Como la vida misma / 13 de octubre de 2024

Nos hablan de saqueo, algo habrá habido, pero a España no se envió en 300 años de virreinato ni 10% de lo que extraen ahora los mineros canadienses

LAS DISCULPAS DEL 12 DE OCTUBRE

Me da mucha pena la gente que no sabe a dónde va. Es cierto que hay temporadas en las que nos sentimos un poquito perdidos y transitamos por la vida sin objetivos ni metas claras, viviendo en el hilo más distraído, ése en el que se pierde el rumbo. Pero me duele mucho más el caso de los que desconocen de dónde vienen. Los que tenemos ese sentido de procedencia asumido, recargamos en él muchos de nuestros valores, y se nos eriza la piel y se nos llena el corazón de orgullo del bueno, de ese que no denuesta lo distinto, pero goza su identidad y la presume, la mantiene y la honra.

“Alguien” con muy malas intenciones y retorcidos propósitos nos ha hecho creer a los mexicanos que somos hijos de un asesino, un barbado violador extranjero y una india traidora, además, medio puta. Pues no; resulta que poner eso en nuestro árbol genealógico sólo sirve para hacernos víctimas eternas, pueblo conquistado, mancillado y vilipendiado, con todos los complejos, rencores y desvaríos morales que arrastra esa percepción de nuestro origen. Que, si hubiese sido cierto, tendríamos que matizarlo, aunque sólo fuera para soportarnos y caernos mejor. Pero no, por fortuna, todo ese mito es infundado.

Hay muchas versiones de lo que aquí sucedió hace medio milenio, sin embargo, hay testigos firmes que siguen hoy de pie y que dan fe de la fusión. El Hospital de Jesús cumplirá 500 años en 2025 y ahí sigue, funcionando. Las catedrales, los palacios de gobierno, las plazas y las muchas escuelas y universidades, los acueductos, las haciendas, eso en lo que a piedras y obra se refiere, pero qué decir del idioma, la lengua que nos une y que se ha enriquecido con las groserías más floridas y los romances más bellos, desde Sor Juana hasta Juan Gabriel. Qué opinar de la fe, la religión y la bendita Guadalupana; eso no indica masacres, eso no alimenta el odio, eso acompasa la sangre y nos hace más plurales, más cosmopolitas. Quedan aún 68 pueblos originarios y son dos sus peores detractores, los mexicanos nuevos que aquí vivimos después de la Independencia, con nuestras políticas egoístas que los han abandonado y antes, la maldita viruela. Nos hablan de saqueo, de expoliación y de robo, algo habrá habido, pero a España no se envió en 300 años de virreinato ni 10% de lo que extraen los mineros canadienses ahora en sólo un año. Y el mestizaje, tanto el humano, que confirma que somos producto de la natural calentura de hombres y mujeres con salud que buscaron placer en lo nuevo; y en lo cultural, adaptando la música, acomodando el vestuario, afinando los bailes y los sarapes. Que no me vengan a mí con que hay que perdonar la belleza. Lo que hay que hacer es trabajar para superar nuestras pobrezas y aprender y crecer y mezclarse más, mezclarse mucho y abrir el corazón a la inmodestia de ser mexicanos. No tenemos reyes ni nos hacen falta. Pero nadie tiene que venir a disculparse de que existamos, a pedir perdón por habernos empujado a juntarnos y a crear una estirpe criolla, mestiza, divertida, maliciosa, noblota y valiente.

Tiene tanta ignorancia renunciar a Colón y quitar sus monumentos, ése que ni siquiera pisó nuestra tierra, como repudiar a Cortés o solapar a doña Marina, mal llamada Malinche. Somos hijos de la hazaña de los tiempos, de los que se emanciparon de los opresores y de los que descubrieron el sol y el maíz, el tomate y la papa, el aguacate y la piña, lo dulce de nuestras mujeres y lo bragado de nuestros guerreros. Eso somos, producto de la mixtura, bendición evolutiva, y en mi opinión, no me sirve ni falta nos hace el perdón de ningún rey. Plenos de pasado, pongamos el nuevo rumbo en la lucha por ser más fraternos, por integrar a los que aún se sienten o están marginados y metámosle coraje para ser la grandeza de América. Me acordé de este tema por el día de la hispanidad. Precioso 12 de octubre en el que se encontraron aquéllos. Me siento profundamente dichoso, orgulloso y hasta algo sobradito de ser mexicano y me complementa la emoción ser hijo de España y ciudadano del mundo.

¡Feliz domingo!

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