Como la vida misma / 16 de agosto de 2023

El primer paso para corregir un error o para curar cualquier enfermedad está en reconocerlo.TOCAMIENTOS IMPUROSNinguna otra cultura es tan proclive a la autocomplacencia; somos un país mediocre, tenemos unos gobiernos mediocres. No será que somos un pueblo ...

  • El primer paso para corregir un error o para curar cualquier enfermedad está en reconocerlo.
  • TOCAMIENTOS IMPUROS

Ninguna otra cultura es tan proclive a la autocomplacencia; somos un país mediocre, tenemos unos gobiernos mediocres. No será que somos un pueblo mediocre o eso también es mucho reconocer. El primer paso para corregir un error o para curar cualquier enfermedad está en reconocerse enfermo o equivocado, sólo a partir de la conciencia clara de la realidad será posible emprender el camino de superarla; pero no, aquí estamos a toda madre, nuestro futbol es el mejor, nuestra bandera, la más bonita; nuestras playas —contaminadas y llenas de vendedores ambulantes— también son las mejores; incluso nuestra pobreza es… colorista, parte del folclor y de la idiosincrasia. Los medios electrónicos de comunicación cuidan nuestros castos oídos y nos recetan las más altas dosis de telebasura, recicladas telenovelas donde la criadita se supera mediante el matrimonio con el niño rico, claro, eso es lo que gusta, lo que vende, lo que funciona y así, así estamos. Mientras no cambiemos los parámetros, mientras aceptemos que nos traten como a imbéciles… señores, señoras, mexicanos y mexicanas, ni más ni menos, nos seguirán tratando como a imbéciles.

Aunque parezca que cambio de tema, en el fondo es el mismo; nunca entendí la intención de la Iglesia en el sexto mandamiento, ¿qué buscan con eso?, si a mi entender su espíritu controlador y atemorizador pretende en el fondo mantenernos a raya, cuál es el inconveniente de calmar las ansias con algunos tocamientos, aun cuando ellos sean quienes se solacen en acotarlos como impuros, ¿hay algo más inocente? algo más personal,

inofensivo e íntimo, en fin. Tal vez en este peligroso juego de mantener al pueblo tranquilo con las falsas promesas y un poco de pan y tortillas, una cuota de futbol y mucha cerveza, tal vez, digo, hayamos desperdiciado 200 años. Con el riesgo de ser descalificado, yo me atrevo a augurar otros 200 igualitos, igual de pobres, igual de mediocres, igual de insatisfechos, aunque pretendamos no darnos cuenta, aunque nos empeñemos en tapar el sol con un dedo y ver hermosa la tristeza, aunque nos tomemos a risa la patética incursión de las corcholatas en nuestro escenario político, aunque sigamos aceptando a una pandilla de tarados como representantes de nuestras comunidades, aunque sigamos votando por ellos y creyendo sus cuentos de algodón dulce, aunque gane Morena las próximas elecciones y el candoroso señor Presidente nos invite a subirnos en el barco de la fantasía, aunque antes le hayamos creído al PAN y al PRI,  y refrendáramos las estupideces de Fox en Calderón y luego en Peña, para rematar la faena cayendo en López Obrador. Aunque hubiera ganado otro, aun así, seguiríamos igual de mal, porque el problema no está en los demás, la bronca no es suya, el asunto es nuestro, tuyo, querido lector, mío, de mis hijos, de los tuyos y de todos. El aprieto lo tenemos que resolver, primero, cada uno el propio, y después, juntos, el de México. Se ve feo lo que sigue, ni Xóchitl, quien me regala un mínimo rayito de luz, tiene la capacidad para arreglar este desastre solita. Tenemos que echarle montón.

Una vieja y aprendida costumbre estuvo a punto de llevarme a concluir este artículo descorazonador con un halo de esperanza, con un grito de optimismo, con una perorata de valores y virtudes innatas de nuestra raza y su nobleza, capaz de sobreponerse a toda vicisitud, de nuestra fuerza moral contagiada de López Obrador y respaldada y avalada por la intercesión de la virgencita de Guadalupe. Seamos serios, ¿de cuál raza?, ¿de cuál de todas? Si ni siquiera somos capaces de reconocernos mestizos, mezclados; si menospreciamos lo indio y denostamos lo español. Bueno, como bien podría decir Lula, que tiene un drama parecido en Brasil “menos samba e mais trabalhar”. Mejor me despido con una invitación a seguirnos encontrando, y el que quiera apretar, pues que apriete. Bonito miércoles, hay que entrarle.

Temas:

    X