bajaran dos rayitas y se dieran a la tarea de hacer un intento por la paz. Si nuestro gobierno hubiera hecho un señalamiento serio condenando el terrorismo, yo me estaría sumando ahora a sus deseos de pacificación.
Ucrania sigue recibiendo golpes de Rusia, una guerra sorda que, además de demostrar lo flojitas que están las fuerzas de Vladimir Putin, sólo ha servido para poner de manifiesto lo loco que es y su sed de sangre a lo tarugo. En Ucrania tampoco se amarran los perros con longanizas y están por la labor de defenderse y, a la vez, atacan por la callada todo cuanto pueden.
Aquí abajo, en el cono sur, Argentina nos muestra que también andan desorientados, es cierto que las opciones son malas, las tres, pero entre los populismos de siempre y algo nuevo, al menos yo me la hubiera jugado con el troglodita de Milei, pero ponerle el país en las manos a los mismos de siempre es buscar los mismos resultados y, ésos, son el desmadre y la quiebra que atraviesan. Aquí nos pasó lo mismo, votamos por Obrador, al menos yo, creyendo que era imposible hacerlo peor que el PRI o el PAN y estamos viendo cómo superó cualquier expectativa. No son iguales, cierto, son mucho peores.
A mí ya no debería asustarme la situación del mundo, siempre he vivido en crisis, cuando no se joden los frenos se rompe el acelerador.
Por eso, el refugio está en el arte, en la belleza y, desde luego, en el amor. Con mi Unagi, la tarde leyendo cada uno en su sofá con los perros merodeando, exigiendo mimos, se ven las cosas mucho mejor; jugando con mis nietos y perdiendo, gano una barbaridad; tomando una copa con mis amigos se me relaja el alma y, al final, no soy tan importante: ni estoy en Gaza ni en Buenos Aires ni en Kiev ni en la foto del domingo.
Hoy ya sólo estoy con la firme decisión de ser feliz.
Venga, cópienme que es miércoles, buen día para escaparse en la tarde, meterle al cuerpo un vinito y ser felices un rato.
