Como la vida misma /1 de noviembre de 2023
Cuando el Ejército sale en labor de salvamento es un ente protector, sale a cuidar y rescatar.
FÍSICA DE LA TRISTEZA
Qué más quisiera yo; daría un riñón por expresar mi sentimiento con la maestría que pone en sus textos Gueorgui Gospodínov, este maestro parte de la figura del Minotauro y nos lo narra en su última novela, exquisita, familiar, amarga por momentos. Contagiado de esa amargura les hablo hoy. Me molesta estar triste, soy un hombre curtido en los golpes con los que me ha tocado bailar en la vida, los tangos más tormentosos, las milongas más duras y, sin embargo, no pierdo la capacidad de sorpresa, mantengo jovencita el alma y aún se arruga mi pecho ante el dolor ajeno y ante la indolencia. Me duele mi tierra y lo que estamos viviendo, mucho más que la pérdida económica de Guerrero, donde confío en que tendrá remedio, me duele ver el vacío moral en el que respiramos. Ya nada impacta, ya los muertos no cuentan y parecen tan sólo una cifra que se suma y se suma sin dejar ningún aprendizaje. El Presidente, seguramente contagiado de la propia miseria intelectual en la que se balancea cada mañana, soltó con total desparpajo, son poquitos –dijo– nada más son 27. Putísima madre, 27 mexicanos que eran ya en aquel momento alimento de gusano y le parecieron poquitos, la verdad sí, son pocos, especialmente si consideramos que nos están ocultando a muchísimos más, pero señores, uno, uno solo, ya es muchísimo.
Estoy triste porque veo perversidad y mala intención, cuando el Ejército sale en labor de salvamento es un ente protector, sale a cuidar y rescatar. Cuando sale a ocupar, cuando tiene el poder de detener sin razón y despojar a la gente de sus bienes con la consigna para la que no está preparado y su supuesta labor es poner en pie a Acapulco, está claro, le queda grande la encomienda; sin miedo a equivocarme les puedo augurar que va a estropearlo todo. Cuando la presidenta municipal sale ante las cámaras con pinta de aguamielera y sin tener la más remota idea de lo que tiene que hacer, ni mucho menos cómo hacerlo, aventura, la pobre, una letanía que le metieron a fuego en el pecho y la repite sin lograr hacerlo creíble, ¡vamos a poner a Acapulco en pie!
El Presidente, desde lejos para no mancharse, descarga la labor en el Ejército y nos regala unos videos que rozan lo patético, fue el domingo en la tarde, él solito en su escritorio de caoba, frente a un celular escuchando un reporte cargadito de mentiras, donde un general le presume haber entregado 7 mil 500 despensas, ¡válgame Dios! Casi un millón de personas y nos enorgullecemos con tan poca cosa. Me da la impresión de que hay cansancio en la cúpula y falta verdadero liderazgo, alguien capaz que se mueva y promueva, que atienda las mil incidencias, las de salud, las de hambre, las de techo y cobijo, y ver, de una vez, cuándo empieza a moverse la recuperación, porque no se puede dejar una ciudad de 800 mil habitantes al amparo de la caridad, hay que hacer muchas cosas, trabajar, construir y, esta vez, que pongan cada cosa en manos profesionales, que se arreglen de una vez las mil inundaciones de La Costera, los cientos de deslaves de las colonias en los cerros, la carretera, el puerto; hay mucho que hacer y, la verdad, no puede quedarse en manos de los militares, ellos no están para eso. Me doy cuenta ahora que a la gobernadora ni la he mencionado, por favor, a ella que no le encomienden nada. Es también una buena oportunidad para poner fuera al crimen organizado, eliminar los cobros de piso, las compras forzadas, los levantamientos.
“Acuérdate de Acapulco”, decía El Flaco a La Doña, y se la pedí a Alexa el domingo, y me fui en mi memoria y me acordé de que viví trabajando en el puerto poco más de dos años, y en ese tiempo dejé de ser turista para integrarme con su gente y comer codornices y tacos de cabrito, y la pesca del día recién bajadita de la lancha y la berenjena rellena de mariscos de don Julio y los tacos de camarón y el pescado a la talla y los sopes de Cira, La Morena. Sólo pido, para salir de esta pena, poderme colgar de mi sueño y pensar que todo eso que tanto disfruté, volverá. Hay que ayudar. Bonito miércoles.
