Como la vida misma / 24 de marzo de 2024
La persona estaba viva y, de repente, ya no está, ha dejado de respirar. Todos a su alrededor dejamos de hacerlo también.
¡EL SILENCIO AZUL!
Hace un par de días, en una clase de ensayo, mi compañera y amiga, la escritora Gloria Berrocal se despachaba un texto bellísimo con mucha profundidad y al mismo tiempo con la humildad que tienen los que saben cuando abordan un tema, sin la estridencia erudita ni la pretensión banal. En la disertación sobre sus letras nos exhortaba a jugar el juego de intentar narrar lo inenarrable: le pedí su permiso para compartirlo con ustedes y, generosa como es, me lo concedió gustosa. Espero que lo disfruten como lo hice yo este viernes. Aquí se los dejo:
“¿Podemos expresar lo inefable?
“Lo inefable es, según su etimología latina, lo que no se puede decir. Del latín neffabilis, voz moderna del adjetivo inexfabilis, que se deriva de los prefijos in, ex, y el verbo fari (“decir”). O sea, “lo que no se puede decir o expresar”. Normalmente lo utilizamos para referirnos a lo innombrable, como puede ser en el imaginario cristiano el nombre del diablo, incluso la muerte misma, o bien el nombre de Dios.
“Quedémonos con la muerte: lo único seguro que tenemos en esta vivencia y, aun así, el instante mismo de la muerte es algo que nos sobrecoge a la mayoría de nosotros si lo hemos presenciado. ¿Qué sucede en ese momento, en ese segundo, en ese espacio de incertidumbre? La persona estaba viva y, de repente, ya no está, ha dejado de respirar. Todos a su alrededor dejamos de hacerlo también. Nos impacta, aunque no sabemos exactamente por qué, cuando debería ser algo de lo más natural. ¿Qué ha pasado? Esa persona ha dejado de ser quien era, sus rasgos cambian de un segundo a otro, dejamos de reconocerlo. Por desgracia, no tuve la oportunidad de acompañar a mi padre en sus últimos momentos, pero sí a mi suegro. Mi sobrino, de ocho años, que estaba también presente, me dijo que en el instante de la muerte, en la frontera entre el ser (o el estar, mejor dicho) y el no ser, notó cómo había pasado por la habitación un silencio azul. ¿No es esta una forma deliciosa de nombrar lo innombrable?”.
El reciente Premio Nobel de Literatura, Jon Fosse, en su discurso de aceptación, dijo: “Intenté expresar lo inexpresable, el mismo motivo por el cual se me ha concedido el Premio Nobel. […], lo más importante en la vida no puede decirse, sólo escribirse”. Y es que ¿no es lo más importante de la vida la muerte, el amor, la comunión con la naturaleza, la soledad o la dicha? Justo lo que nos sentimos incapaces de explicar, de expresar con palabras. Lo único que nos salva, en este caso, es el arte. Como dijo Juan Ramón Jiménez: “Lo poético es la encarnación de lo invisible en lo visible” y sólo a eso podemos aspirar: a sentir y ser capaces de decir, alguna vez en nuestra vida, el silencio azul.
Coincido infinidad de veces con Gloria, los dos vemos el arte como la tabla salvadora, ella en este caso, como cauce para abrir el entendimiento, hasta llegar a la belleza de la reflexión de un niño, el silencio azul me emociona y me estremece al mismo tiempo. Yo me cuelgo del arte y de la belleza como muletas y como espadas, son escudo y arma para encontrar la alegría y, más específicamente, la felicidad. La lectura de un poema, a primera ojeada incomprensible, abre en una segunda mirada una ventanita de luz en el entendimiento y nos regala la posesión de su secreto, al fin y al cabo, el nuestro, el de nuestra muy particular interpretación, siendo, por tanto, también, un gozo individual, tan personal como la huella dactilar.
Gracias, Gloria, confío que a mis lectores les encantará tu visión de lo inefable. Es domingo, según la costumbre de mi madre… Domingo de ramos. Yo estaré en la playa, en una mano sosteniendo Los hermosos años del castigo, de Fleur Jaeggy y en la otra una margarita de limón, cargadita de Dobel y Cointreau y agridulce de azúcar y sal. Feliz domingo, para los creyentes, mi deseo de una buena semana de reflexión, para los menos ortodoxos, buen descanso y capacidad de desconexión. Disfrutemos.
