Como la vida misma / 14 de agosto de 2024

La gente joven hace más cambios y experimenta con nuevas amistades, los veteranos somos más reacios a esos cambios

  • YO NO QUIERO TENER UN MILLÓN DE AMIGOS

En la nostalgia prematura o la resaca de los Juegos Olímpicos de París, influenciado por mi sentimiento hispano, me llegan las imágenes del apoteósico cierre y apertura de Barcelona 1992. Allí, casi igual que en el río Sena, también tuvimos a una mujer obesa de la mano de un homosexual, escuchamos el vivo desmadre de un gitano catalán y a nadie le pareció transgresor, claro, se trataba de Freddie Mercury, Montserrat Caballé y de Peret, palabritas muy mayores. Además, los tres tenores nos emocionaron con aquel Amigos para siempre, en fin, morriñoso que me pongo rememorando las espléndidas voces de José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti.

Así, sin demasiada estridencia, pura clase, pura belleza, una caricia al mundo mostrando arte y buenas vibraciones. No voy a poner a parir a los franceses, que nadie les niega su cultura, pero para todo lo que tienen, se dedicaron mucho a provocar y mostraron menos de lo que son. Me voy preparando para la gringada, hortera y hollywoodense que nos espera dentro de cuatro años.

Hablando de amigos, leí un artículo maravilloso en El País, de Karelia Vázquez, que me hizo reflexionar con sus palabras sobre la amistad y la duración e intensidad de las relaciones. Menciona un trabajo del psicólogo Robin Dunbar, en ese ensayo, el profesor de la Universidad de Oxford, se inventó el número Dunbar y en él afirma que un cerebro humano no puede, a lo largo de su vida,

establecer más de 150 relaciones amistosas estables y significativas, por eso, aquello del millón de amigos que cantaba Roberto Carlos es una falacia sin fundamento.

De acuerdo con Dunbar, dibujamos nuestra vida social en círculos concéntricos, colocamos en el centro a los más cercanos —que no suelen ser más de cinco o seis incluyendo a la pareja—, luego viene un segundo círculo, donde hay unos 15, y después un tercer nivel donde colocamos a otros 30 o 40 y ya en el cuarto quedarían los que llamamos conocidos.

No aclara Dunbar si los casi amigos o los medio amigos están en el tercer nivel, en el segundo o en la periferia.

El primer círculo se mueve poco, no varía, y meter o sacar a alguien de esa categoría requiere años. Ahí ponemos a los que han compartido los buenos y malos momentos de nuestra historia y a los que consideramos seguros. La gente joven hace más cambios y experimenta con nuevas amistades, los veteranos somos más reacios a esos cambios, aunque en los niveles tres o cuatro sí hagamos recambios con mayor facilidad.

Otros, que rompemos la secuencia estadística, tenemos en nuestros reservados a muchos amigos ligados por la sangre, en mi caso, con un compartimento especial para la Unagi, pongo aparte, pero también en el primer

círculo a Mike y a Rita, los dos Marios, Roberto, Rodrigo, Abel y Miguel Ángel, todas relaciones viejas y con parentesco, excepto el último. Entra ahora Víctor, el único fichaje en los últimos cuatro años. Si le quito el barniz de Club de Toby y aflojo mi machismo contumaz, deben estar en este primer departamento algunas de mis cuñadas y sobrinas por ambos lados. En el segundo segmento hay también nuevos, aunque la base es la de siempre, y es el tercer sector el que se mueve con apariciones maravillosas, todos a punto de escalar y sólo detenidos por mi falta de tiempo para cultivarlos. Debo decir, no sé si para bien o para mal, pero son pocos los que salen de mis estancos de cariño. Y ya me di cuenta de que, como siempre, acabo por meterme en berenjenales innecesarios por carecer de filtros y transparentar mi corazón tan fácilmente. Dice el estudio que, con la vejez, tendemos a achicar los círculos hasta llegar a dos o tres amigos frecuentes. Me niego a creer que eso sea cierto.

Hoy me siento joven y con ganas de más amigos y más amigas, tendré que poner de mi parte. Pesqué un audiolibro nuevo, bendito vicio reciente, estoy escuchando La partida final de John Donoghue, cuando creí que de los campos nazis ya lo había leído todo, aparece éste y me está encantando. Feliz y amistoso miércoles.

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