Como la vida misma / 21 de enero de 2024

Que no se nos agote la capacidad de sorprendernos, que las manos no se nos cansen de dar y que disfrutemos de todo lo que recibamos.

¡LA MUERTE NO TIENE REVERSA!

Se nos atraganta el tema, preferimos esconder la cara y hablar de otras cosas, pero bien mirada, tampoco es tan fea. La muerte es parte de la vida, la una no se explica sin la otra. Y, por más que su significado y su función acabarán por consumarse forzosamente, hay de muertes a muertes y, claro, de vidas a vidas. Si se pudiera elegir, quiero la mía en paz, que me pille arrugado, más o menos cansado, mentalmente pleno y activo; con asuntos pendientes, con obras en proceso, con ilusiones a medias, con libros empezados y poemas en espera de otra revisión. Con un viaje programado, aunque se pierda el anticipo o lo acabe disfrutando un tercero. Que me pesque dormido y si he de estar alerta, que sea rodeado de mimos, en medio de las pesadas bromas de mis hijos y mis nietos, con alguno de mis hermanos retándome a un juego y la mirada dulce y protectora de mi Unagi; que me apriete la mano y me acerque al umbral con un “vete tranquilo”. Ah… y, por último, que sea dentro de tres o cuatro décadas. Porque, más de eso ya estaría de flojera.

Quizá para acercar mi deseo a la realidad haya que hacer caminito desde ahora y vivir, como de refilón, preparando el bien morir. Sé que, en parte, es cuestión de suerte, ya mi abuela decía: “Dios nos libre de un ‘ya pasó’”. Pero la suerte es también parte de la estadística y si uno trabaja en ello, aumentan las posibilidades. Vivir intensamente, comerse la vida a puñados, llenarse de buenas vibras, estar continuamente enamorado, valorar las cositas simples, despertarse temprano y no quedarse demasiado en cama, mantener el cuerpo y el seso en activo y, ya de paso, también el sexo. La mente, siempre ocupada; no negarse a aprender cosas nuevas, desde un idioma hasta tantra o física cuántica. Emocionarse en el cine, llorar con una novela, tener muchos perros; que no se nos agote la capacidad de sorprendernos, que las manos no se nos cansen de dar y que disfrutemos de todo lo que recibamos. No excederse en nada, pero tampoco quedarse cortos, sufrir de vez en cuando una resaca, siempre que haya sido bien provocada. Agradecer por el aire, por el mar y por la tierra. Darle gracias a la vida y a los que están más cerquita, cuidar las listas y los tratos con los viejos amigos y meter nuevos nombres en esas agendas. Y otra cosa que ayuda, aunque no es total garantía, es poner mucho empeño en saber perfectamente la edad que tienes, y una vez asimilado el dato… no hacerle ni puñetero caso.

Ayer veía un video de Adrián Noriega hablando de la vejez, en él nos dice que Giuseppe Verdi compuso el Ave María de su ópera Otelo a los 85 años; Konrad Adenauer fue canciller de Alemania a los 88; Picasso seguía pintando maravillas a los 90; Russell participaba en marchas en favor de la paz a los 90; Pau Casal escribió el Himno de las Naciones Unidas a los 95. Si me fijo en esos ejemplos, me queda mucho por hacer, más bien, todo. Claro que también sucede que hay quien no hace nada a ninguna edad. Aunque ya pasaron muchos años, me sigo acordando de cuando estábamos disfrutando un concierto de Tina Turner y, una excuñada comentó un poco sobrada: “Me encantaría, tener las piernas de esta mujer a su edad”. Mi siempre escéptica cuñada Maricarmen, le asestó con frialdad: “Deberías decir que te encantaría tener esas piernas, hoy”. ¡Qué belleza de respuesta! Me sigo riendo.

Es domingo, la semana estuvo densa y hoy me apetece relax, hacer lo menos posible; ya metí a la Unagi en el vicio de Shameless, le pareció genial. Hoy veremos dos o tres capítulos, una serie irreverente en grado maestro, es cruda, es ruda, es grosera, una joya del humor y el drama, once temporadas ya indican que gusta mucho. Es la chulada de adaptación que hace John Wells de la obra original, la británica producida por Paul Abbott. Si no la han visto denle una oportunidad, en el primer capítulo se enganchan. La odiarán o la amarán, no acepta medias tintas. Feliz domingo, que no se muera nadie. Bonito día.

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