Como la vida misma / 10 de septiembre de 2023
Gracias. Quinientas llamadas y mensajes, la atenta vigilancia de los de España, los de México y los de Canadá; los chocolates, el tempura clandestino.
PROMETO SER CADA VEZ MÁS AGRADECIDO
El miércoles me operaron, fue una cirugía mayor que, gracias a las nuevas tecnologías, casi se disfraza y pasó ante mis ojos como un procedimiento rutinario y simple. No fue tan sencillo, una vez que vi el video de lo que me hicieron y mi obcecado cerebro captó el alcance de la intervención, me di cuenta de la magnitud y me creció incontroladamente la admiración por el doctor Ignacio López Caballero y sus dos escuderos, los doctores Juan López y Pablo Varela. Gracias. Ahora es viernes y el que esto les escribe ya está en casita, viendo perder a Alcaraz. Qué pena, la final del domingo contra Djokovic me hacía ilusión.
El personal del cuarto piso del Ángeles de Interlomas es cercano, cariñoso, dulce, pero, ante todo, profesional, chingones y efectivos; por ahí estarán Rafaela y Miguel que son dos enfermeros de muy alto nivel, y muchos de sus compañeros y compañeras que no nombro por desmemoriado y por no resultar un pelmazo. Estas personas, sin perder la sonrisa, aguantaron a este insoportable y me llenaron de atenciones en esos momentos donde uno es más vulnerable. Gracias. Yo que soy un suertudo, por ahí tuve a mis hijos, a mi nuera y a mi yerno, mis nietos, mis cuñadas Bertha y Susana, mis sobrinas y sobrinos, mi hermanito Roberto, mi compadre Abel, Tony con Mariluz, y (copiando la presentación de Sabina) conté con la inestimable participación de mi Unagi divina, convertida ahora en mamá gallega y regañona; si no fuera una soberbia diría que, con gente como ésta a mi lado, hasta da gusto estar hospitalizado. Gracias. Quinientas llamadas y mensajes, la atenta vigilancia de los de España, los de México y los de Canadá; los chocolates, el tempura clandestino, las filloas y tanto cariño envuelto en mimos y en consideraciones. Gracias. Por si fuera poco, en lo referente a la salud, todo un éxito, con la hiperplasia operada y reparada, el humor intacto y la excusa de receta para zumbarme en casa diez días de huevón mimoso y mimado. Ya empiezo, para mañana, aires italianos, ensaladita y pasta Alfredo, pero ya el domingo le daré vuelo a mis menús de mamila. Mucho Netflix, algún libro y escribirles a ustedes que me relaja y me divierte. Gracias.
A mi edad, sólo atendiendo a las estadísticas, la hiperplasia benigna de próstata es como las anginas en los niños. Con una prevalencia histológica que va de 8% con 40 años a 90% a partir de los 80, causa la muerte de 30 de cada 100 mil varones en los países desarrollados y es una de las enfermedades que origina un mayor gasto sanitario. Yo estoy en medio, ni 40 ni 80, pero dentro de 70% de señores que a mi edad tenemos que pelear contra este tumor benigno. A mí me hizo lo que Marcelo a López, perdón, a Juárez, quiero decir, el viento, bueno, se entiende. Gracias, gracias a la vida.
Ignacio López Caballero, uno de los cirujanos urólogos más reputados de nuestro país, es un hombre de trato amable, estricto en sus conceptos y opiniones, profesional como la proa de un trasatlántico, pero con una mano izquierda y un corazón especial para tratar a paranoicos esquizoides como un servidor, personajes con una aversión enferma al dolor, con un pánico escénico instalado en el alma desde un mes antes de la operación. Una manera muy sutil de llamarme miedicas o hipersacatón. Él supo llevarme y controlarme, pero a la hora de los dolores, en el momento chingüengüenchón, como decía el magazo, entró en escena el Superman de los suplicios, el anestesiólogo Alejandro Trejo Arteaga, un genio de la coctelería a la vena que me mantuvo feliz hasta este momento. Gracias.
Decir gracias, parece un acto de cortesía y lo es, pero es mucho más, es un alimento espiritual, es el reconocimiento de la necesidad de los demás, es una cachetada a la autosuficiencia, es poner en el suelo la vanidad y la chulería y aceptar la felicidad de ser gregarios y pertenecer a un clan, a una grey, a un grupo, a una especie, ser sólo parte de un todo. Por eso y, porque me siento a toda madre… gracias, muchas gracias. Feliz domingo.
